miércoles, 15 de marzo de 2017

Etimología de términos iniciáticos (parte 1)

Etimología de términos iniciáticos (parte 1)



Metanoia

Proviene del griego, Meta=más allá y Noia=mente, es decir una nueva forma de percibir el mundo y de “dar el giro” (tawba, según los sufíes).

Para entenderlo simplemente, es cuando al profano (aquel que vive de espaldas al Sendero) vive un acontecimiento que rompe su monotonía (la “llamada” según Joseph Campbell) y que lo lleva a una serie de cuestionamientos existenciales. Si el profano responde a esa llamada y no la rechaza (como sucede la mayoría de las veces) se produce un “giro” y el profano se pone de frente al Sendero, dispuesto a recorrerlo. Esta es la Metanoia, una nueva forma de entender la realidad.

El Kaizen japonés le llama “salir de la zona de confort”.



Ascesis

Proviene del griego: “Askesis”. En un primer momento, esta palabra hacía referencia al entrenamiento de los atletas griegos y tiempo más tarde a los ejercicios militares de la Legión romana. Finalmente, pasó a la órbita espiritual e iniciática para referirse al trabajo interior.

La Ascesis Iniciática es un método de entrenamiento integral, es decir que busca actualizar todas nuestras posibilidades en función de la correspondencia de los cuatro elementos con nuestros diferentes niveles (físico, vital, emocional y mental) y la integración de los mismos en un punto central o Quinto Elemento.

Cada elemento de nuestra Ascesis se vincula a un dragón (Tierra=Basilisco, Agua=Serpiente escamosa, Aire=Dragón alado, Fuego=Bestia de fuego), cada uno con diferentes venenos que deben ser contrarrestados con antídotos. Aunque todo esto suene muy fantástico y volado, en verdad está hablando de malos hábitos que emponzoñan nuestros vehículos y de los correspondientes buenos hábitos que nos permiten purificarlos.



Probacionismo

La Real Academia española define “probación” de esta manera: “En las órdenes regulares, examen y prueba que debe hacerse, al menos durante un año, de la vocación y virtud de los novicios antes de profesar”. La palabra “prueba”, por su parte, proviene del latín “probus” (bueno, honrado, de fiar).

En las escuelas iniciáticas un probacionista es aquella persona que sigue un método de perfeccionamiento (Ascesis o Sadhana) y que, al mismo tiempo, acepta las pruebas de los cuatro elementos. Pero, ¿quién pone estas pruebas? Ciertamente las escuelas iniciáticas tienen un sistema de probación, pero el probacionismo hace alusión a las pruebas que pone la Escuela de la Vida.

Siendo así, el desarrollo consciencial del probacionista está supeditado a la interacción Reto-Respuesta, es decir a su habilidad para responder creativamente a los retos que se le vayan presentando, convirtiendo los obstáculos en oportunidades. (Ver artículo: “¿Qué es el probacionismo?”)



Discipulado

El vocablo “discípulo” proviene del latín “discipulus” y este de “discere” (aprender) o sea que hace referencia a aquel que aprende un conocimiento o habilidad. De “discípulo” deriva la palabra “disciplina”, es decir un ordenamiento necesario para poder aprender con eficacia.

Un viejo axioma indica que “cuando el discípulo está preparado, aparece el Maestro”, pero los modernos entendieron esto en función de lo externo, es decir: “cuando esté listo, aparecerá un Maestro o instructor afuera que me guiará por el camino”. ¡Craso error! Todo Maestro exterior es un falso Maestro. Si esta afirmación suena un poco dura se podría suavizar diciendo que todo Maestro exterior es simplemente un sustituto provisional del verdadero Maestro, que siempre está adentro. (Ver artículo “¿Para qué buscar afuera lo que tenemos dentro?)

Por esta razón, la disciplina iniciática no puede ser impuesta por otros sino que siempre es una auto-disciplina, un control consciente de nuestras emociones y pensamientos, un autodominio ejercitado a través de la voluntad, que tiene como cometido nuestra libertad tanto intelectual como espiritual y no la adhesión ciega a nuevos credos. (Ver artículo “El Dogma Iniciático”)


Profano

Aunque el término pueda sonar despectivo, en verdad “profano” significa “fuera” o “delante” del Templo (pro-fanum), es decir aquel que vive en lo exterior, prisionero delos estímulos sensoriales.

Mientras que un profano contempla un mundo sin sentido de “cosas” que están “afuera”, esclavizado a sus instintos primarios que lo sumergen en la dicotomía placer-dolor (y así pasa toda su vida: buscando el placer, evitando el dolor), el discípulo percibe -por el contrario- un mundo lleno de vida, animado (lleno de ánima, de Alma) donde existe una Unidad escondida en la diversidad.

Por lo tanto, la diferencia entre lo profano y lo sagrado reside en la forma de mirar. Una mirada muerta ve únicamente cosas muertas, que pueden ser orgánicas o inorgánicas pero simplemente “cosas” que están afuera, un universo de átomos y leyes mecánicas, mientras que una mirada viva que ha sido purificada a través de un proceso (Ascesis) entiende que cada objeto, persona o circunstancia es una expresión del Alma en un mundo vivo y unificado que Carl Gustav Jung llamó el “Unus Mundus”.


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El Buscador



El Buscador

El buscador abandonó su hogar y emprendió una larga travesía para saciar su sed de conocimiento.

Visitó ciudades enormes, pueblitos, villas, aldeas. Recorrió desiertos, montañas, selvas y valles. Habló con ricos, pobres, analfabetos e ilustrados. Leyó libros, realizó retiros en ashrams y monasterios. Su búsqueda era incesante. Atrás había quedado su casa, su familia, sus bienes, su trabajo, sus amigos. Así de grande era su anhelo por conocer la Verdad.

En su largo recorrido había visitado todo tipo de maestros, gurús e instructores pero ninguno le había dado la respuesta certera a sus preguntas.

Un día, visitó a un reconocido hombre sabio que vivía en los suburbios de una gran ciudad. Al presentarte ante él, le dijo: “He recorrido muchos lugares durante mucho tiempo para encontrar la Verdad. He renunciado a mi familia, a mis amigos. He abandonado mi trabajo y mis pertenencias. ¿Tienes una respuesta para mí?”

– Amigo, déjame decirte que has sido un tonto. ¡Qué manera de derrochar tu energía! ¡Tantos sacrificios para nada! –sentenció el Maestro.

Y prosiguió: “El camino espiritual es un camino de renuncia, claro que sí, pero has renunciado a lo que no debías. Renunciar no significa dejar atrás a tus seres queridos, a tus amigos, a tu trabajo ni siquiera a tus bienes. Ese tipo de renuncia es un escape y no tiene nada de espiritual. Renuncia sí a tus apegos, a tus defectos, a tus prejuicios, a tu separatividad. Renuncia al Ego. Y para hacer esto no necesitas ir a ningún lugar lejano. Deja de marear la perdiz. Vuelve a tu vida cotidiana y encuentra la respuesta que buscas en esas pequeñas cosas que la mayoría de las veces has despreciado”.

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Junayd al-Bagdâdi decía que el sendero a la iluminación es un camino de un solo paso y que este paso era simplemente “salir de sí mismo”, es decir derrocar la dictadura del Ego.

Por otro lado, los alquimistas decían que la materia prima de la Gran Obra podía encontrarse en donde no miramos. Según Jung, esta sustancia “resulta barata y se encuentra en todos sitios, incluso entre la inmundicia más repugnante”, en lo aparentemente más simple, en los pequeños eventos de la cotidianidad.


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Fortuna, fracasos y oportunidades



Fortuna, fracasos y oportunidades

Entre los romanos, la diosa Fortuna simbolizaba la prosperidad, la abundancia y la buena suerte. Si observamos sus representaciones artísticas, siempre la encontraremos con una rueda o un timón, la mayoría de las veces desnuda o semi-desnuda y con elementos que refuerzan el sentido de inestabilidad: una vela, una esfera, ojos vendados, etc.

Los antiguos señalaban que “nada nos conduce mejor a la Fortuna que la Ocasión” (1), remitiéndonos una vez más a la importancia del aprovechamiento de las oportunidades que nos brinda el momento presente. De acuerdo con el jesuita Baltasar Gracián: “La buena suerte tiene sus reglas. Para los sabios no hay casualidades”.

Sin embargo, más allá del aprovechamiento o no de las ocasiones y que estemos despiertos o dormidos, existe una enseñanza capital de la Filosofía Iniciática: hay cosas que dependen de nosotros y otras que no.

En palabras de Epicteto: “La felicidad y la libertad comienzan con la clara comprensión de un principio: algunas cosas están bajo nuestro control y otras no. Sólo tras haber hecho frente a esta regla fundamental y haber aprendido a distinguir entre lo que podemos controlar y lo que no, serán posibles la tranquilidad interior y la eficacia exterior. 

Bajo control están las opiniones, las aspiraciones, los deseos y las cosas que nos repelen. Estas áreas constituyen con bastante exactitud nuestra preocupación, porque están directamente sujetas a nuestra influencia. Siempre tenemos la posibilidad de elegir los contenidos y el carácter de nuestra vida interior. Fuera de control, sin embargo, hay cosas como el tipo de cuerpo que tenemos, el haber nacido en la riqueza o el tener que hacernos ricos, la forma en que nos ven los demás y nuestra posición en la sociedad.

Debemos recordar que estas cosas son externas y por ende no constituyen nuestra preocupación. Intentar controlar o cambiar lo que no podemos tiene como único resultado el tormento.

Recordemos: las cosas sobre las que tenemos poder están naturalmente a nuestra disposición, libres de toda restricción o impedimento; pero las cosas que nuestro poder no alcanza son debilidades, dependencias, o vienen determinadas por el capricho y las acciones de los demás.

Recordemos, también, que si pensamos que podemos llevar las riendas de cosas que por naturaleza escapan a nuestro control, o si intentamos adoptar los asuntos de otros como propios, nuestros esfuerzos se verán desbaratados y nos convertiremos en personas frustradas, ansiosas y criticonas”. (2)

Por eso, el sabio -que conoce el carácter caprichoso e inestable de la diosa Fortuna- puede comprender que tanto los éxitos como los fracasos, las alegrías y los pesares, el placer y el dolor, son parte esencial de la existencia y que es necesario que todos nosotros adoptemos como propia la máxima de los cabalistas “Gam zu letová”: “Esto también será para bien”.

Séneca comenta con certeza que algunas cosas que “parecen ser males, son bienes. A menudo una desgracia dio lugar a una fortuna más próspera: muchas cosas han caído para levantarse a mayor altura”. (3) ¡Bienvenidos sean los fracasos! Thomas Alba Edison, al inventar la lamparita, realizó 1.000 intentos antes de hacerla funcionar con éxito. Al ser consultado por un periodista acerca de sus fracasos, Edison respondió: “No hubo fracasos, hubo ensayos. Ahora conocemos 999 formas de no fabricar una lamparita”.

El fracaso es un vehículo de conciencia, una oportunidad para colocarnos frente a situaciones y personas que no se habrían presentado de otro modo. Es verdad: el fracaso no es agradable porque nos expone a dolorosas pruebas, pero la mayoría de nosotros hemos tenido que experimentar muchos traspiés para descubrir al fin que cada uno de estos fracasos venía acompañado de una valiosa lección.

Cada fracaso es un peldaño, una oportunidad y acarrea un nuevo reto al que debemos dar justa respuesta. Por eso, Samuel Beckett recomendaba: “Inténtalo otra vez. Fracasa otra vez. Fracasa mejor”.

Cuento espiritual: ¿Buena suerte? ¿Mala suerte?

Un labrador tenía una yegua que lo ayudaba en sus tareas, pero un buen día ésta desapareció de su encierro y huyó hacia las praderas. Sus vecinos se compadecieron y se acercaron a su casa para animarlo. Sin embargo, el labrador les dijo: “¿Buena suerte?” “¿Mala suerte?” “¡Quién puede saberlo!”.

Una semana después, la yegua regresó y trajo con ella a una tropilla de caballos salvajes. El labrador y su hijo los encerraron en el corral y los vecinos llegaron a felicitarlos por su increíble fortuna. Otra vez dijo el labrador: “¿Buena suerte?” “¿Mala suerte?” “¡Quién puede saberlo!”.

Al intentar domar a uno de los caballos salvajes, el hijo del labrador cayó al suelo y se quebró una pierna. Los vecinos, una vez más, intentaron darle ánimos y otra vez el labrador replicó: “¿Buena suerte?” “¿Mala suerte?” “¡Quién puede saberlo!”.

Días más tarde, el ejército del rey llegó hasta el pueblo y reclutó a todos los hombres que pudieran ir a la guerra. Como el hijo del labrador tenía la pierna quebrada, decidieron dejarlo reposar tranquilo.

– ¡Qué suerte he tenido, padre! – exclamó el muchacho.

Y el viejo se limitó a decir: “¿Buena suerte?” “¿Mala suerte?” “¡Quién puede saberlo!”.

“Hay que fracasar y a veces fondo tocar para ver la luz y está vida apreciar” (Canción “El Atrapasueños de Mago de Öz, ver aquí)


Excelente interpretación, ¿no?

Notas del texto

(1) Caldera, Gaspar: “Tribunal medicum, magicum et politicum”. La frase latina es: “Nihil enim aeque facit fortunam, ac occasio”.
(2) Epicteto: “Manual de vida”
(3) Séneca: “Epístolas a Lucilio”, libro XIV



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¿Qué es para ti la Iluminación?


¿Qué es para ti la Iluminación?

Un Maestro espiritual le preguntó a uno de sus discípulos: “¿Qué es para ti la Iluminación?”.

El muchacho, tras pensarlo unos segundos, respondió: “Para mí, la Iluminación se asemeja a un soldado raso que se despierta un día en la lujosa cama de un mariscal”.

Antes que el Maestro pudiera decir algo, otro discípulo se adelantó y afirmó: “Yo creo justamente lo contrario. Para mí, la Iluminación es parecida a un mariscal que se despierta en el miserable camastro de un soldado”.

– Los dos tienen razón -sentenció finalmente el sabio- y los dos se equivocan. La Iluminación no es otra cosa que un encuentro de los opuestos. Por eso, se parece a un soldado que despierta como mariscal y un mariscal que despierta como soldado.

Notas al margen

¿Quién experimenta la Iluminación? No es el cuerpo ni el espíritu sino el Alma. Y el Alma no es otra cosa que un puente entre el mundo material y el mundo espiritual.

Por lo tanto la Iluminación significa la reunión de los opuestos, la percepción lúcida de un punto intermedio, lo que determina el descubrimiento pleno de nuestra naturaleza “anfibia”.

Como decía Plotino en sus Enéadas: “Por lo que hemos de convenir que las almas tienen necesariamente una existencia anfibia: pues, por un lado, viven en parte la vida inteligible, y por otro viven también en parte la vida de este mundo, por más tiempo la primera las almas que conviven en mayor grado con la inteligencia, y con más insistencia la segunda las almas que se ven empujadas a ella, bien por su naturaleza, bien por circunstancias fortuitas”.


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¡Elige! ¿Discernimiento o Dolor?


¡Elige! ¿Discernimiento o Dolor?

discernimiento o dolor
Esta imagen del siglo XVI nos muestra la unión de un caduceo de Mercurio (que representa la armonía de los opuestos) y una lanza (que representa el dolor), al mismo tiempo que nos pide que elijamos uno de los objetos. Pero, ¿qué es lo que tenemos que elegir?

Si consideramos a la vida como una Escuela podremos apreciar que existen dos formas diferentes de aprender o de desarrollar la conciencia: una agradable (a través de la comprensión consciente) y otra desagradable (mediante el dolor).

Dicho de otro modo: si no aprendemos las lecciones de la vida “por las buenas” (el discernimiento, el caduceo) tendremos que aprender “por las malas” (el dolor, la lanza, el garrote).

El profano (1) pasa toda su vida buscando el placer y huyendo del dolor. El anacoreta, por el contrario, prefiere escapar del placer y centrarse en la privación y el dolor.

No obstante, tanto el placer como el dolor cumplen una función en nuestra existencia. Es natural sentir placer. Sentimos placer al comer, porque si la comida no fuera placentera no comeríamos. Sentimos placer al hacer el amor, porque si el sexo no fuera placentero no tendríamos relaciones sexuales. Esto significa que el placer (al igual que el dolor) es una necesidad existencial asociada a nuestra supervivencia como especie, pero permanecer en la dicotomía placer-dolor demuestra un grado de conciencia bastante primitivo que está determinado por los estímulos sensoriales.

El discípulo sabe colocarse por encima de estos opuestos. No niega ni el placer ni el dolor, sabiendo que éste -como bien lo declaró Buddha Sakyamuni- “es vehículo de conciencia” y por lo tanto elige el caduceo del discernimiento, las dos serpientes enlazadas en la vara del dios Hermes.
El discernimiento

El discernimiento es uno de los fundamentos del Sendero Iniciático (2). Los indos le llaman “viveka” y afirman que -a través de él- es posible diferenciar:

• Lo falso y lo verdadero
• Lo aparente y lo real
• La diversidad y la unidad
• La gratificación inmediata y lo que lleva a nuestro objetivo último
• Lo efímero y lo eterno
• El deseo vulgar y la voluntad (o deseo purificado)
• Ser del mundo y estar en el mundo

Colocarse por encima de los opuestos significa contemplar el mundo con otros ojos, ya no en relación al placer y al dolor sino en función de algo más trascendente, lo que significa alinear nuestra existencia a lo Bueno, lo Bello, lo Justo y lo Verdadero.

Todo lo que nos pasa, todo lo que contemplamos, escuchamos o experimentamos, y toda persona que se cruza en nuestra vida no es otra cosa que una oportunidad para crecer, y a cada paso que damos siempre se nos presenta una doble elección: actuar conscientemente o de manera inconsciente.

En otras palabras, cada día, cada hora, en cada paso que damos, tenemos que ELEGIR si optamos por el caduceo o si preferimos el garrote.
Pasar del por qué al para qué

El profano medio vive de garrotazo en garrotazo lamentándose de sus infortunios hablando de “buena suerte” y “mala suerte” y preguntándose a cada paso “¿por qué a mí?”, acusando con el dedo a un Dios viejo y de barba blanca que imagina “arriba” y “afuera” sin detenerse ni un instante a preguntarse “¿para qué?”.

Pasar del “por qué” al “para qué” supone un salto, un hito consciencial, donde empezamos a darnos cuenta que el mundo no solamente está lleno de sentido sino que además existe una conexión invisible entre lo que pasa “afuera” y lo que pasa “dentro” (Así como es arriba es abajo, así como es adentro es afuera).

En este instante los “cuerdos” (aquellos que consideran que la realidad está supeditada a las cosas que puedan pesarse, tocarse, medirse, olerse), pasan a considerarnos “locos”, “chalados” “inadaptados”, pero simplemente -tal como señala el apóstol Pablo- “la sabiduría de este mundo es locura delante de Dios”. (I Corintios 3:18)

Es justamente esta locura la que nos coloca en un espacio intermedio donde estamos “en el mundo” pero ya no somos “del mundo” (3) y esto queda perfectamente reflejado en arcano del loco que lleva el número cero, ni par ni impar (4). Pero esa es otra historia…
discernimiento

Notas del texto

(1) Pro-fanum: Fuera o delante del templo, de espaldas a la realidad.
(2) Viveka es la primera cualidad discipular según la tradición inda. Krishnamurti, en la primera frase de “A los pies del Maestro” declara: “La primera cualidad es el Discernimiento”, que no es otra cosa que Viveka.
(3) Juan 15:18 y 17:16
(4) Hay dos cartas del tarot que muestran esto muy claramente: el loco y el colgado.

https://phileasdelmontesexto.com/elige/


El naranjo


El naranjo


En un camino cercano al pueblo, había un naranjo que daba jugosas naranjas. Algunos transeúntes, al apreciar las tentadoras frutas, detenían su marcha y se trepaban al árbol para arrancar algunos de sus frutos.

Un día, frente al árbol un mercader colocó un cajón y empezó a vender un jugo de naranja exquisito. La mayoría de los caminantes supuso que el comerciante había comprado el árbol mientras que otros se alegraron de que no tenían que treparse más para alcanzar las naranjas. Lo cierto es que el negocio prosperó, ya que el árbol era enorme y parecía dar fruto todo el año.

Después de algunos años, el mercader murió y frente al árbol aparecieron varios comerciantes que vendían jugo, cada uno de ellos prometiendo “el mejor jugo”.

Las personas habían olvidado el árbol original, pero un buen día un joven caminante se detuvo frente a los puestos de venta, caminó hacia el naranjo, se trepó por sus ramas ante la mirada atónita de los clientes y los comerciantes, arrancó una de sus frutas, la peló y se sentó en el suelo a comerla.

A partir de ese día, los caminantes se dieron cuenta que el naranjo -contrariamente a lo que siempre habían supuesto- no era propiedad de nadie y descubrieron además que tenían la opción de comprar el jugo a los intermediarios o arrancar por sí mismos las naranjas.

“Quien tiene acceso a la fuente, no bebe del jarro” (Axioma iniciático)


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sábado, 18 de febrero de 2017

Kung Hans - Ser Cristiano

Kung Hans - Ser Cristiano Pdf (51739)

grafico
RESEÑA:
Con el rigor y sistematicidad que le caracterizan, Hans Küng fundamenta eneste libro por qué y cómo el cristianismo de convicciones críticas puede responder de su fe ante su propia razón y su entorno social. Y lo hace a través de una presentación de la totalidad del mensaje cristiano, trazada desde el trasfondo de las ideol ogías y religiones actuales.
Practicando una teología verdaderamente ecuménica, Küng avanza hasta el núcleo de la fe cristiana. De este modo lo humano, lo religioso general y lo extraeclesial son, más que nunca, tomados en serio, pero de forma que lo específicamente cristiano emerge.



graficoBIOGRAFIA:
Nacido el 19 de marzo de 1928, en Sursee (Cantón de Lucerna), Suiza. Fue también catedrático emérito de Teología Ecuménica en la Universidad de Tubinga, Doctor en Filosofía y en Teología que estudió en la Universidad Gregoriana en Roma y en la Sorbona de París. En 1962 fue nombrado oficialmente por el papa Juan XXIII como perito del Concilio Vaticano II. Colega de grandes teólogos de ésta época como Karl Rahner, Hans Urs von Balthasar y Joseph Ratzinger. En 1979 el Vaticano le retiró la licencia a Küng para enseñar teología católica, debido en parte a sus críticas a Juan Pablo II y a su libro ¿Infalible? Un interrogante, donde cuestiona el dogma de la Infalibilidad Papal. La congregación para la doctrina de la Fe le citó para confrontarle pero Küng nunca asistió. Su actitud crítica frente al Vaticano, y especialmente frente a la figura del fallecido papa Juan Pablo II, le convirtieron en uno de los principales teólogos críticos. El Papa Benedicto XVI ya lo ha recibido donde hubo un diálogo cordial reconocido por ambas partes. El Servicio de Información del Vaticano publicó de forma oficial el encuentro, que según el propio Hans Küng, redactaron el propio Pontífice y Küng. Hans Küng reconoce la labor del Papa y Benedicto XVI reconoció la labor del teólogo en el estudio de las religiones y su propuesta de la ética mundial. En el comunicado también se establece que en dicho encuentro no se hablaron los temas discutidos de la teología dogmática. Su trabajo se ha reflejado en una vasta obra, cuyo denominador común es el fomento de la mutua comprensión y la consolidación de una nueva ética mundial que posibilite la convivencia de las religiones.