miércoles, 23 de noviembre de 2011

Nuestra propia canción....


Mujeres de una Comunidad Africana... otra mirada que nos completa, que nos lleva a "Recordar".
Nuestra Propia Canción...

Cuando una mujer de cierta tribu de África sabe que está embarazada, se interna en la selva con otras mujeres y juntas rezan y meditan hasta que aparece la canción del niño. Saben que cada alma tiene su propia vibración que expresa su particularidad, unicidad y propósito.
Las mujeres entonan la canción y la cantan en voz alta. Luego retornan a la tribu y se la enseñan a todos los demás.
Cuando nace el niño, la comunidad se junta y le cantan su canción. Luego, cuando el niño comienza su educación, el pueblo se junta y le canta su canción. Cuando se inicia como adulto, la gente se junta nuevamente y canta. Cuando llega el momento de su casamiento, la persona escucha su canción.
Finalmente, cuando el alma va a irse de este mundo, la familia y amigos se acercan a su cama e igual que para su nacimiento, le cantan su canción para acompañarlo en la transición. En esta tribu de África hay otra ocasión en la cual los pobladores cantan la canción. Si en algún momento durante su vida la persona comete un crimen o un acto social aberrante, se lo lleva al centro del poblado y la gente de la comunidad forma un círculo a su alrededor. Entonces le cantan su canción.
La tribu reconoce que la corrección para las conductas antisociales no es el castigo; es el amor y el recuerdo de su verdadera identidad. Cuando reconocemos nuestra propia canción ya no tenemos deseos ni necesidad de hacer nada que pudiera dañar a otros. Tus amigos conocen tu canción y te la cantan cuando la olvidaste. Aquellos que te aman no pueden ser engañados por los errores que cometes o las oscuras imágenes que muestras a los demás.
Ellos recuerdan tu belleza cuando te sientes feo; tu totalidad cuando estás quebrado; tu inocencia cuando te sientes culpable y tu propósito cuando estás confundido. No necesito una garantía firmada para saber que la sangre de mis venas es de la tierra y sopla mi alma como el viento, refresca mi corazón como la lluvia y limpia mi mente como el humo del fuego sagrado.

domingo, 20 de noviembre de 2011

LA FUERZA DE CURACIÓN


LA FUERZA DE CURACIÓN

Tiempo hubo en que el hombre anduvo en la ignorancia de su origen divino, por lo que su servicio a Dios era ofrecido por medio del sacerdocio, creyendo que de esta forma se ponía en contacto con El. La corrección de la enfermedad era garantizada como resultado de la obediencia ciega a la Ley ceremonial y el amor, tal como lo imaginamos y lo practicamos hoy día, todavía no había sido ejemplificado. Tan fija era la esclavitud del hombre a la letra de la ley, que no pudo apreciar la amorosa misión de Cristo Jesús, por lo que su crucifixión fue el resultado de la incapacidad de sus detractores para comprenderle.

Si estudiamos la vida y las obras de Cristo y tratamos día por día de aplicar el amor de Dios y la fuerza de curación a las necesidades de nuestro mundo actual, encontramos que el mismo amor y la misma fuerza de Curación están presentes en la espera de nuestra aplicación. El amor es la consumación de todos los actos de la voluntad y esta es una misma cosa en todo lo que se refiere la Fuente de nuestro propio ser.

La Curación comienza en el momento mismo que el solicitando hace rendición de su vida al Espíritu de Vida Interplanetario y corrige sus errores; lo que implica un proceso de restauración a las condiciones de armonía existentes antes que el hombre se hubiese desviado del Sendero. Así que, el período de Curación depende en gran parte del tiempo empleado en el proceso de arrepentimiento total y de auto-corrección, comenzando este en la conciencia celular, en donde el Ego desviado ha dejado su marca. Además, como la célula tiene un estado de conciencia independiente, puede ejercerlo para resistir toda enmienda a los errores cometidos.

Por lo tanto, la Curación Divina comienza en las células del cuerpo vital, donde la Fuerza Vital no ha tenido acceso por la interferencia, ya sea de la célula o del Ego mismo, ya que la vida celular, en su totalidad, es en realidad la voz del Ego, el cual representa la esencia y el tono completo del cuerpo.

La restauración es el resultado del influjo de la Energía Vital, que emana del Sol Espiritual, refiriéndonos a esta Fuerza Vital como la vibración de Cristo cuyas bendiciones incontables han llegado a la vida del hombre desde que El vino al mundo.

Cuando un nombre es enviado a nuestro Departamento de Curación, la solicitud firmada del paciente ya ha llamado la atención de los Auxiliares Invisibles, Sabemos que esto es cierto, porque la Fuerza de Curación Interplanetaria ya está alerta con respecto a toda enfermedad, esperando la llamada de fe del enfermo.

En el método Rosacruz de Curación, el milagro de la restauración y poder Curativo de Dios, se administra a través del servicio amoroso de los corazones y mentes de los Auxiliares Invisibles. Sus manos etéricas lo canalizan directamente hacia las células congestionadas del cuerpo del paciente, abriendo el camino para el influjo de la Divina Fuerza de Curación. Los Auxiliares visibles e invisibles, están constantemente trabajando con esas influencias benéficas, en completa armonía con las plegarias de amor y fe ofrecidas por otros grupos de Curación.

Nuestro trabajo de Curación, expandiéndose cada vez más, ayudará en la nueva y poderosa oleada de avance del mundo. La aplicación de esta Fuerza Curativa debe ser la base del próximo gran paso en la elevación de la humanidad donde tan grande es la necesidad de un Ministerio de Curación Divina, más aún, en esta época de crisis y de incertidumbre.

Pongamos toda nuestra fe en el Padre Celestial, que es el Gran Médico, bajo cuya protección y amparo estaremos en perfecta seguridad: “Levantaré mis ojos a lo alto, de donde vendrá mi socorro…” Salmo 121.

“El que habita al abrigo del Altísimo, morará bajo la sombra del Omnipotente…” Salmo 91

Fraternalmente

THE ROSICRUCIAN FELLOWSHIP

Departamento de Curación

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Gracias por el aporte Raúl Sasia, muy ilustrativo, y nos hace mucha falta comprenderlo y aplicarlo en nuestra humanidad, cada vez más negada a las manos divinas.

Saludos, Edgardo

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PORQUE SOY MIEMBRO DE LA FRATERNIDAD ROSACRUZ

PORQUE SOY MIEMBRO DE LA

FRATERNIDAD ROSACRUZ

En primer lugar debo decir que llevo militando muchos años en esta Escuela Espiritual Superior. Mi primer contacto con estas enseñanzas, fue allá por el año 1960, cuando vine a radicarme en Córdoba.

Demás está decir el efecto maravilloso que produjo en todo mi ser la lectura del libro de Max Heindel: “CONCEPTO ROSACRUZ DEL COSMOS”, que me fue facilitado por un ex-compañero de trabajo. Encontré en ese libro respuestas a multitud de preguntas que me venía formulando, sin encontrar respuestas satisfactorias.

Debo aclarar que mucho contribuyó a responder a estos interrogantes, la posterior lectura del libro, también de Max Heindel: titulado:”FILOSOFIA ROSACRUZ EN PREGUNTAS Y RESPUESTAS” I Tomo, libro que, luego de haber transcurrido tantos años, aún sigo leyendo y encontrando temas que pareciera es la primera vez que los leo, tal es la magnitud y amplitud de las Enseñanzas Rosacruces.

¿Seguramente Uds. se preguntarán que por qué les relato todo esto de mi vida personal, que tal vez puede resultarles muy poco interesante?

Lo digo ya que lamentablemente muchos hermanos que comenzaron transitando por este sendero, lo abandonaron, como recuerdo el caso de otro ex-compañero de trabajo, Estudiante Regular, que un día vino al Centro de Córdoba, devolviendo numerosos libros de Max Heindel y manifestando que hoy dejaba de ser miembro de la Fraternidad y que en la próxima vida continuaría militando este camino espiritual.

No le respondí nada, ante la firme determinación de este amigo, pero pensé ¿Cuándo se irá a presentar para él una nueva oportunidad, si ahora la rechaza? ¿Cuántas vidas tendrá que pasar antes de que ello sea posible?

Recuerdo que Max Heindel nos dice en sus escritos, que lo peor que podemos hacer es desistir de seguir militando en este sendero, ya que tal vez podemos estar en vísperas del merecimiento.

No se exactamente a que se refería nuestro insigne hermano, cuando hablaba de tal “merecimiento”. ¿Podía referirse a la Iniciación, en la cual el candidato estaba muy cerca de recibirla? No lo se.

Sabemos que él era a veces algo demasiado optimista, ya que contaba con sus propias experiencias, habiendo recibido hasta la cuarta Iniciación y siendo como era un Hermano Lego.

Sabemos queridos amigos, que hay muchos caminos que conducen a Roma, pero haremos bien en seguir uno solo si deseamos llegar más pronto.

Así sucede en el camino espiritual, una vez que hemos elegido el que mejor se adapta a nuestros requerimientos que nos brinda el alimento espiritual indispensable que todos necesitamos, debemos seguir recorriéndolos hasta el fin de nuestra permanencia en este plano físico de manifestación, ocupando los distintos vehículos de que disponemos, trabajando noble, altruista y desinteresadamente en bien de la humanidad.

Si así lo hacemos, estemos seguros que podremos recoger una gran cantidad de crecimiento del alma y en la próxima existencia, cuando volvamos a este plano, lo haremos en forma temprana, teniendo como padres a seres que seguramente militarán en un sendero espiritual como el nuestro.

Que nuestro bendito Padre Celestial nos ilumine a todos.

Con el mejor afecto.

Raúl Sasia

Probacionista.

Nº de Ident. 0493

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Gracias Raúl por tu aporte y por contarnos parte de tus secretos, he visto en tí una devoción poco frecuente de encontrar.

Decirte además, si bien estoy adelantándome un poco pero deseo pases un Feliz Cumpleaños este Domingo 27 de Noviembre !!

saludos afectivos, Edgardo

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jueves, 17 de noviembre de 2011

La Metáfora del Dios Encarnado – III Parte


La Metáfora del Dios Encarnado – III Parte


Un caso paralelo aquel que habla S. Pablo parece encontrarse en las vivencias de ciertos seres poseídos o habitados por un poder sobrenatural. En ciertos oráculos, por ejemplo, el fenómeno es experimentado como si el dios entrara en el sujeto inspirado y hablara por medio de su boca. Otro ejemplo es el caso de los discípulos de Dionisos que decían sentir-se inundados por su dios al punto de creer que ese dios habitaba en ellos, lo cual los impulsaba a cometer actos que no harían de otras circunstancias.

El contenido de estas experiencias presenta relaciones con los casos de disociación de conciencia en que una personalidad expresa, no en una, pero en dos formas de carácter y comportamiento. Estas formas de carácter son relativamente independientes una del otra, y en ciertas circunstancias la consciencia de una no pasa a la otra. En estos casos la iniciativa de una no interfiere con la iniciativa de la otra, o inclusive, se le opone directamente.

La experiencia asume nueva forma y al mismo tiempo un carácter religioso cuando el “otro” es experimentado como un ser misterioso, venido del exterior, como por ejemplo en la posesión con sus formas preliminares, tal como el estado del médium en que el “otro ser” en virtud de su propia iniciativa “hospede” grandes dificultades.

En el fenómeno analizado en primer lugar, es inmediatamente claro que no podrá tratarse de una in-habitacion en sentido proprio. Lo que se encuentra en la consciencia o en la sensibilidad del sujeto es solamente una imagen o un tema, no la propia personalidad extrínseca (Guadini, p. 190).

Esta relación Cristo-Jesús es, como Pablo lo describe, una presencia interior del Cristo neumático(1.); y con esta descripción el autor refuta cualquier hipótesis de un estado extático o patológico.

(1.) Del grego pneumatikós, do ar; espiritual

En el episodio del camino de Damasco narrado por Lucas en el capitulo IX de los actos de los apóstolos, se reconoce una vivencia que significa, en primer lugar, una prodigiosa liberación del aprisionamiento del Yo, convirtiéndose el Cristo el contenido de su vida. Y esto no apenas en el sentido de que Pablo se apropió conscientemente, pero también en el sentido literal, por la razón de que Cristo come espirito, viene realmente habitar en el.

De acuerdo con la concepción bíblica, el espirito es un soplo que viene de Dios y que anima el cuerpo. También hay aquí un nuevo soplo pero en este caso simboliza una vía o camino iniciático como se puede observar en el episodio de la conversión de Nicodemo (Juan, 3, 3 y siguientes). Este nuevo soplo recría el hombre, elevándolo para una nueva vida que debe animar no solo el cuerpo pero su totalidad.

Es este el cerne de la experiencia de Damasco. Pablo recibe a Cristo en sí. La figura de Cristo se instaló en el mismo y se transformó en la “entelequia” de su existencia. Solamente este “Espirito” puede provocar un verdadero renovamiento del Ego, y solo él lo hace sin atentar contra la dignidad y responsabilidad de la persona. Se trata un renovamiento que proviene del Cristo, pero también, y al mismo tiempo, de la responsabilidad y libertad personal.

Por otro lado, esta atitud de Pablo no significa únicamente un entendimiento intelectual, significa también que el Cristo entró efectiva y conscientemente en la esfera de su existencia. Aquí el iniciado se transformó entonces en un otro, y sin embargo, se tornó verdaderamente en si mismo. Por eso Pablo afirma: “Ya no soy yo que vivo, es Cristo que vive en mi” (Gal. 2, 19-20).

El Pensamiento de Pablo se profundiza en otras fórmulas que muestran Cristo presente y actuando en el creyente como la entelequia en el hombre natural. El hombre natural que Pablo llama carnal, entendido no apenas como el cuerpo en oposición al espirito, sino el todo natural - cuerpo y alma, medio y actividad - es penetrado por una nueva forma esencial que busca dibujar en él la imagen divina, el Cristo en nosotros: “pues aquéllos que de antemano conoció, los predestinó también para que fueran, conformes a la imagen de su hijo” (Rom. 8, 29). En todos los iniciados, por medio de su actividad, de su destino y desarrollo, se debe realizar algo más profundo: la transformación del hombre por la vida del Cristo en él.

Estos pensamientos paulinos tienen una importancia decisiva para la concepción cristiana del Hombre y es fundamental que no sean falseados ni enflaquecidos. Las fórmulas que hemos citado no son maneras ocasionales de hablar que pudieran ser despreciadas, y tampoco son una expresión entusiastica de la vivencia de Cristo.

La trayectoria que Pablo nos brinda, no presenta cualquier fantasía o magia, ni tampoco es el procedimiento de un educador tratando de dar a sus discípulos un conocimiento de Cristo tan concreto cuanto posible, es simplemente una participación, vivida y garantizada en la existencia del Cristo.

La lectura de sus evangelios nos da a conocer el verdadero fundamento de su consciencia en relación al Hombre, y deben ser entendidos en el sentido más exacto. Sin embargo es necesario reconocer que colocan grandes dificultades para nuestro pensamiento conformado con la experiencia natural de la personalidad. La simple lógica se encuentra aquí en peligro una vez que tal presupuesto asienta en el principio de la identidad y de la no contradicción. Se trata en cualquier caso de una amenaza que incide sobre la unidad de la vida psicológica, cuyos elementos deben necesariamente ordenarse en torno de un centro.

Analicemos ahora la relación Yo-Tú de Jesús y Cristo. La experiencia aparece aquí en su más elevado origen y con la más profunda ejemplaridad. Aquí la relación Yo-Tú se constituye plenamente y se convierte en participación consciente en la relación entre ambos. Hay en Jesús una consciencia distintamente terrena en el sentido de que el niño Jesús creció y se desarrollo’. El alcance terreno de su consciencia, bien como de su autoconsciencia era de carácter totalmente humano, judío y palestino del primer sículo (CRC p. 279).

La mente de Cristo contiene la consciencia terrena, no siendo sin embargo, contenida por ésta. Podemos decir que existe aquí una relación asimétrica de acceso entre las dos mentes. La mente cristica tiene acceso a la experiencia humana terrena resultante de su encarnación. La siguiente analogía nos permite entender mejor el asunto. Imagínese un sistema informático en que el programa de un ordenador contiene otro programa en si mismo, pero no es contenido por él. Pero la consciencia humana no dispone de tal acceso, solo ocasionalmente dispone de él.

Esta relación asimétrica permite establecer entre las dos mentes, la cristica y la humana, un flujo cognitivo bidireccional e intermitente. Pero esta relación no es únicamente cognitiva, es también volitiva, lo que significa que Cristo se polarizó en el cerebro y corazón de Jesús, permitiendo a Jesús un tipo de interacción resultante de la consciencia de la presencia de Cristo en si mismo. Tal interacción significaba hablar y escuchar a Cristo interna y externamente y estar consciente de Su voluntad. Este tipo de abertura humana al divino que está en la base de la comprensión de la relación de Jesús con Dios se puede considerar, con el debido respeto por la metáfora, una encarnación o reflejo de Cristo. De esta manera la encarnación se adecua al modo propuesto por los cuatro evangelios, aún que esté en desacuerdo con lo propuesto por los sinópticos.

De lo expuesto resulta que Jesús no era la segunda persona de la Trinidad divina ni tampoco tenía dos naturalezas, una divina y otra humana; él era antes un hombre que respondió totalmente a la gracia divina y que cumplía la voluntad de Dios, siendo por eso la prueba de que el propio Cristo es activo en relación a los humanos y dentro de ellos. Este concepto nos capacita a decir que Cristo animó y motivó el espirito de Jesús de tal forma que en él se realizó plenamente, y de modo único, la relación pretendida para el hombre por su Creador.

De esto resulta que por medio de la libertad humana y a partir de un estadio de madurez, ocurre una trasformación en la cual la fuerza Cristica se instala y se torna “entelequia” de su existencia(2.). Esta transformación es continua con la creación y solo es posible por el hecho de que Dios está activo en el interior del espirito humano. La actuación de Cristo en el Espirito de Jesús es un momento particular de esa actividad creadora continua. La razón para eso es la unión de la divinidad personal con la personalidad humana, de lo cual resulta una forma de perfeccionamiento continuo a pesar de las apariencias.

(2.) Se trata de la Doctrina del Nuevo Nacimiento o Iniciación referida en Gal, 6 – 15.

Jesús ha sido el punto supremo de contacto entre Cristo y la humanidad, pudiéndose concluir que Jesús como un Dios encarnado es una expresión metafórica que no puede ser entendida de forma literal como un acontecimiento físico, psicológico o metafísico.

La fórmula conciliar afirmó “que Jesús ha sido verdaderamente Dios y verdaderamente hombre”, y sin explicar como esta paradoja es posible, ha usado una lenguaje devocional o litúrgica sin realizar un ejercicio de formulación teológica precisa (Hick, p. 139). La tentativa de los teólogos apunta en el sentido de atribuir un significado inteligible a esta idea de un Dios-hombre. Se trata de un artificio filosófico capaz de impresionar por el sentido meramente técnico y destinado a excluir cualquier comprensión de Jesús que intentase negar su divinidad o su humanidad. Es como si el espirito humano de Jesús no fuera genuinamente humano, debiendo preguntarse como es que los teólogos pueden conocer algo de tamaña importancia a respecto de Jesús y que él mismo no conocia (Hick, p. 47). Cualquier tentativa para explicar esta fórmula solo puede funcionar como un pronunciamiento ritual cuyo sentido no puede ser examinado.

Hay sin embargo muchos estudiantes de la biblia que se mantienen fíeles al dogma nicenocalcedoneo a pesar del paradojo del Dios encarnado que no sabia que era Dios, o por otros palabras, del Dios que se apartó de sus atributos de divinidad al punto de perder la consciencia de que él mismo era Dios.
Según la manera común de pensar, y de acuerdo con la formulación tradicional del cristianismo, Dios es colocado como el “Ser más alto”, que se encuentra afuera, arriba o más allá de este mundo, existiendo por su proprio derecho al lado y en el otro lado de la Creación. En esta formulación Dios es visto como un ser personal, como un YO en relación a un Tú, como una causa separada de su efecto, como teniendo un espacio definido y un tiempo sin fin. La caricatura en esta forma de pensar es la concepción común de la relación de Dios para con el Mundo, o sea, de que Dios es el ser Supremo, el Gran Arquitecto del Universo que existe en algún lugar más allá del Mundo, que interviene periódicamente en su curso y que generalmente da pruebas de ser benévolo para con la Creación.

El estudiante rosacruciano no tiene dificultad en destrozar esta caricatura y comprender que las relaciones de Dios para con el Mundo son plena y íntimamente personales y que “en el vivimos y tenemos nuestro ser” (CRC p. 73, 142), no siendo posible vivir fuera de las Grandes Inteligencias que con su vida interpenetran y sustentan nuestro mundo.

Pero si es fácil modificar la cualidad de la relación, el mismo no sucede con la estructura fundamental, de manera que se continúa a imaginar Dios como una Persona que del más allá baja su mirada para este mundo que creó y que ama.

Toda la visión del mundo de la Biblia es, sin peligro de equivocación, descaradamente mitológica. Es pensada en términos de un Universo de diferentes niveles superpuestos con Dios en el más alto, y cuando aceptamos esta concepción grosera y literal lo que nos queda es una imagen esencialmente mitológica de Dios y de su relación con el Mundo. Por detrás de las frases “Dios ha bajado del cielo” u “Dios ha enviado Su Hijo unigénito” se esconde la visión del Mundo en la cual Dios es representado como una persona que vive en el cielo, como un Dios que se diferencia de los dioses paganos por el hecho de que “no hay dios más allá de mi” (Robinson, p. 48).

El centro de los debates rosacrucianos actuales ya no está en la relación de los mitos particulares para con la Historia, pero en saber hasta que punto es necesario que la enseñanza bíblica sea expresa en términos de esta cosmovisión, que es a su manera tan primitiva filosóficamente como las historias del Génisis son para el mundo científico (Robinson, p. 49). Es esta visión que debe ser ultrapasada con el mismo coraje que Pablo ha tenido en desenmarañarse de la circuncisión como condición previa del Evangelio y de aceptar, como un hecho “un mundo que alcanzaba la mayoridad”, sin dar importancia a los ataques de la apologética, extemporáneos y sin valor y hasta no cristianos, por figurar como una tentativa de hacer regresar el Hombre a un estado de adolescencia y de dependencia de las cosas que en realidad ya no depende (Robinson, p. 55).

Vale la pena por lo tanto releer lo que la Biblia dice sobre la naturaleza de Dios, para descubrir como puede conservar, y hasta mismo recuperar, su sentido mas profundo a la luz de la interpretación rosacruciana (Id. p. 84).

¿Qué es Cristo hoy para nosotros? Max Heindel nos ha dejado bastante información, o por lo menos indicios muy claros a ese respecto en su obra, la cual apunta a la edificación de una cristología rosacruz, y el lector interesado en desenmarañarse de la idea tradicional de la relación de Dios con este mundo, (de que el Divino habita en un mundo transcendente más allá de la Naturaleza) es recomendado a leerla.

Fideismo: La fe ignora o minimiza el rol de la razón para llegar a la verdad suprema. Según esta posición, la fe en Dios es el criterio supremo de la verdad, o sea, es todo lo que el cristiano necesita para obtener la salvación. Los fideistas declaran que Dios se revela a la consciencia humana por medio de las escrituras, por medio del Espirito Santo, y por medio de la experiencia personal, lo que es suficiente según ellos para se conocer todas las verdades importantes. Un dicho popular contemporáneo sintetiza este pensamiento: “Dios dice, yo creo. Esto es suficiente”. El Fideismo radical no racional ha sido primeramente articulado por Tertuliano (160? – 230?), un primitivo cristiano apologista conocido por su actitud critica hacia la cultura de la época. Ha sido el argumentador Tertuliano quien ha dicho: “Credo quia absurdum – Yo Creo por que es un absurdo”. En los siclos siguientes otros autores cristianos siguieron exaltando el valor supremo de la fe ciega en oposición directa a la razón humana. Llevado al extremo, el fideismo rechaza el pensamiento racional y se opone a la educación avanzada y a la investigación científica, y puede conducir a una religión mística e individualizada.

El Obispo de Cantuaria afirmó: “Si un hombre afirmara que entiende la relación de la divinidad con la humanidad en Cristo, demuestra claramente que no comprende el significado de la encarnación” (Baillie, p. 122).

¿Cur Deus Homo?

La pregunta más común sobre la fe cristiana no es “¿por que Dios se ha hecho hombre?”, pero si ¿Cómo ha podido Dios haberse encarnado en Jesús?”

Cuando se habla de Dios todas las palabras son imperfectas. Sin embargo, en vez de terminar en puntos suspensivos, mejor se puede decir algo más sobre el asunto. Una de las afirmaciones de Max Heindel en su obra básica de filosofía Rosacruz, es que el carácter transpersonal de Jesús se exprime mejor entendiendo a Dios no como una especie de personalidad colectiva que incorpora a todas las demás personas, pero en términos de interpersonal. Max Heindel ha enseñado que en el principio – y en el fin – no esta el “Yo u el Tú”, pero si el nexo “Yo – Tú”. Igualmente, toda la realidad debe ser entendida no en términos de un Dios, o Ser monárquico supremo entre las entidades individuales, pero en términos de un “campo” divino en el cual lo “tús” finitos son constituidos en la libertad de un amor totalmente personalizante. Es esta la visión del Nuevo Testamento, o sea de que “Dios está en todos” (Cor I. 15, 18). Todo el contexto de la primera epístola a los Corintios revela claramente un panteísmo escatológico, pero el Nuevo Testamento no intenta significar con esto algo que solamente será verdad después de todo el resto. El Dios que está en Cristo es el Dios que está en todo. Este modelo de encarnación, sin que sea necesariamente cristiano, está mucho más de acuerdo con el cristianismo de que con el deísmo o panteísmo, o hasta mismo con el teísmo, y por eso es el modelo más adecuado, y quizá el único aceptable sobre doctrina de la encarnación.

Como ya hemos visto anteriormente, fue en el primer Concilio de Niceia (325) en que nació el dogma de la trinidad, teniéndose aprobado la fórmula propuesta por Constantino. Es este el origen del Credo de Niceia. Otros concilios se fueran sucediendo, haciéndose en cada uno de ellos correcciones en el credo: en Constantinopla (381 y 553), en Toledo (675) y en León (1274). Sin embargo, el asunto se complicó de tal modo que los teólogos pasaran a llamarle “misterio”. En el concilio de Constantinopla de 381 y en los otros que se le han seguido, se estableció que el Espirito Santo era una persona divina, como el Padre y el Hijo, adquiriendo por ese medio una importancia vital en el Nuevo Testamento. No esta ausente en el Antiguo Testamento, como adelante veremos, pero ahora se le da una nueva razón para su preeminencia, dando origen a la doctrina del filioque, locución adverbial latina que significa “del hijo” (Chaves, p. 68, 124).

En síntesis las relaciones entre cristianos griegos y latinos se han vuelto tensionadas por un motivo teológico: “El Espirito Santo proviene del Padre y del Hijo” (posición latina) o del “Padre por medio del Hijo” (posición griega). La controversia se ha calentado entre los siclos IX – XI y ha conducido al cisma bizantino que hasta hoy perdura, aún que las Convenciones de los teólogos de parte a parte estén contribuyendo a aproximar los hermanos entre sí. Se puede decir, por lo tanto, que la controversia es más lingüística que teológica: griegos y latinos no entienden del mismo modo el vocablo “provenir”.

La doctrina según la cual el Espirito Santo proviene del Padre, está en el Evangelio de Juan: “El espirito de la verdad, que proviene (ekporeuetai) del Padre” (15, 26). La Escritura también se refiere a la relación del Espirito con el Hijo cuando Jesús dice: “Recibirá de lo que es mío y les será anunciado” (Jo 14, 16s) o aún: “Cuando venir el Paráclito, que les enviaré junto al Padre” (Jo, 15, 26). Estas citaciones han llevado algunos sacerdotes griegos a afirmar que el Espirito Santo es “del Padre y del Hijo”.

En la lenguaje más formal de la teología, la palabra “encarnación” se basa en el prólogo del evangelio de Juan “Y el Verbo se hico carne”. Sarx egeneto fue latinizado para incarnatus y Jesús se tornó el Dios-Hijo viviendo una vida humana y siendo al mismo tiempo “verdaderamente Dios” y “verdaderamente hombre”.

Con el transcurso del tiempo se han hecho un sin número de tentativas, algunas de las cuales muy ingeniosas para explicar inteligiblemente la idea de un Dios-Hombre. Ninguna de ellas ha logrado sus objetivos de conciliar la divinidad de Jesús con su humanidad, y por lo tanto terminaran siendo declaradas come heréticas (ICK, 70). Es por eso que heredamos la fórmula original sin que esta tuviera sido claramente explicada. En vez de eso, nos es presentada como un “misterio”, lo cual no es divino en la medida en que ha sido creado por un grupo de seres humanos.

De un modo general, el extracto bíblico en Jo 1, 14 es considerado como la afirmación central acerca de la encarnación. Pero la traducción “Y el Verbo se hizo carne y ha habitado entre nosotros…” es poco fiel al texto original en hemin que se traduce por “en nosotros” (Chaves, p. 121). La idea ortodoxa de la encarnación jamás se podrá libertar de la imagen del príncipe que aparece disfrazado en el cuento de Anderson. ¿Afirmará el Cristianismo que Dios se transformó en hombre? ¿Será ese el sentido de las palabras “y se ha hecho hombre”? ¿Se habrá Dios transformado en hombre en determinado momento en el tiempo por un periodo de treinta años? La doctrina cristiana no puede hacer ninguna de estas afirmaciones. Son conceptos equivocados. Dios no se transforma y seria grotesco sugerir que la encarnación tenga algo de común con las antiguas metamorfosis de la mitología griega (Baillie, p. 96).



Referencias Bibliográficas:

1. J. G. Davies, As Origens do Cristianismo, Ed. Arcádia, Lisboa, 1977, Cap. I.
2. Hans G. Kippenberg, Religião e Formação de Classes na Antiga Judeia, Ed. Paulinas; S. Paulo, 1988; ps. 119-125 e 150-166; Cf. Orígenes, Contra Celso, BAC, Madrid, 1967.
3. Lc 6, 20 e ss; cf. Mt 5,1-12
4. Lc.16, 21.
5. Lc 18, 24; cf. Mt 19, 16-30; Mc 10, 17-31.
6. Richard E. Rubenstein, When Jesus Became God, Hart Court, Inc., New York, 2000, pp 68-88.
7. Sl 2, 7.
8. Act 13, 33.
9. Jaroslav Pelikan, Jesus Through the Centuries; New Haven, Yale University Press, 1985.
10. Jean-Claud Eslin, Deus e o Poder, Âncora Editora, Lisboa, 2000. pp 67-67.
11. Homo (mesmo); homoi (semelhante); ousia (ser).
12. Richard E. Rubenstein, ob. cit., pp.72-79; 186-187, 198-199.
13. La palavba homoousios ya hace parte del bocabulário de Porfírio (232-305 d.C.), lo cualla utiliza para referirse a afinidad entre las almas humana e animal. Cf. Richard E. Rubenstein, ob. cit., p. 81.
14. Max Heindel, Conceito Rosacruz do Cosmo, 3ª ed., Lisboa, 1998; p. 339 e ss.
15. Id., ob.cit, p. 120.
16. Id., ob.cit, p 266.

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http://www.rosacruz.pt/auditorio/index.php?option=com_content&view=article&id=252&Itemid=77


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La Metáfora del Dios Encarnado II Parte


La Metáfora del Dios Encarnado


II Parte

1. Introducción

La doctrina de la encarnación es, en todos los aspectos, la doctrina central del mensaje cristiana, y constituye el punto crucial para cualquier reinterpretación a que se someta.
Sin embargo, esta interpretación aún encuentra resistencia, sobretodo por parte de las ortodoxias religiosas en sus categorías más tradicionales. Esto es verdad no solo al nivel de la teología técnica, pero también al nivel popular. Pero si es indispensable progresar para una posición más allá del concepto popular de Dios, lo mismo se exige para la concepción que se hace de Jesús y Cristo. De contrario quedaremos arrinconados en una indefinición cada vez más estéril entre uno y el otro.


La teología profesional siempre ha tratado este asunto de una forma metafísica, mientras que la religión popular lo ha expresado mitológicamente. Según estos modos de pensar, la encarnación significa que Dios-Hijo bajó a la Tierra, nació, vivió y murió en este mundo como un hombre. Este Dios-Hijo, venido del más allá, se ha dignado a entrar en la escena humana pero sin le pertenecer y, sin embargo, vivió una vida auténtica y completa.

El problema de la cristología confesional así formulado está en saber como es que Jesús puede ser verdadero Dios y Verdadero hombre siendo, sin embargo, una sola persona. La respuesta habitual a este problema, tal como se encuentra formulada en la definición de Calcedonia1 es, en esos términos irreprensible. Pero si quisiéramos ser precisos, esa definición no ofrece la solución del problema, apenas lo expone.

Sirviéndonos de la analogía podríamos decir que si fuera necesario presentar la doctrina sobre las dinámicas de la creación y encarnación, y la dimensión pedagógica, “humanizante y reveladora” de Jesús de Nazaret en términos de unión entre el aceite y el agua, esta definición sería la mejor tentativa del género, o antes la única posible, y que sería insistir contra los esfuerzos para identificar los seres en cuestión, y reafirmar contra toda la evidencia, que había solamente una sola persona indivisible. No es de sorprender que en el esoterismo cristiano popular se tenga separado el aceite y el agua y que uno de estos tenga venido a la superficie.

Hasta la publicación del Concepto Rosacruz del Cosmos, la idea que más comúnmente se hacía de Jesús no era de ninguna manera la de que él era un ser humano. Jesús era interpretado como de un Dios en forma humana. Se parecía un hombre pero en el hondo era Dios vestido de hombre. La propia palabra “encarnación” que nos es un término bíblico, eso lo sugiere inevitablemente. Evoca la idea de una sustancia divina que se introduce en la carne y en ella se materializa.

Pero el problema que se presenta no es el de saber si esa expresión de fe está más o menos correcta. El verdadero problema es de saber si la formulación de Calcedonia, que pareciera tan fácil y demostrable, no pasa de una interpretación contaminada por una superficialidad e rusticidad irremediablemente comprometida, sino imposible, impuesta por el cuadro mitológico-metafísico tradicional, lo cual se inclina, sin duda, a deformar la realidad bíblica. Aún que no lo hagan intencionalmente, la práctica, la prédica y la enseñanza popular presentan una idea mitológica-metafísica de Dios y Jesús que no se fundamenta en el Nuevo Testamento, traduciendo los términos Jesús y Dios con igual significado al firmar que Jesús es Dios. Se afirma entonces que Dios ha venido a la Tierra en la persona de Jesús. Sin embargo, en ninguna parte del Nuevo Testamento se hace tal afirmación.

Lo que nos tenemos que preguntar es esto: ¿Que es el Verbo? ¿Quién es Cristo para nosotros? ¿Lo que es que tenemos de reinterpretar? ¿Qué dice verdaderamente el Nuevo Testamento?

2. La Trinidad Inmanente

Al intentar entender y interpretar el episodio de la encarnación - la unión del divino y del humano en Jesús - somos obligados a presentar todo el problema de una forma global, incluyendo las distinciones entre el Padre y el Hijo, y aún entre el Padre, el Hijo y Espirito Santo. En resumen, ingresamos en la consideración del significado de la doctrina de las personas de la Trinidad en relación a la encarnación.

En sentido estricto, solo el Padre es creador y solo Él lo puede ser. Si podemos comprender en qué medida el acto creador está en la raíz del Ser y que este Ser lo forma en algo mucho más allá de un simple acto de poner en acción la substancia raíz-cósmica, concluimos que ese acto solo puede ser obra de Dios. En la lengua hebraica, el Verbo bara, que significa crear, solo se aplica a Dios.
El Concepto Rosacruz del Cosmos nos ayuda a comprender la dinámica creadora del Ser Supremo, la génisis de Cosmos, su proceso de realización y finalidad. En el momento inicial del acto creador, El Ser Supremo recibe de Su Logos una participación en el acto creador. El Logosproviene del Padre así como un acto de volición proviene de de la voluntad. El proceso de creación empieza con la solidificación y modelaje de la arche’ 2, en conformidad con una secuencia de causas-efectos según el modelo inscrito en Él. Es el Logos que va a ordenar la divina sustancia y ponerla en movimiento de acuerdo con el plan de evolución desarrollado según Su voluntad. Es por medio del Ser Supremo que todo lo que existe es creado y el Padre se “hace carne” y se manifiesta3, permitiendo que la dinámica creadora se desarrolle en una secuencia de causas-efectos y que los distintos acontecimientos tingan sus propias leyes, sean ellas de nivel físico-químico, biológico, geológico u otro. El acaso no existe en el Universo. Este dinamismo creador hace acontecer el nuevo, el no existente anteriormente, modelando la “esencia siempre existente”4.

La doctrina de la creación ex nihilo no afirma que hubo un tiempo o un estado en el cual un ser llamado Dios existía solo, y que todo ha hecho “a partir del nada”. Esto es pura mistificación. El Concepto ex nihilo es extraño a los relatos bíblicos. Además, el termino teológico ex nihilo ni siquiera es absolutamente exacto. Dice si que Dios crea a partir de Si por medio del Logos, esto es, de Su fuerza significante.

Todo el proceso de estructuración del Universo se hace en este tejido cósmico de materia-energía, la Arche’, a que llamamos Espirito y si esa materia-energía es dinamismo y interacción relacional, entonces está profundamente en conformidad con los tres aspectos del Creador.

Max Heindel va mucho mas lejos que todos sus anteriores exegetas y esclarece que en el primer versículo de de su Evangelio S. Juan llama “Dios” al Ser Supremo5. Y adelanta: el “Verbo” o “Fiat Creador” es un aspecto del Ser Supremo que se manifiesta en la materia como fuerza de atracción y cohesión, dándole la capacidad de combinarse en varias formas”. En otros trechos ensaña: “El Verbo es un sonido rítmico que, emitido por el Creador, ha resonado por todo el Universo, modelando un número infinito de átomos en las más variadas y múltiples figuras y formas que vemos a nuestro rededor. Ya sea la montaña, la margarita, el ratón y el hombre, etc., todo es encarnación de la Palabra Creadora que suena silenciosamente para nuestros sentidos, pero que ni por eso deja de llenar todo el Universo y en silencio construir y edificar” 6. Esta “Palabra Creadora” continua a resonar como una fuerza de sustentación de los mundos.

La expresión de las distintas “silabas” de la divina palabra marca estadios sucesivos en la evolución del mundo y del hombre” 7, donde se concluye que nada está acabado: el cosmos está todavía en proceso de realización. Es en este sentido que el “Verbo se ha hecho carne”, no en el limitado sentido de la carne de un cuerpo, pero si en la “carne” de todo lo que existe, en este y en otros sistemas solares”, trayendo a la existencia en materia sutilísima, todos los diferentes mundos y sus miríades de formas y, por eso, “sin Él nada de lo que ha sido hecho se hico”.

Tenemos así tres aspectos distintos del Ser Supremo en Su manifestación: el primer puede ser caracterizado comoPoder. De este aspecto procede el segundo, el Verbo, y de ambos, el tercer aspecto, Movimiento.

Aquí están, por lo tanto, tres aspectos que conducen a la doctrina de la Trinidad. Son tres realidades subyacentes a toda la vida por medio de las cuales vemos Dios en acción y nos hacen compartir de una realidad colectiva y nos conducen a lo que es absolutamente último: siendo imagen y semejanza del proprio Dios, pueden a partir de su interioridad, surgir como creadores de sentidos para el Universo, utilizándolo, interpretándolo, sirviéndose de él y orientando as sus potencialidades. No se puede negar ninguna de ellas porque todas ellas son Dios. Es esta unidad y diversidad que confundió los teólogos, que fueran compelidos a aceptar una fórmula cada vez más compleja (Rob. p. 124, Nis. n/a).

La teología antigua llamo persona a cada uno de estos aspectos. Debemos distinguir, por lo tanto, las trespersonae de la Trinidad, las cuales son personalidades perfectamente distintas en el sentido moderno de la expresión (Bailiie, p. 152-160). Para los pensadores antiguos, el termino latino persona significaba apenas una máscara que era usada por cualquier actor en ambiente teatral. La aceptación del término persona por el Occidente, y del vocablo hypostasis por el Oriente, creo’ de inmediato dificultades que se tornaran cada vez más densas con el transcurrir del tiempo. Actualmente, debido al hecho de que el concepto moderno de personalidad está asociado a la autoconciencia, el entendimiento de la naturaleza de las “tres personas” se torna aún más confuso.

De acuerdo con el sentido actual, las “tres personas” significarían tres centros de conciencia, tres seres autoconscientes que dan origen a una especie de triteismo. Las tres personas tienen, por lo tanto, el sentido original de tres aspectos o modos distintos de actuar del Ser Supremo en sus relaciones creadoras en el Primer Plan Cósmico8.

Cuando se dice “Dios tri-uno” no significa que se hable en tres elementos exteriores a la divinidad de Dios, lo que crearía un interpretación del proprio Dios como un ser superior allá de estos tres elementos, o en tres partes de Dios. Se habla si de una Persona universal con tres “modos de actuación”. (Bailiie, p. 164) pero Él es uno en sus tres modos de acción que constituyen una relación mutua: Padre, Hijo (Verbo) y Movimiento.

Pero el Verbo, que es el Hijo unigénito nacido del padre – el Ser Supremo – antes de todos los siglos, no es ni el Jesús ni el Cristo del culto eclesiástico. “Cristo, grande y glorioso, elevándose inmensamente arriba de la simple naturaleza humana, no es ese grandioso Ser” 10. Asimismo, la creencia de que en Jesús nosotros vemos Dios encarnado no tiene fundamento en ninguna parte de la Biblia.

En el lenguaje más formal de la teología, la palabra “encarnación” se fundamenta en el prólogo del evangelio de S. Juan 1, 14: “Y el Verbo se ha “hecho carne”. La palabra Sarax egeneto ha sido “latinizada” paraincarnatus y se asoció incarnatos a la palabra Theos del primer versículo del referido evangelio, dando así a entender que “Jesús” y “Dios” son idénticos y convertibles. Así, en la interpretación utilizada pela iglesia, Jesús se tornó el Dios-Hijo, vivió una vida humana, siendo considerado al mismo tiempo “verdaderamente Dios” y “verdaderamente hombre”.

Pero en la lengua griega lo que viene definido de manera más precisa y exacta en este versículo es “kai theos en ho logos” (y el Verbo era Dios). Y esta idea en griego se expresaba normalmente por medio de la palabra “Dios” precedida del artículo: ho theos. S. Juan no dice que Jesús era un hombre “divino” en el sentido familiar del mundo antiguo; si lo tuviera hecho la palabra seriatheios. La expresión griega evita cuidadosamente los dos extremos. Es imposible traducirla en una sola palabra. Quizá la mejor traducción sea: “Y lo que Dios era, era el Verbo” 11.

Hermeneutas y exegetas se identificaran progresivamente con el proceso de adulteración del cristianismo. Distraídos con la anfibología neo-testamentaria, se dejaran embalar y ensandecer en los “lugares-comunes” sancionados por una autoridad que proponía la caución y la fe. Pero los resultados de centenas de textos conocidos y estudiados en nuestros días nos ayudan a seguir una línea evolutiva que nos permite arrancar el sentido original a la incerteza y a la confusión de los términos y ambigüedades originales de los textos bíblicos.

El hecho del autor del evangelio atribuido al apóstalo Juan preceder el prólogo al cuerpo del evangelio (1,1 – 18) y, por lo tanto, de manera diferente de los otros evangelistas, sugiere que hay en el cuerpo de la mensaje una profundidad de revelación, de discernimiento del santo y del sagrado, de estados de consciencia adelante del incondicional del numinoso y del extático, que no se pueden explicar por otros medios sin que queden reducidos a algo diferente.
El elemento más revelador de la cristología eclesiástica es la representación simplista del Dios asociado a la “palabra” persona. Al presentar un Dios que era posible visualizar, haciendo poca justicia a la importancia del prologo del Evangelio de S. Juan, se perdió y se deformó el mensaje evangélica hasta tornarlo irreconocible y lleno de misterios, transmitiendo una concepción adulterada de un Dios en forma humana, o de un hombre divino-humano y consecuentemente, inadecuado en la busca espiritual.

La exegesis tradicional no da en la mayor parte de los casos suficiente atención al hecho del prologo, dedicado a la “palabra”, finalizar recordando que “Dios nunca ha sido visto por nadie”. Algunos críticos más atentos han recorrido a un argumento insustentable: sugieren que S. Juan se refiere al pasado sin prejuicio del futuro. Se percibe en el referido texto que cuando S. Juan quiere indicar la ausencia en el pasado de un acontecimiento, el utiliza muy claramente la expresión “todavía no”, o “hasta ahora no” u otra semejante.

La exegesis honesta no puede, por lo tanto, dejar de admitir de que en la mente de S. Juan, la posibilidad de poder o no ver a Dios es un asunto demasiado importante para que él omitiera la palabra “todavía”(Miranda, p. 135).
La exegesis objetiva no puede ignorar todos los trechos de la Biblia en los cuales el autor da’ a la “Palabra” un sentido paralelo al de Max Heindel.
Analicemos apenas uno de esos pasos: “ ¿ Por qué no podéis escuchar mi palabra?” (Jo 8, 43). La frase parece insignificante pero revela claramente que el autor bíblico distingue con lucidez el sentido de los términos lalia (lenguaje) y logos(Palabra). Es cierto que nuestra tradición intelectual puede llevarnos a asociar prontamente sin un análisis más detallado la palabra lalia al sonido, y logos al contenido conceptual del discurso. Pero en este caso, el verbo “Escuchar” debería referirse al contenido del texto bíblico – a lalia. Por eso, la interpretación no puede apoyarse en un supuesto contenido de la “Palabra”, ni permite que la “Palabra” sea objeto de hipótesis, como lo tienen hecho los exegetas, que la han convertido en un sustantivo propio para designar a la persona llamada Jesús.

Más lógicamente que los críticos bíblicos que lo precedieron, Max Heindel abandona las motivaciones extra bíblicas que pueden llevar a interpretar algunas expresiones en sentido literal o en sentido físico, y esclarece el sentido claro de la parte inicial del prologo del Evangelio de S. Juan en una de sus obras 12. Max Heindel levanta el velo sobre la importancia de algunos pormenores asociados a la interpretación global de la “Palabra” como es el caso de los trechos bíblicos: la “palabra” evocativa de Dios “que llama desde el principio las generaciones” (IS 41, 4); “los fundamentos de la tierra y de los cielos y les ordena que subsistan en conjunto” (Is 48, 13), y “los cereales y los hace crecer” (Ez 36, 29).
Se concluye entonces que en “el principio era Dios – como en el medio y en el fin - porque todas las cosas existen por Él, por medio de Él, de Él y para Él. 13, Y por eso se puede decir que “todo está vivo en la vida desde Él inicio”. No puede haber otra interpretación bíblica del proceso de creación. Hay siempre una relación reciproca entre Dios y el Mundo (Rob. p. 145).

Para S. Agustino, aún que las creaturas estén ligadas a Dios (en el sentido de que la relación con Dios constituye una parte de su ser, y que sin Él esa relación desaparecería), Dios no está ligado a Sus creaturas: nada Le pasaría si ellas dejasen de existir 15 (Rob. p. 146). Ha sido esta doctrina sobre Dios, como un Ser impasible en el sentido de no poder ser afectado por cualquier acción exterior – eternamente no afectado - que fue rechazada por Camus, y que lleva a que un dios ex machina sea transformado en machina sine deo materialista. No hay duda que el primer paso para el ateísmo esta siempre en una teología que rebaja Dios al nivel de las cosas dudosas.

Lo que hace el Padre ser Dios es que Él es hecho spiritus- sustancia divina - la forma divina de la materia. Por eso el Logos también es Dios porque es echo de spiritus, la única sustancia divina. El poder creador pertenece al Padre y recibe del Logos una participación en el ejercicio de ese poder. Por eso el Logos, o Hijo, proviene del Padre eternamente, así como un acto de volición proviene de la voluntad. Todo es Dios. Cuando Dios desea crear elige un lugar apropiado del Espacio, lo llena con Su aura y compenetra con Su vida cada átomo de la Sustancia-Raíz-Cósmica de esa porción particular de espacio, despertando de esa forma las actividades latentes en cada átomo no diferenciado.


La Trinidad Creadora

La elaboración del esquema de la creación del plan divino para la Historia humana o para el núcleo de la humanidad actual, haciéndose en el Primer Plan Cósmico, es un evento que no pertenece al plan temporal. Es supra-temporal y está en una dimensión la cual ningún ser humano puede conocer en la medida en que su conciencia permanezca sujeta a los límites de la temporalidad y de la sucesividad, incapaz de transcender aquellos límites de tal modo que pueda experimentar el pasado, el presente y el futuro de una sola vez.
La relación del Padre como un Dios que actúa en un Absoluto sin tiempo con la creación, debe ser percibida como una relación vertical con cada momento de nuestra existencia temporal de Su creación porque, de hecho, ella es parte de la acción por la cual Dios ejerce Su Poder. Nunca hubo una época en la que se pudiera decir que Dios estuviera distante o aleño a la creación. Y cuando hablamos de esa actividad somos obligados a usar expresiones temporales, aún sabiéndolas inadecuadas. Y así vemos que el episodio de la creación no es un proceso inmanente que se desarrolla por sí mismo: Es “llamado” a la existencia y conducido para el nivel de la vida, de la personalidad y del espirito, por una atracción evocativa por medio de la “palabra” que “llama” desde el principio las generaciones (IS 41, 4).

Vitalizando con Su vida la sustancia Raíz Cósmica existente en la aurora de la manifestación, El Verbo la hace vibrar, dándole características nuevas para cumplirse el plan de Evolución (CRC, Cap. VI, p. 150). El tejido inicial de la creación emergente es impregnado de monadas espirituales, o espíritus virginales diferenciadasen Dios que evolucionan según un potencial inscrito en el Primer Día de la Creación (CRC, p. 151).
El surgimiento de la interioridad espiritual es un salto cualitativo en el orden de la creación y resulta de las semillas espirituales inscriptas por Dios como posibilidades o razones causales en el Primer Día (Marias, p. 216). Estas razones causales o espíritus virginales necesitan de tiempo necesario para lograr la perfección de su Naturaleza. El salto cualitativo es notable en cada uno de los Días de la Creación, los cuales deben ser entendidos de modo alegórico. Son etapas con una duración suficiente para que las razones causales logren su plena realización. Los Días de Creación y o manifestación, son denominados Periodos. El Primer Día es el llamado Periodo de Saturno y el ser más evolucionado de ese día es naturalmente el Padre. El ser más evolucionado en el Según Día, o sea, El Periodo Solar, es el Cristo; Y el ser más evolucionado del Tercer Día, el periodo Lunar, es el Espirito Santo.


El Cristo

Cuando nos referimos al vínculo entre el Padre y Cristo no presuponemos su identificación con Jesús de Nazaret. Mismo en la fe cristiana tal identificación nunca fue afirmada de forma absoluta. Lo que se afirma si es que Jesús de Nazaret tiene una relación constitutiva con lo que Pablo, siguiendo el Antiguo Testamento, llama de una Sabiduría increada. Filo, llama sabiduría al Logos, con lo que Mateus e Lucas, siguiendo el Judaísmo, consideran en íntima relación con el Espírito Santo e con lo que la tradición posterior decidió llamar el Hijo.
“Cristo” es una palabra ambigua. Es la traducción griega del hebreo Mesías. Se identifica equivocadamente con el Logos y se compara a Jesús. La palabra significa “ungido”, y con el propósito de recuperar la plenitud del sentido atribuido a este Principio, debemos pensar en el Ungido. Solo en la unción hay una religatio. Así, Cristo, es el único vínculo entre el creado y el increado, entre el relativo y el temporal. Él es el mediador único. Todo lo que opera entre dos polos, Es Cristo, Camino y Sacerdocio Cósmico. De hecho es este Ser el mediador entre el divino y el cósmico. Todos los seres, en la medida en que participan en Cristo, son de, con, y por Él. Por eso todo el ser es una cristofania, una manifestación del Cristo, (Panikar, 94)


El Espirito Santo

En la enseñanza y en el credo cristiano se habla en Dios Padre. Se continúa por el Hijo (acerca del cual ya no referimos), y se llega al Espirito Santo. La imagen tradicional no es muy clara. Algunas veces la Biblia habla de la realidad del Espirito Santo en términos de masculino e otras veces en términos de neutro. El problema es que son calamitosas las dos imágenes correspondientes: una persona y una cosa. La imagen de una persona como cosa apenas lo torna irreal en la medida en que no lo podemos figurar como un ser humano. El defecto básico de esta imagen es su limitación. El espirito de una realidad colectiva distribuido por todo el pueblo. El Espirito Santo es derramado para todos y pertenece a todos, en virtud de su inserción en el cuerpo de Cristo, el universo. La Kiononia, o la compenetración por el Espirito Santo es un anuncio de la Nueva Edad. Por lo tanto, el primer requisito para cualquier imagen del Espirito Santo es que, antes de todo le demás, sea colectiva (Robinson, Nisso, p.185) Dios también es espirito, pero de manera diferente de todo lo que podemos conocer en una unión puramente humana. Sin embargo, hay una afinidad profunda: como dice el Libro de los Proverbios, en una imagen llena de belleza: “el espirito del hombre el candela del señor”. El Espirito Santo es el punto en que el espirito, la profundidad de nuestras vidas, se encuentra individual y colectivamente, con el fuego del Señor vivo que lo enciende.
El espirito Santo es definido y encarnado con el Espirito de Cristo; es definido por Él, pero no se limita a Él. El rosacruz tiene consciencia del Espirito así como de la benigna realidad circundante de la cual su vida se evidencia a cada momento (Robinson, Nisso, p.127).
La compleja idea del Dios trino y e uno, asociado al Espirito Santo como una de las personas de la unidad divina, parece ser el centro de las dificultades generadas en la doctrina cristiana. Lo que diferencia las tres Personas de la Santísima Trinidad son apenas las relaciones de grado establecido entre ellas. En diversos textos neo testamentarios entre personas de la Santísima Trinidad, encontramos algunos ejemplos de ese relacionamiento, como el caso del Evangelio de S. Lucas.
“El espirito es el Espirito de Dios Padre y, al mismo tiempo, Espirito del Hijo, saliendo sustancialmente de ambos simultáneamente, esto es, derramado por el Padre a partir del Hijo” (De Adoratione, libro I, p. 68, 148).

Es necesario esclarecer aquí que en la lengua griega solo existen artículos definidos. Cuando en griego se dice “el”, se escribe “ho”, y no existen artículos indefinidos, como por ejemplo en portugués “um” o en castellano “un”. Si leemos el Antiguo Testamento, encontramos la frasis: “Pero por fin llego en mi presencia (…) en lo cual está el espirito de los dioses santos” (Dan 4, 8). En Luc 1, 15 leemos: “Porque él será grande delante del Señor (…) y él será lleno de “un” espirito Santo”. Más adelante en 1, 67 encontramos: “ (Y su padre Zacarías fue lleno de “un” Espirito Santo”.

La traducción en uso “del Espirito Santo” del texto griego del Nuevo Testamento es poco fiel porque no habiendo nunca el articulo definido ho, quedamos obligados a usar el indefinido “um” en la traducción portuguesa y “un” en la traducción castellana. Y de aquí se concluye que “un” espirito Santo no es Dios, pero el propio espirito individual (Chaves, p.166.), la centella divina presente en todas las personas, en todos los lugares y en todas las épocas. Si profundizamos en el tema y nos preguntamos cuál es la diferencia entre “tenemos Dios viviendo en nosotros”, estar “llenos de espirito Santo”, o “poseer Dios con nosotros” somos obligados a contestar que el Nuevo Testamento no hace una distinción clara (Bailli, p.175). Parece por lo tanto, que el punto de vista trino asociando el Espirito Santo a una persona, es una simple doctrina teológica y no una proclamación de las Escrituras (id. p. 177).

Ya hemos visto que Cristo no es un tercer modo de la existencia de un solo sujeto divino o Dios - semejanza del Padre y del Hijo: Él es el iniciado más elevado del Periodo Solar. El Espirito Santo no es un tercero sujeto espiritual, pero un tercer YO, un tercer Señor al lado de los otros dos (ib. p. 156). El Espirito Santo (Javé ) es el iniciado más elevado del Periodo Lunar.

Sin propender para un triteismo, podemos recorrer a la analogía de la unidad de un organismo social humano y a la personalidad de una sociedad o Estado, para definir cada uno de estos seres como personalidades distintas en el sentido moderno de la expresión, coexistiendo como entidades distintas en una unidad social.

Cabe ahora notar que a intuición tripartida parece ser una invariante humana. Aparece tanto en una visión tríadica de la realidad (el divino, el humano y el cósmico), como en la constitución del hombre (cuerpo, alma y espirito) (Panikar, p.111). La unidad divina ocurre en el Primer Plan Cósmico. Pero progresivamente la mente cristiana se ha visto obligada a mejor comprender la relación de la trinidad inmanente del Ser Supremo con el Mundo por medio de una equivalente trinidad actuante que más se aproxima de un trinitarismo (id. P. 124).
Vimos que la Teología cristiana, influenciada a por la cultura griega transformó la metáfora ampliamente utilizada en el mundo antiguo de la cultura judaica, por lo que ocurrió un deslice en la interpretación que pasó a dar un sentido literal a la expresión Dios-Hijo de modo que complica la interpretación de su verdadero sentido.

Si el cristianismo si tuviera desarrollado en el contexto sinagogal de predominancia judaica, nunca hubiera conocido una doctrina de la encarnación tal como es tradicionalmente comprendida (Vermes, Jesus and the world of Judaism, p.72).

En la práctica, los acuerdos teológicos obtenidos en Nicea (325) y después en Calcedonia (415), resultaran en la elevación de Constantino a un estatuto semejante al de un vice-reye, de un representante Dios en la Tierra (Alistair, p.47- 64) y a la exaltación de Jesús como Señor, Salvador y Dios (Hik, p.139).


Cur Deus Homo?

¿Porque Dios se ha hecho hombre, o más correctamente, por que Cristo se manifestó en Jesús? El uso de los Evangelios como “fuentes históricas para la reconstrucción del Jesús de la Historia es ilegitimo, pues no fueran escritos con la finalidad de producir evidencia histórica.


Jesús de Nazaret

Max Heindel enseña que “Jesús pertenece a nuestra humanidad. Estudiando en la Memoria de la Naturaleza el hombre que se llamó Jesús, podemos seguirlo por sus vidas anteriores. En ellas vivió por diversas circunstancias, con varios nombres, en diferentes encarnaciones, del mismo modo que cualquier otro ser humano” (CRC, p.297).

La influencia de las enseñanzas de Max Heindel se ejerció no solamente entre el público aún que esa influencia tenga sido más fuerte ahí, como habitualmente sucede en estos casos, do que en la teología eclesiástica profesional. En el seno de los teólogos ocurrió una reacción propia que se revela de diferentes modos, siendo el más notable en la cristología desarrolladla por teólogos de la estirpe del presbiterano Donald Bailli, o del anglicano Geoffrey Lampen, y en el comentario de los evangelios que ahora aparecen revelando más interés por la reconstrucción de la autentica mensaje del cristianismo, do que por las simples conjeturas históricas de la vida diaria de Jesús. Este cambio de paradigma resulta de la comprensión de los constantes alertas de Max Heindel para las inúmeras alegorías bíblicas17 y para el hecho de que, por un lado, los Evangelios sean formulas iniciáticas que encierran procesos para obtener el poder del alma,18 y por otro, las fuentes que poseímos nos aseguren que los evangelios no fueran escritos con interés histórico o biográfico, nada teniendo a ver con el deseo antiguo de “reconstruir” del Jesús de la Historia.19 Se nota la influencia de esta mística en el desarrollo de la llamada “Critica de la Forma”. Pasaran a analizarse los inúmeros fragmentos bíblicos y a construirse los actuales evangelios de otro punto de vista, ultrapasando así las actuales limitaciones bíblicas y confesionales de la teología dogmatica. Al reconocer las limitaciones de Jesús de la historia se penetra finalmente en la obscuridad del dogma eclesiástico y se encuentra, con simplicidad, la verdad histórica a respecto de Jesús. El nuevo Testamento no muestra interés pela “personalidad” de Jesús, ni por cualquier otra “personalidad”, pues esta palabra indica una actitud y un modo de ver las cosas contrario al cristianismo. Ni S. Pablo se interesa por el carácter humano de Jesús, basando tal afirmación e la declaración de Cor II - 5, 16.

Es cierto que algunos trechos del Nuevo Testamento nos dan la impresión de encontrarnos con una cristología que presenta a Jesús como un ser sobre-humano, sin embargo nunca totalmente divino. Jesús es siempre un Ser Humano bastante diferente de Dios y a Él Subordinado. No hay en los textos neo testamentarios nada que se pueda considerar de culto a Jesús. Cualquier cosa que Jesús tenga dicho o hecho en sus enseñanzas o en su vida, resulta de la acción de Cristo.

En el Nuevo Testamento no existe la figura de Prometeu, coadjutor de los hombres, en contraste con un Dios distante. Por eso, las dos palabras Jesús y Cristo no se pueden usar indiferentemente, y la verdadera cristología nunca dirá que Jesús era Cristo pero que Cristo estaba en Jesús. Así, el Nuevo Testamento no habla únicamente la naturaleza de Cristo, pero de su actividad, de lo que ha hecho al actuar por medio de Jesús. Otro modo pelo cual la verdad cristiana a respecto de Cristo se pueda se expresar no existe. Para nos transmitir una autentica mensaje de Cristo no es necesario que Jesús fuera Cristo.



La encarnación y la trinidad

Reformulemos ahora el trecho bíblico que más que todo pretende exprimir la convicción de que todo el progreso de la naturaleza y de la historia debe ser visto no solo en términos de “hominización”, pero también de “cristificacion”. Nos ayudará la interpretación de lo que pretende ser un panorama cósmico en términos de la moderna cosmología evolutiva. El trecho bíblico referido es evidentemente el prólogo del Evangelio de S. Juan, en la lectura de Max Heindel. Quiere esto decir que desde el principio todo estaba vivo. Esta es la interpretación bíblica del proceso de creación. La realidad total no era visible en el proceso. En la imagen del Antiguo Testamento, el espirito de Dios andaba sobre las aguas. Hasta el inorgánico debe ser interpretado, no simplemente en términos de vida, nephesh, pero en términos de espirito, ruah, del Espirito de Dios (CRC, p.262, 4 ed. (Robinson, p.154)


El Espirito Santo

Por otro lado, resalta la distinción entre las personas de la trinidad basada en la definición de persona de Boecio:naturae rationabilis individua substancia. Podemos usar una analogía de tres sujetos individuales, y en este caso no existe diferencia entre la persona antigua y el sentido moderno de personalidad.
Podemos hablar de tres Personas en la más alta categoría de la unidad personal y social, pudiendo atribuir separadamente un “Yo” especial con voluntad, consciencia y contenido especial, naturalmente ligadas entre si y reunidas en el Padre en la unidad de una personalidad absoluta pudiendo, en este caso, pensarse en una tríade simétrica de tres personalidades distintas en el sentido moderno y coexistentes en una unidad superior con funciones definidamente separadas. El Concepto habla del Dios, el Padre habitando en Cristo, y del Espirito Santo concedido Cristo, designando esta tríade de personalidades distintas con funciones definidamente separadas: Padre, Hijo, Y Espirito Santo.



Cristo

Es probable que diferentes interpretaciones del problema de la trinidad sean esenciales para diferentes tipos de mentalidad. Es fácil verificar como las diferentes interpretaciones no están de acuerdo con el sentido que Max Heindel les da en el Concepto Rosacruz del Cosmos al redescubrir a la luz del pensamiento moderno, lo que la doctrina de la encarnación siempre significó en el contexto del cristianismo. Es evidente el contraste que hay entre este punto de vista y la interpretación confesional. Esta prefiere con toda la sinceridad, considerar las tres Personas en la más alta categoría de unidad personal y social. Aquél prefiere hablar de una persona de tres modos de ser, como ahora veremos.

Las tres personas son, por lo tanto, tres aspectos o modos distintos de existencia del Dios, único en sus relaciones mutuas (Baillie, p. 155). Cuando se dice Dios Tri-uno no significa que se hable en tres elementos que sean exteriores a la divinidad de Dios (lo que haría el proprio Dios un ser superior más allá de estos tres elementos, o en tres partes de Dios), pero en una persona universal en tres “modos de existencia” (Baillie, p. 164).


Cristo y Jesús

Los Siete Planes Cósmicos se interpenetran unos en los otros y a todos los siete mundos. Por este motivo, Dios y los otros grandes seres no se encuentran mucho distantes en el espacio. Ellos interpenetran todas y cada una de las partes de sus propios reinos y aun los de mayor densidad. Puede decirse, por lo tanto, que “en Él vivimos, nos movemos y tenemos nuestro ser porque nadie puede existir afuera de de estas grandes inteligencias que con Su vida, interpenetran y sustentan nuestro mundo” (CRC p. 142).
Se puede decir, por lo tanto, que debido a la unicidad divina, la mente del Logos contiene en Si misma mente humana con la cual tiente una relación asimétrica, de lo que resulta una encarnación plena en todas las formas de vida inferiores. Como ensena Max Heindel en su libro “Misterios Rosacruces”, cuando se traduce correctamente la enseñanza de S. Juan, el termino Logos crea una puente que une el mundo judaico y el mundo helenístico. Del lado Judaico, traducido como “Palabra”, Logos se identifica con el medio por lo cual Dios ha creado el Universo y interactúa en la Creación. Del lado helénico, Logos pude ser traducido por “razón”. La cultura helénica se caracterizaba en esta época por una mezcla de culturas donde fluctúan pedazos de varias escuelas filosóficas. El estoicismo contribuyó con la noción de Logos para designar el principio de orden inmanente al universo, el principio de racionalidad que hacia el Universo un cosmos ordenado en vez de un caos. Por eso, en cada ser humano hay semillas del propio Logos: logoi spermatikoi.

Los teólogos contemporáneos insisten en destacar la divinidad de Jesús con base en el evangelio de S. Juan. Entre los demás trechos aducidas a favor de su tesis se hace mención a la referencia de S. Juan 10, 32 sobre “las buenas obras”. 20 Cuando Jesús, con clara intensión reveladora declara a los judíos tener realizado “buenas obras” delante de sus ojos, y les pregunta por cuál de ellas lo quieren prender (Jo 10-32), sus conterráneos de responden: “No te prendemos por tus obras, pero por la blasfemia, porque siendo un mero hombre te haces Dios” (Jo 10-33). Lo que Jesús quiere destacar en esta controversia es la identidad de actividad (como el trabajo de un artizan es igual al de su padre), aquel tipo inconfundible de obras que se pueden llamar “buenas obras”. La tesis central está en Jo 5, 17: “Mi padre vive a trabajar y así yo trabajo también”. Resalta en esta respuesta no solo el contenido del trabajo, como también la igualdad entre el trabajador Jesús e el trabajo de Dios. Se trata, por lo tanto, de una identidad de actividades que son “buenas obras”. No se pretende negar aquí ni poner en duda la divinidad de Jesús, pero de entender algo que para Juan es mucho más importante y que puede pasar desapercibido si nos distraemos en divinidad de Jesús. (Miranda, p. 230).
En todas las circunstancias referidas, S. Juan no formula la tesis de la divinidad de Jesús por que le urge más revelarnos la identidad cualitativa de las obras. Todos estos trechos dan a entender claramente la intensión de enseñar algo más que la mesíanidad de Jesús, además la tesis de S. Juan no es en ningún caso reducible a lo que nosotros entendemos por divinidad de Jesús. Estructuralmente hablando, si admitimos que en la sección construida por los versículos Jo 1, 19 – 10, 41, el primer bloque, formado por los versículos 1, 19 – 4, 45, se refiere a la proclamación de la enseñanza bíblica, entonces el segundo, que reúne los versículos 5, 1 – 10, 42, debe contener algo mucho más importante aún. Seria herméticamente equivocado y un simple perjuicio teológico, demostrativo de una acomodación de los asertos bíblicos a los cánones del perjuicioso sistema teológico eclesiástico, suponer que este algo no sea más que la divinidad de Jesús.

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