sábado, 15 de diciembre de 2012

El Nacimiento de la Luz: La Navidad secreta y I


El Nacimiento de la Luz: La Navidad secreta y I

on Martes, 13 Diciembre 2011. Publicado en Paradigmas


LA NAVIDAD EN CUATRO CLAVES: METAFÍSICA, COSMOLOGÍA, MITOLOGÍA Y ASTROLOGÍA
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Primera parte del artículo de Jordi Calvet dedicado a la Navidad desde perspectivas no ortodoxas y basadas en los contenidos más metafisicos y desconocidos de esta antiquisima tradición que trasciente en realidad el mismo Cristianismo en el que supone se basa.
Todo lo visible no es más que una parábola. Y así ocurre siempre: se trata de una analogía de lo que yace detrás.
Y si hablamos de realidad, siempre nos referimos a lo que, en el sentido metafísico, se encuentra detrás de la naturaleza, detrás del mundo de los fenómenos. La metafísica se refiere así a algo directo, a algo que se distingue de lo que conocemos a través del pensar, de conclusiones y abstracciones. Se trata de la comprensión de lo que se encuentra más allá de la naturaleza.

El análisis de hechos y las investigaciones históricas se ocupan siempre de acontecimientos muertos, de manifestaciones que verdaderamente no están vivas, no eternas y en realidad insignificantes en última instancia. El interés de la ciencia y los historiadores en hechos, cosas y acontecimientos se valoriza en sí, solo para quienes no tienen otra meta que proseguir y continuar lo que sucedió en el pasado que estudian.
En la metafísica se trata de una percepción bien distinta. La metafísica es la representación de una realidad que existe antes de todos los hechos y antes de todas las cosas. La metafísica se ocupa de lo que existe detrás del mundo de las manifestaciones y que es, por ende, una realidad. Y en la realidad se sucede lo que acciona, lo que actúa. La realidad no es nunca manifestación por si misma, pero produce manifestaciones y se expresa a través de manifestaciones. Y es esta expresión de la realidad la que lleva a la multiplicidad de los fenómenos de nuestro mundo.
Por lo tanto la metafísica es también el origen y fundamento de todos los otros conocimientos. Esta imagen metafísica, este conocer las cosas detrás de las cosas. en el aspecto eterno no sujeto al tiempo, el aspecto que se encuentra detrás del transcurrir de nuestro mundo conocido , ha sido una comprensión altamente valorada en todas las grandes civilizaciones del pasado, cuando muy pocos poseían esta comprensión directa. No obstante, todos se daban cuenta de cuán esencial es esta justa comprensión. La comprensión de lo real, de lo verdadero detrás de los fenómenos y de los hechos era  reconocido en todos los tiempos, por todas las culturas.
El mundo irreal, el mundo de las apariencias que los hindues denominan Maya, y los Egipcios llaman El Velo de Isis, debe ser traspasado para ver a través de él, para despertar, para poder liberarse y salvarse de esta ilusión que nos produce el apego al mundo fenoménico.
Este despertar es la llamada para librarse de la obsesión de alcanzar el futuro que en realidad no existe. Y esto es enfatizado en todas las expresiones Cristianas. Se trata del reino que no es de este mundo y al cual se puede acceder solamente a través de este mundo fenoménico.

La llamada no es para esforzarse en cumplir normas, leyes y mandamientos a fin de obtener más adelante una vida de duración eterna. La llamada es para transformar la conciencia, para hacer estallar sus límites y abrirse a la conciencia cósmica.
Algo muy parecido enseñaba Buda: abandonar la rueda de las reencarnaciones, la rueda de las repeticiones compulsivas, pero manteniéndose conscientemente en este tiempo. Esta directriz que guía hacia el despertar espiritual está contenida en todas las enseñanzas esotéricas secretas de todas las tradiciones Cristianas que siempre han sido transmitidas por el camino de las iniciaciones.
Este camino esotérico que es propio de monjes y ermitaños, no es accesible ni adecuado para todos. Es un camino de entrenamiento  consciente que emplea técnicas y métodos complejos y a veces realmente duros para alcanzar la meta de la liberación y el despertar. Debido a que este camino iniciático no es adecuado para todos, desde la antiguedad este mismo conocimiento ha sido transmitido de un modo más accesible por medio de otro camino: el mito.

kwanSuponemos sencillamente que nuestra manera de manejar la vida, nuestro mundo actual acuñado por la ciencia y la tecnología nos ha colocado en la cúspide absoluta del desarrollo, y que en consecuencia este es el punto máximo que puede alcanzar la humanidad.
Ya es tiempo de que removamos un poco esta actitud. Quizás nuestros predecesores no eran ningunos tontos. Tal vez eran más sabios en muchos aspectos y lo que sucede es que no los entendemos. Tal vez todo lo que hacemos actualmente no es la última solución para la existencia humana, ni el último peldaño donde tendría que culminar el desarrollo humano.

Si observamos con un poco más de modestia y humildad lo hecho por culturas anteriores a la nuestra, si vemos más allá de nuestro estrecho círculo cultural, quizás encontremos allí una sabiduría verdadera. y quizás entonces seremos capaces de no seguir juzgando unilateralmente al mito como nada más que un mito, no continuaremos viéndolo peyorativamente como la expresión de gente que no conocía otro modo de manifestarse y que compusieron así sus fantasías infantiles bastante simpáticas, pero que por lo demás no sirven de nada.
Visto exteriormente, el mito consiste en una cantidad de cuentos, historias, cuadros, ritos, ceremonias y símbolos. Los mitos pueden basarse en hechos históricos. Sin embargo, no todo hecho o conocimiento histórico se presta para llegar a ser un mito.
Las tradiciones míticas no surgen premeditada y voluntariamente. El mito es algo que crece, es muy viviente y surge de si mismo de las capas profundas del inconsciente cobrando forma, un cuerpo. Pero la forma o el cuerpo que adopta no debe ser visto como algo casual o sin sentido porque el desarrollo de un mito se basa en una estructura básica común; igual que nacemos sobre la tierra, con distintos colores de piel, razas distintas, apariencias distintas, pero una estructura común que nos permite hablar del ser humano genéricamente, como hablamos de los cristales de la nieve y de la sal, que en su inmensa variedad de formas se basan en una estructura cristalina definida.
Tenemos que acostumbrarnos a la idea que la estructura existe de por sí y no ha sido insertada por nosotros. Así nos lo señala la química, nos lo enseñan las plantas, nos lo enseña la naturaleza. Aquí no hay nada encajado por nosotros y sin embargo se revelan estructuras arquetípicas. Y de este modo es como surgen los cuadros, alegorías, representaciones, cuentos, parábolas e historias de las profundidades del inconsciente del pueblo. Sin la voluntad, sin agregar un componente consciente, crece el mito de acuerdo a una estructura interior.
Por esta razón los mitos se parecen a los cuentos de hadas, que también pertenecen a este campo, lo mismo que las antologías de todos los pueblos, de todos los tiempos que en esencia todos se parecen entre sí, de igual forma en que se parecen todos los árboles aunque cada uno presente rasgos diferenciales según su especie.
La investigación de C.G. Jung se presta para cambiar en esencia nuestra actitud respecto a los mitos. En nuestro tiempo deberíamos ocuparnos de los mitos porque son, en síntesis, el verdadero alimento del alma. Y todos nosotros estamos bastante muertos de hambre a este respecto por haber despreciado dicho alimento al creer que podríamos renunciar a él tildándolos de ser nada más que fantasía e irrealidad. Es así como hemos pasado por alto que el mito siempre es más real de lo que jamás puedan llegar a serlo los hechos, los acontecimientos o la historia.

Como mencioné anteriormente, el mito procede de una capa psíquica muy profunda, de un capa de la consciencia que nunca ha sido icluída en nuestro mundo de apariencias y refleja las realidades psíquicas. El mito llega al ser humano si éste todavía está abierto y contiene cuadros o imágenes que dan un significado más auténtico cuando llegan a las capas más profundas. Por eso es un alimento para el alma.
Todas las narraciones religiosas, todos los relatos sobre los hijos de los dioses que existen en varias religiones, todos estos relatos religiosos también son mitos. La teología se inquietaría muchísimo si se hablara de los mitos en relación a su religión, por dos razones: Primero, porque pretende inculcar prejuicios contra los mitos como si estos fueran falsos, irreales, y sin comprender que son la verdadera realidad, la estructura más profunda. Segundo, porque insiste en aferrarse a la opinión según la cual la importancia del Cristianismo radica en el papel histórico que desempeñó la persona llamada Jesús. Tratemos de ser más abiertos para ver al Cristianismo bajo los parámetros del mito, no para quitarle algo, no para disminuirlo, sino para acercarlo a nosotros bajo otro ángulo y para quizás poder sentir lo que esta historia nos puede decir si no la consideramos únicamente bajo la mirada del historiador.

Por medio de la comprensión se constituye algo como una filosofía perenne que guardó siempre en su contenido la misma enseñanza expresada de distintas formas de acuerdo a los tiempos cambiantes. Esta contínua filosofía, que también fue llamada filosofía perennis, permanentemente mantenida, nunca fué teoría especulativa, sino sabiduría en el sentido de la comprensión experimentada, era la experiencia del ser en sí.
Jung_MandalaNuestra cultura actual valora muy poco esta comprensión metafísica y se ocupa relativamente poco de ella. En nuestra cultura damos el mayor aprecio, atención e importancia a las cosas y hechos que se ubican en primer plano, a las apariencias, que en realidad no son más que la expresión. Con esta actitud nuestra cultura altera la tradición, que en otras épocas giró alrededor de lo esencial, de lo que está detrás de los fenómenos.Todos los relatos religiosos, incluidos los del Cristianismo, pueden observarse desde tres niveles diferentes. El primero es el plano histórico, el segundo el mitológico y el tercero el nivel cósmico. Estos tres niveles corresponden a la división original cuerpo-alma-espíritu. El plano histórico corresponde al cuerpo, el mitológico al alma y el cósmico al espíritu. Aunque por supuesto, estos tres puntos de enfoque no se encuentran totalmente aislados el uno del otro, sino que están unidos e interconectados por analogías o correspondencias verticales.
El nivel histórico a veces resulta poco coherente y un tanto contradictorio, sobre todo si lo vemos desde varios ángulos o sin relacionarlo con los demás niveles.
Las historias y los cuentos empiezan a menudo con: “Hace tiempo y allá lejos”, “Érase una vez”, “Había en un país lejano...”. Estos comienzos nos dan un punto de distancia y nos ubican en el pasado. Eso nos permite a veces, observar las cosas sin mojarnos del todo. Reflexionamos sobre ello y nos tomamos nuestro respiro respecto a los personajes de la historia.
Pero el nivel histórico vibra con nosotros, cuando lo miramos en relación a los otros dos niveles. Es entonces cuando comprendemos lo que acontece y descubrimos el significado de lo que se manifiesta históricamente. Ningún hecho ocurre por azar en el espacio y en el tiempo, más bien, el curso de la historia representa una activación de unas leyes universales en relación con hechos circunstanciales. La consideración de las corrientes históricas, tiene su sentido siempre que las relacionemos directamente con nosotros y los diferentes planos de la existencia, en el presente.
Una representación teatral del siglo pasado, requiere de variaciones para hacerla inteligible al público contemporáneo. Modernizamos una forma de expresión y consideramos una re-escenificación tanto del decorado como de algunas formas de la misma. La historia se repite. En diferentes personajes, distintos países, en épocas diversas. El sentido oculto se repite, pero con lenguajes apropiados a los tiempos actuales.
Un acontecimiento dramático sentido en un momento dado, lo repetimos, escenificado por medio de una fiesta o una representación folklórica o religiosa. Desde el nacimiento repetido en las fiestas de aniversario, hasta las celebraciones de acontecimientos militares, sociales, políticos o religiosos.
Aquél sentimiento profano o no, lo hacemos vigente y lo repetimos cada cierto tiempo, para reforzar nuestra mirada sobre tal experiencia. Lo que sucede a menudo es que la visión se pierde o se distorsiona y las nuevas generaciones olvidan la importancia de lo que se hace, el significado original de tal propósito y se retorna a la ignorancia, puesto que al olvidar la historia, estamos condenados a repetirla.
El hecho que un ser recorra a la vista de todos este camino arquetípico de desarrollo de la humanidad, permite a los individuos de diferentes épocas ver como una representación de una obra teatral. El Camino de la Conciencia que ellos mismos tienen que recorrer.
Las representaciones son escenificaciones que se repiten periódicamente, renovadas, enriquecidas y adaptadas al estado de conciencia de la humanidad de cada época, agregándoles cada vez algo nuevo o modificándolas de acuerdo al aprendizaje logrado en cada escenificación.
Se pugna por el envase que envuelve las diferentes ideas, aunque se pueda constatar que el contenido siempre es el mismo: El Camino hacia una Conciencia más elevada y más expandida. Las distintas envolturas, serían las diferentes escenografías así representadas.
En el contexto cristiano, se celebran muchas de estas escenificaciones. Una de ellas es la que pertenece a las fiestas navideñas.
En el plano cósmico, cada año, en la tierra se pone en escena,  un grandioso acontecimiento reflejado en el universo. Para el ser humano, el Sol es el foco central que da luz y es fuente de vida. 
En casi todas las culturas, las celebraciones más relevantes o las fiestas religiosas importantes, se hacen durante las fechas en que el Sol está en una posición determinante del año. Si miramos detalladamente el recorrido del astro, encontramos un trazado cósmico.
El Zodíaco es un círculo dividido en 12 segmentos de 30 grados cada uno, realizando 360 grados, y el Sol recorre en un año, el Zodíaco. Los 360 grados, a razón aproximadamente de 1 grado cada día, que sumados constituyen los 365 días de nuestro año. Por medio de la inclinación entre la elíptica y el ecuador terrestre, se dan las diferentes estaciones del año porque se producen acercamientos y distanciamientos de la tierra respecto al Sol y se dan las relaciones día / noche. Así se produce en el Zodíaco una división de 4 puntos determinantes por estar señalados en el calendario y que indican el paso del Sol en su recorrido: el principio de la primavera, del verano, del otoño y del invierno.
La primavera comienza alrededor del 21 de marzo, el verano se inicia el 21 de junio, en otoño el 21 de septiembre y en invierno el 21 de diciembre. De acuerdo a la astronomía y al Zodíaco, encontramos 4 puntos indicados: el comienzo de la primavera se denomina equinoccio de primavera (equinoccio quiere de decir igual duración del día y de la noche). Este equinoccio se presenta cuando el Zodíaco se halla a 0 grados Aries, alrededor del 21 de marzo. Opuesto a este punto, a 180 grados de distancia, se encuentra el otro equinoccio, el de otoño. Hacia la mitad de estos puntos, a 90 grados, se ve otro eje que representa los 0 grados de Cáncer, alrededor del 21 de junio, que marcan el comienzo del verano. Y finalmente, opuesto a este punto, a 180 grados, encontramos los 0 grados de Capricornio o solsticio de invierno.
Estos son puntos astronómicos que introducen las diferentes estaciones del año y que se caracterizan por la duración más igual del día y de la noche en el año en los dos días que marcan el comienzo de los dos equinoccios y los dos días y noches mas largas en todo el año durante los dos días que indican el inicio de los solsticios.
Si seguimos el recorrido del Sol entre el punto de inicio del otoño y el del invierno, presenciamos el acortamiento del día y el alargamiento de la noche. Esto quiere decir que las fuerzas lumínicas, las fuerzas del día, se retiran paulatinamente: el día se acorta y la noche se prolonga.
Si observamos el aspecto mitológico, vemos las relaciones visibles cambiantes, en las cuales las fuerzas de la luz van desapareciendo doblegadas por la oscuridad, que comienza a dominar y abarcar más espacio. El día se va retirando.
Final del artículo el día  15 de Diciembre, ¡no te lo pierdas!



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El Nacimiento de la Luz: La Navidad secreta y II


El Nacimiento de la Luz: La Navidad secreta y II

on Miércoles, 14 Diciembre 2011.


LA NAVIDAD EN CUATRO CLAVES: METAFÍSICA, COSMOLOGÍA, MITOLOGÍA Y ASTROLOGÍA
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Segunda parte del artículo de Jordi Calvet dedicado a la Navidad desde perspectivas no ortodoxas y basadas en los contenidos más metafisicos y desconocidos de esta antiquisima tradición que trasciente en realidad el mismo Cristianismo en el que supone se basa.

Cuando celebramos la Navidad, el Sol se encuentra a 0 grados de  Capricornio, en el punto del solsticio de invierno, cuando las noches se han hecho más largas y los días más cortos. Este es el momento en que el Sol se encuentra más alejado de la tierra en todo su recorrido anual.
Y en esta máxima oscuridad, en esta noche nace la luz. Nace, literalmente, de modo natural. Se sucede por causa de Leyes naturales. Hasta ese punto la noche dominaba. En el solsticio cambia la situación: en el momento en que las fuerzas de la oscuridad parecen haber vencido empieza el triunfo de la luz. A partir de este punto comienzan a aumentar de nuevo las fuerzas de la luz, con lo cual los días se alargan y al aminorar las fuerzas de la oscuridad, mengua la noche, quedando en equilibrio la duración de día y noche.

Las culturas antiguas mantuvieron un contacto más estrecho con las fuerzas de la naturaleza. Festejaban de manera especial los cambios de las estaciones. Para estas culturas tenía especial significado el punto en el que, en medio de la mayor oscuridad exterior, nacía la luz y comenzaba su curso victorioso sobre las fuerzas de las tinieblas.
La “Nochebuena”, la noche de navidad fue celebrada desde siempre como una noche de consagración. En esta noche se llevaban a los que estaban preparados a las escuelas místicas para su Iniciación. Allí se ejercitaban en las prácticas esotéricas de mirar el Sol a media noche.
Esta antiquísima fiesta, celebrada como la noche de consagración por todas las culturas, fue aceptada muy tardíamente como la fiesta del nacimiento de Jesucristo en el siglo IV, en el año 337, aceptado por  el Papa Julio. Previamente existieron 136 fechas distintas para dicha celebración. Crisostomo escribe 390 años después de Cristo lo siguiente: En este día  (25 de diciembre), se fijó hace poco en Roma, el nacimiento de Cristo para que los Cristianos puedan celebrar sus fiestas sin ser molestados, en tanto los paganos están ocupados en sus ceremonias. Las ceremonias paganas a las que  hacía alusión consistían en el festejo del nacimiento del Sol victorioso y recibían el nombre de Bromalia.
Entre el día de Nochebuena y lo que hoy se celebra como la fiesta de los Reyes Magos, transcurren 13 días; es la temporada más importante del año desde el punto de vista esotérico.

Algo más podríamos interpretar de este recorrido zodiacal: El nacimiento de Jesucristo. Este nacimiento se celebra en la medianoche del día más oscuro del año y la noche más larga. Al colocar una línea sobre el eje del día en el que el Sol está a 0 grados de Capricornio (solsticio de invierno a medianoche),en el Este está Virgo como ascendente en el Zodíaco astrológico. Esto quiere decir que exactamente a medianoche se levantaba en el horizonte del Este la constelación de Virgo. Esta es la señal cósmica del nacimiento de la luz a través de una Virgen.
A esto se refieren siempre los alquimistas como esencial: la verdadera quinta-esencia sólo se halla en el ámbito en el que no estamos  dispuestos a mirar porque nos parece demasiado sucio y oscuro. Allí donde nadie va, allí se encuentra lo esencial, lo que busca la alquimia, el vehículo portador de la luz. Este es un secreto antiquísimo; la luz no la encontramos en la claridad sino en las tinieblas, en el punto más oscuro. Esta es la razón por la cual siempre se relaciona esta temporada del año con las ideas y representaciones mitológicas. Así queda escrito: La luz en las tinieblas, brilla.


Quizás podemos seguir ahora, el recorrido del Sol. Desde el punto que se encuentra a 0 grados de Capricornio después de Navidad, el Sol peregrina a través de todo el Signo de Capricornio. Capricornio en Astrología se asocia con Saturno, su regente. Saturno-Capricornio simbolizan entre otros conceptos, las fuerzas enemigas de la vida, las tinieblas, la oscuridad, la vejez y la muerte que amenazan una vez más el camino de la Luz recién nacida y tratan de devorarla. Herodes es la representación histórica y bíblica de este hecho, es la figura saturnina que trata de aniquilar al niño recién nacido. Son ataques a la Luz que, como sabemos, si hemos recibido un mínimo de cultura religiosa, no logran aniquilarla.
El Sol pasa 30 días después por el signo de Acuario, conocido en las figuras mitológicas como el hombre viejo o el ángel que vierte agua. En el relato Cristiano es representado con el bautismo en la figura de Juan el Bautista, quién efectúa la ceremonia de iniciación y purificación que corresponde a Acuario.

Luego el Sol entra al Signo de Piscis, período de ayuno desde el Miércoles de Ceniza (significando Carne-Val) pues el carnaval es la época en que no se come carne. Y cuando el Sol ha recorrido los 30 grados de Piscis, llega el equinoccio de primavera: en los 0 grados de Aries, que se encuentra en un ángulo de 90 grados respecto al eje de nacimiento, lo que quiere decir que el Sol llega a la encrucijada de su propio nacimiento. Esta es la fecha en que celebramos la Pascua o la crucifixión del portador de la Luz. En este punto el Sol y, correspondientemente el Dios-Sol, llegan a su propia cruz y literalmente se crucifican en el sentido cósmico.
Las analogías se siguen presentando a lo largo del Zodíaco en muchos aspectos, pero mayormente solo pueden ser entendidas por los conocedores de la Astrología. Por ejemplo Aries se relaciona con la cabeza, con el cráneo y no es casualidad que la cruz se erigiese en el Gólgota, que se traduce como el lugar de los cráneos.
Estas referencias bastan para el nivel cósmico de los relatos Cristianos o religiosos en general. A través de ellos comprendemos mejor que sí tiene sentido celebrar estas fiestas conscientemente, porque así nos ponemos en resonancia con los eternos ritmos cósmicos.
Las fiestas son los puntos que enlazan al hombre con lo que cósmicamente pasa en el cielo. Y más aprende el ser humano, cuanto más se adapta conscientemente a los grandes ritmos cósmicos.

El nivel mitológico se halla en medio de los otros dos niveles, por una parte el nivel histórico, que compacta la realidad y por otra, el nivel de las leyes cósmicas, a las que nos podemos acercar fácilmente por ser tan evidentes. El nivel mitológico es muy interesante. Este nivel traslada todo lo que acontece a nuestra psique, se refiere al presente, renunciando a la distancia histórica y a la espacialidad del cosmos.
Bajo este punto de vista, la Navidad se convierte en un mito: Es el renacer de la Luz y de lo Divino en nosotros. Esencialmente, sólo aquí puede realizarse la Navidad. Pero el nacimiento de la Luz en el ser humano se puede efectuar  unicamente cuando afuera hay oscuridad, es decir, cuando el buscador se aleja del mundo exterior.  Este mundo exterior se torna insípido y pierde la fuerza que antes tenía cuando nos identificábamos con la ilusión del mundo fenoménico.
Visto psíquicamente, podemos decir que sólo cuando el ser humano está dispuesto a bajar a la máxima profundidad de su alma, cuando está dispuesto a soportar el peso de su propia sombra, cuando se decide a mirarla, recorrerla, mirar su propia negrura, sus tinieblas, sólo entonces podrá experimentar en ellas el nacimiento de la luz.
La Navidad ocurre en Belén. En hebreo, Bethlehem significa la casa del pan que es el símbolo para nuestro cuerpo dentro del cual debe acontecer la Navidad. Nuestro cuerpo, la máquina biológica, es el  lugar para el nacimiento, tal como Bethlehem representa el lugar del nuevo nacimiento.

rastros_estelares_sounios_kotsiopoulosTratemos de llevar este hecho a nuestra realidad psíquica. Encontramos en primer lugar a María, la madre-virgen que está embarazada. La mayoría de los dioses-humanos nacieron de una madre-virgen y sus nombres están emparentados linguísticamente: la madre de Bacus se llamaba Myrra; la madre de Hermes, Myrra o Maya; la madre de Buda, Maya y la madre de Jesús el Cristo, María.
María, Maya y Myrra, tienen la misma base común y raiz linguística: mare, el mar; mater, la madre; materia, la materia.  Por un lado está la conexión de María con la materia. La materia es lo exteriormente visible, donde se encuentra encerrada la luz. Esta luz es invisible a primera vista, tal como María lleva encerrada, escondida en sus entrañas a la luz de Cristo, la luz de Dios. María es visible pero la luz no. Es decir, la materia, lo externo, las formas de expresión son visibles, en tanto que la luz propiamente dicha, la que se encuentra atrapada dentro de la materia, no es vista si antes no es liberada o despertada.
Se puede llevar esta analogía al mundo físico, cuando pensamos en los combustibles como portadores de energía. Pensemos en el elemento carbono: el carbón es exteriormente negro, pero puede transmutarse en luz o incluso en diamante.
Por otra parte existe una conexión etimológica entre la palabras agua y mar: el mar es agua. En la mitología Cristiana, María fue llamada Stella Maris, la estrella del mar. Igualmente encontramos una conexión entre el manto azul de María y las estrellas, relacionado con el azul celeste y el azul del mar. Y el color azul pertenece de por sí, como símbolo, a un color pasivo y receptivo.
Todos estos son simbolismos para el principio de lo receptivo y de lo pasivo. Es así como el agua, que no tiene nada de expansiva, se caracteriza por causar impresión y por ser receptiva.

Si pensamos en las diosas de la luna a las que pertenece María, vemos que en las imágenes Cristianas María casi siempre aparece colocada en una media luna. Así llegamos a una cadena simbólica significativa:
Agua - Psique - Luna - Femineidad - Madre.


Encontramos en el Apocalipsis (Revelación de San Juán) que se dice de María: ...y una gran señal apareció en el cielo: una mujer vestida de sol, y la luna debajo de sus pies y sobre su cabeza una corona de doce estrellas. (Apocalipsis 12). Esta referencia a la luna significa, una vez más, que la luna es receptiva como cuerpo astral, no emana energía como el Sol sino que la recibe, depende del Sol. La luna siempre ha sido la expresión de lo femenino, de lo psíquico, lo receptivo y del alma. En el ser humano, el alma,  es el elemento impresionable, receptivo, el principio pasivo, femenino, en contraste con el principio masculino, el espíritu, que es activo, dador, expansivo y emanador.

María simboliza nuestra alma. Además se insiste en que es virginal. Pricipio de lo inmaculado, es un símbolo de la Eternidad y del presente vivo. Vestida con el manto azul refleja el cielo y el mar. Aire y Agua que corresponden a los elementos que hemos de mantener puros para vehiculizar la información entre la materia y el espíritu (tierra y Fuego).

Así, comprendemos el ahínco con el que todas las escuelas se esmeran en hacernos partícipes de su estímulo para purificar estos dos elementos. Puesto que si el aire está contaminado no podemos respirar y si ocurre lo mismo con el agua moriríamos en poco tiempo. El Aire y el Agua representan la Mente y las Emociones. Y la Práctica para poder despertar al nuevo Nacimiento, nos lleva a purificar estos elementos para devolverles el estado virginal y puedan transmitir su información sin distorsiones.
Otro requisito fundamental para que logremos este objetivo es nuestro fuero interno. Nuestra actitud, disposición y disponibilidad de abrirnos al cielo hace posible la encarnación de la Luz, estando conformes y de acuerdo así como la contestación de María al ángel cuando éste le anunció que recibiría un hijo, y que fue dicha por ella en estas mismas palabras: “He aquí la sierva del Señor; hágase en mí conforme a tu palabra”.
Esta escueta expresión de conformidad, libera el Alma. Cuando aprendemos a aceptar, a estar de acuerdo y a comprender las señales del universo, entonces podemos decir que estamos preparados  y se han dado las condiciones para el renacimiento.
Hoy, se interpreta el término “virgen”, a aquél o aquella que no ha mantenido relaciones sexuales, pero no ha sido siempre así. La raíz “Vir” viene del latín “Vis – Viris” cuyo significado es fuerza. De dicha raíz surgen conceptos como virilidad o virtud, alusivos ambos a la fuerza, sólo que de distinta índole. La raíz “Gen” indica generación y de ella devienen palabras como género, genital, génesis, etc. Virgen se definiría pues como La Fuerza Generadora, nada que ver con el himen de la mujer. El término era generalmente aplicado a las diosas que representaban a la Madre Naturaleza y era alusivo a su fertilidad y fecundidad.
LA_VIRGEN_DE_GUADALUPE_3La Estrella y el Ángel son dos caras de la misma moneda. La estrella proporciona luz al mundo visible y el ángel la proporciona desde el  mundo invisible. La Humanidad siempre ha querido interpretar el movimiento de las estrellas, queriendo descubrir su destino en ellas. Las hadas son consideradas las guardianas del destino de la Humanidad y esta misión es adjudicada a los ángeles en la tradición judeo-cristiana. Los egipcios conocían el cambio de Era por la determinada posición de la estrella denominada Sirio. Este hecho también forma parte de las tradiciones hindúes y mesopotámicas. El espíritu de cada Era, estaba simbolizado por el nacimiento de un nuevo Avatar (la reencarnación de Dios en la Tierra) y de este modo podemos encontrar representaciones de Mitra dominando a un Toro (época de Tauro) y a Agni, montando un carnero (Época de Aries). Llegando la imagen en la que al Cristo se le representa relacionado con un pez o dentro de una vejiga de pez (vessica piscis) en la Era de Piscis.


En el pesebre,se encuentra José que se sitúa de pie al lado de María,  que traducido literalmente significa: “Aquel que debe añadir” . Y José es, significativamente un carpintero, un constructor de las formas. Esto nos hace recordar al Gran Constructor de los Mundos, sinónimo frecuentemente empleado para denominar al Dios-Padre. Ese término se debe a que Dios-Padre es la expresión del principio del espíritu, capaz de crear y realizar formas. Así, José el carpintero es el representante terrenal y concreto del principio del espíritu que llamamos Dios. José es la fuerza creativa del Dios-Creador. El nombre del padre terrestre del dios Agni es Twashtri y significa literalmente: Carpintero. Simboliza al maestro constructor y hace referencia al trabajo de desbastar y pulir, la labor purificadora del ser en su evolución.

Igualmente, como es carpintero se relaciona con la madera, que proviene del árbol, tema central de la mitología Cristiana. El árbol comienza su historia en el Paraiso como el árbol del conocimiento. y del mismo árbol del conocimiento se erige posteriormente la cruz en el Gólgota, obedeciendo a la mitología. Y José el carpintero se relaciona con este árbol, el cual representa para el Cristianismo, un signo bien determinante.
En medio de las figuras de María y José está tendido el niño Cristo, aquel niño Dios alrededor de quién gira toda esta historia. El es el principio divino, lo real y verdadero dentro de nosotros, la chispa divina, el Yo, la Luz Divina, el Logos. Todos estos nombres son distintas denominaciones que se dan al núcleo, a la esencia que se consigue solamente en la existencia humana y en su conciencia.

Cristo no representa  un hombre, es la expresión de un estado de conciencia. He aquí el punto central que nos ocupa: el nacimiento del Cristo perenne, de la Luz permanente dentro de nosotros. El niño Cristo quiere nacer cada año de nuevo en el alma humana, como en María, quiere renacer como el germen de Dios.
El nacimiento de Jesús ocurrió en un establo, que probablemente era una cueva. En aquel tiempo, la mayoría de los establos se hallaban en cuevas. Visto esotéricamente es un lugar de iniciación y todas las iniciaciones de la época se hacían en cuevas. Aquí se esconde otro simbolismo: el acontecimiento tiene lugar en el día más oscuro del año y a la hora más oscura del día, a medianoche y más aún, bajo tierra. Nos encontramos de nuevo con la indicación de que la luz verdadera, lo espiritual, lo que no es terrenal, solo se encuentra en la profundidad, no arriba en la superficie. Por esto, muchos hijos de Dios nacieron en cuevas, entre ellos, Mitra, uno más de los llamados elegidos para salvar a la Humanidad de sus pecados.
En la cueva de Belén volvemos a encontrar los cuatro reinos de la naturaleza: el reino mineral, representado por las rocas, el reino vegetal, por el follaje y el heno; el reino animal, por la mula y el buey; y el reino humano, por María y José.
Si abstraemos el significado de la cueva y la representamos con formas más usuales, nos llama la atención que hoy en día todos los nacimientos se hacen representando el pesebre con establos viejos y decaidos.
El significado del establo desplomado es: antes de que surja algo nuevo deben quebrantarse las viejas formas, los viejos moldes. Lo verdadero, lo creativo, requiere siempre el sacrificio de las formas preexistentes. Si no se borran los patrones viejos no puede surgir nada nuevo. Visto desde la psique humana, primero el hombre tiene que pasar por el caos para luego alcanzar nuevas estructuras.

Así mismo, el establo aloja dos animales pacíficos e inconscientes (el buey y  la mula), símbolos de las emociones y el pensamiento tranquilos, mostrándonos que aquello que ha de nacer en nosotros es producto de unas emociones y pensamientos no ruidosos.
Buscando otra lectura, si tomamos una carta zodiacal, podemos observar otra visión respecto a estos personajes de la obra: La figura del trígono compuesta por Capricornio, Tauro y Virgo, los tres signos de Tierra. Tauro, representado por el animal con cuernos, expresando con su pacífico comportamiento la capacidad de sostener con su aliento el calor del recién nacido, de amamantar la tierra, que es la naturaleza de Tauro, dando al nacido la capacidad de alimentar las necesidades humanas. Se podría decir pues, que el buey (las energías de Tauro) era un apoyo para Jesús (Capricornio). Y que sería en esta tierra fértil donde penetraría con su nueva Ley. El buey es un toro castrado y manso que ha perdido su fiereza y agresividad, su función es la de servir como guía y pastor a los otros toros.


acuarioSi prestamos atención al otro animal, simbolizado por una mula, (Virgo). podríamos decir que su presencia estimula una idea protectora al niño, dándole calor, paz y seguridad. Es un animal incapacitado para la reproducción y sin embargo es de matiz femenina (intuición), siendo además su  especie la que ha dejado trazos nuevos en otros perfiles genéticos. Es un híbrido entre un caballo y un asno. Tanto uno como otro representan vehículos de transporte y haciendo analogía, serían el vehículo para la ascensión del espíritu.

El caballo sería el vehículo de Apolo (Sol) o del guerrero y el asno se le asociaba a la cabalgadura del rey David. Con las características del iniciado, “grandes orejas y ojos grandes” (El que tenga ojos para ver, que vea y el que tenga oídos para oír que oiga). La terquedad asociada a este animal es la constancia firme en el Camino. Virgo / Virgen, como hemos comentado antes, etimológicamente significa: fuerza generadora. Así que este animal representaría La Fuerza intuitiva del Iniciado en su constante peregrinaje del Camino escogido para ascender espiritualmente.
La tradición cristiana oficial dice basarse en los cuatro evangelios sinópticos de Mateo, Marcos, Lucas y Juan para explicar de dónde salen estos símbolos, pero sólo en dos de ellos, el de Mateo y el de Juan, se hace referencia a los momentos del nacimiento de Jesús. En el de Mateo se hace mención a unos magos venidos de Oriente, siguiendo una estrella, pero no dice si eran tres o veinticinco, ni cuáles eran sus nombres. En el de Lucas, se menciona el pesebre y los pastores, pero nada de magos ni de reyes y aún menos de bueyes o mulas.
Algunos dicen que la mula y el buey salen de los evangelios apócrifos desestimados por la Iglesia Católica por considerarlos falsos, incluso hay quien opina que se toman estos elementos de un protoevangelio de Santiago, pero en tal protoevangelio tampoco hay ninguna alusión a ninguna mula o buey en el nacimiento de Cristo.
Existen dos tipos de lenguaje en las tradiciones. El exotérico y el esotérico. El primero era para el vulgo y el otro, para los iniciados. El propio evangelio se hace eco de este hecho “¿Por qué les hablas por parábolas? Y respondiendo Él, les dijo: Porque a vosotros os es dado saber los misterios del reino de los cielos, pero a ellos no les es dado”.

Siempre existe un lenguaje especializado, incluso en informática, en la música o en la política.
En la evolución de las fuerzas primordiales, podemos encontrar curiosas historias  referentes a las religiones antiguas que aún veneraban y adoraban al “Toro”, dando lugar a la idolatría del “becerro de oro”, representada por la ostentación y obtención de la riqueza, luchas por el poder y luchas sociales y económicas. Esto, podemos constatar que sigue dándose hoy en día.
Todos los grados de evolución se encuentran en el mismo tiempo. Todavía podemos encontrar en nuestro mundo, tribus que viven como en la Prehistoria y que aún no saben ni lo que es un automóvil. Todavía se siguen sacrificando animales a los dioses como en la época de Aries, donde se ofrecía el carnero al altar.
Así, todavía en nuestros días se puede acudir a los rituales cristianos donde se menciona que Cristo es el Cordero de Dios, y que al tomar su carne y su sangre accedemos a la redención, escandalizándonos que en algunas tribus aborígenes se coman el corazón de sus enemigos para nutrirse de su valor y destreza.
Encontramos en algunos lugares fiestas relativas a los toros representando la lucha entre la luz y la oscuridad (Tauro), del mismo modo todavía hoy podemos hallar cristianos que asocian el pez como símbolo del Cristo, igual que antiguamente se reconocían los creyentes de esta religión, a pesar de que Acuario, “el Aguador” esté entrando como una energía nueva para la Humanidad.



Todavía estamos anclados en el pasado y nos aterra pensar que lo que creíamos tiene un nuevo matíz al ser insuflados por una nueva característica cósmica. Pero esto es  inevitable y paulatinamente la Nueva información para la Humanidad irá tomando forma en todos nosotros, nos guste o no.
Analicemos ahora a los otros dos grupos de personas que se colocan en el pesebre: los tres Reyes Magos y los pastores. Ambos van camino a la adoración y veneración del Niño.
Los testimonios mas antiguos de la Iglesia de Siria y de los padres griegos afirman que  los “reyes” procedían de Persia donde existían la casta de los magos y astrólogos. Otros hablan de Caldea de donde surgió la Astrología. Los magos posteriormente pasaron a ser reyes, al parecer fue motivado por San Cesáreo de Arlés, predicador de la Iglesia Latina que nació sobre el año 470 y quién en el siglo VI los calificó de esta manera en un afán por unir la profecía del Salmo 72, 11 que señalaba “Todos los reyes se postrarán ante Él y todas las naciones le servirán”, extendiéndose después esta idea a toda la cristiandad. Más tarde, un sacerdote benedictino inglés, Doctor de la Iglesia Católica llamado Beda (673-735) los consideró representantes de Europa, Asia y África, para así acentuar la soberanía universal de Cristo sobre todas las razas y países. Cada uno siendo abanderado de las tres razas que según la Biblia partían de la estirpe de Sem, Cam y Jafet.  Así, Melchor, el más anciano según la leyenda, pasó a  ser el representante de los europeos ofreciendo el oro, Gaspar representaría a los semitas de Asia y aportaría el incienso y Baltasar procedería de África aportando la mirra.

En el ”Opus imperfectum in Mattheum” aparece por primera vez en el siglo VI, una leyenda detallada sobre los magos. Muchas de las cuestiones aceptadas por la tradición popular surgen de este escrito. Los investigadores creen que este libro estaba inspirado en otro de un siglo anterior, lo que nos muestra que la importancia que los magos tienen en la tradición cristiana es muy antigua.
En el siglo V, el Papa León habla de ellos como si hubieran existido realmente y fija su número en tres.
Según cuenta una tradición que se pierde en torno al siglo XII, se cuenta que en tiempos del emperador Constantino se encontraron los restos dispersos de los tres Reyes Magos en diferentes partes de Persia. Santa Elena, madre de Constantino, hizo trasladar los restos desde Persia hasta Constantinopla, donde fueron guardados en un sarcófago de granito.Allí permanecieron hasta que en el siglo XII San Eustorgio, obispo de Milán, llevó los restos a Milán. La leyenda cuenta que cruzando las regiones montañosas de los Balcanes rumbo a Milán, un lobo se comió el buey que tiraba del pesado sarcófago y, por la gracia de Dios, lo amansó y éste tiró del sarcófago que llevaba los restos de los reyes.Según continúa la tradición, poco duró la estancia de los Reyes Magos en Milán, ya que el Emperador del Sacro Imperio, Federico Barbarroja, saqueó la ciudad en 1162, trasladando los restos a Colonia.Tras varios siglos de reclamaciones por parte de las autoridades milanesas para la recuperación de los restos, no fue hasta principios del siglo XX que una tibia, un húmero y un esternón, fueron transportados a la Iglesia de San Eustorgio, y colocados en su antiguo sarcófago.El resto de las reliquias continuaron en Colonia hasta la actualidad, salvo un breve periodo durante la II Guerra Mundial en la que fueron ocultados y conservados en una mina de cobre para protegerlos de los bombardeos aliados.
Parece de común consenso el no identificar la palabra Mago que aparece en el evangelio con lo que en la actualidad se considera Mago. Cuando San Mateo los calificaba como Magos no estaba advirtiendo de un dominio de la magia, algo a todos los efectos herético, sino a hombres sabios. Existen teorías que explican que los Magos podrían haber sido astrólogos, sacerdotes, o científicos.En el sentido sacerdotal, se les ha identificado con seguidores de Zaratustra. Esta opinión está muy extendida ya que se dice que los sacerdotes seguidores de Zaratustra eran calificados en Persia como “magu”. Podrían ser conocedores de la Astronomía y la Astrología que, en aquella época, era muy difícil disociar la una de la otra. Otras versiones en cambio los identifican como sacerdotes de Mitra, un dios solar con ciertas pautas de semejanza a Cristo. Aunque esto está menos aceptado.

estrella_belenTradicionalmente, como hemos mencionado, se les ha considerado tres, aunque esto parece provenir del número de regalos identificados en el Evangelio de San Mateo. Pero siempre no ha sido así, hay múltiples leyendas y tradiciones que hablan de diferentes números de Magos que fueron a adorar a Jesús. Su número y nombres son distintos según las distintas lenguas y culturas. En griego se llamarían: Appellicon, Amerín y Damascón. En hebreo, Magalath, Galgalath y Serakín. Se hablaba de dos, cuatro, siete y los armenios consideran hasta doce, asignándoles doce nombres diferentes.

Incluso hay versiones que hablan de una caravana, siendo un número no concreto pero, posiblemente, elevado.
Existen leyendas que hablan de un cuarto rey mago llamado Artabán. Se cuenta que este Mago se perdió en el desierto cuando iba a adorar a Jesús.
Los investigadores sobre el misterio de los Reyes Magos han intentado localizar el origen de los mismos a través de los textos, tradiciones y posibilidades históricas reales. Parece aceptado el hecho de que provenían de Oriente.
Si se acepta la idea de considerar a los Magos como sacerdotes de Zoroastro, sólo había cuatro culturas al este de Judá con dichos sacerdotes: Media, Persia, Asiria y Babilonia. En tiempos de Herodes, estas regiones pertenecían al Imperio Parto.
En este estudio, mencionaremos la tradición más común dando la opción al simbolismo del tres.

Gaspar significa “Dueño del tesoro” y representa la tercera fase “rubedo” o roja (barba roja) y es la fase de realización del espíritu en la tierra. Por eso su dádiva es el oro que simboliza la realeza.
Melchor quiere decir “Señor de la Luz” por eso es blanco (barba blanca) y representa la fase alquímica de la “albedo” o iluminación. El Ser conciente de su Divinidad. De ahí, el presente ofrecido: el incienso como dios.
Baltasar significa “protegido de Baal”, es negro y por ello representa la fase alquímica del “nigredo” o fase de la oscuridad, en la que el ser humano ignora su propia divinidad, por tanto su regalo será: mirra como hombre.
Los tres reyes Magos representan a la sabiduría y la realeza interior por una parte, y los pastores, que son las personas simples y puras, por otra, representando la Devoción del Corazón.
En el nivel simbólico se aclara la polaridad. Los tres Reyes Magos son tres líderes, tres hombres que son guías, que llevan corona, la corona es la expresión de sus caminos de iniciación: han recorrido escuelas esotéricas, enseñanzas espirituales y esotéricas y por lo tanto, se han ganado y merecido sus coronas, son auténticas. La corona es el símbolo antiguo para el reino que adquiere el ser humano mediante su trabajo consciente.
Este reino es llamado Kether, la corona, por los cabalistas y en yoga recibe el nombre del reino de las siete hojas o el loto de los mil pétalos, como llaman al séptimo chakra o chakra corona.
Al crear la unión con las energías superiores, el ser humano adquiere el derecho a ponerse la corona, que es una corona verídica abierta por la parte superior para que entren las fuerzas trascendentes. La corona es la expresión de la conciencia superior que se ha adquirido, como lo hicieron los tres Reyes Magos, y por ende no se la tienen que quitar delante del Niño, en contraste con los pastores, que se quitan lo que obviamente les cubre la cabeza, las gorras y los sombreros, que no son coronas.
Los tres Reyes Magos dan la espalda al mundo terrenal, viven alejados del mundo y se acercan a las estrellas, que constituyen su elemento. Estudian las estrellas, su trayectoria, los símbolos que les son familiares porque los han recorrido en un aprendizaje consciente. Están instruidos en la magia. Así, le regalan al Niño, frutos del conocimiento, objetos simbólicos como el oro, el incienso y la mirra, que son la expresión de los tres reinos espirituales (el pensar, el sentir y el querer), expresión también de la tríada: cuerpo, alma y espíritu.

LA_ESTRELLA_DE_BELEn_reyesLos pastores son totalmente distintos. Son gente sencilla, que custodia y no son dirigentes. Ellos cuidan animales inconcientes, por lo que custodian el reino inconsciente de la vida sencilla, ligada a la naturaleza. Los pastores no han leído nada sobre las estrellas. Viven cerca de la tierra. Por faltarles aprendizaje, no soportan una confrontación directa con lo espiritual. Es por ello que cuando aparece el Angel anunciándoles al Niño, deben cerrar los ojos por lo deslumbrante de su Luz. En estas condiciones, cuando van adorar al Niño, no le ofrecen los alimentos del espíritu, sino los de la vida: leche, frutas, lana y un corderito.
Pastores y Reyes son guiados por signos muy diferentes: los Reyes Magos por una estrella, un símbolo abstracto expresión del conocimiento cósmico, que sólo significa algo para los instruidos en la materia. La estrella sólo puede conducir a los espiritualmente despiertos, sólo puede desvelar una señal a los seres conscientes.
El camino de los tres Reyes magos conduce por trece noches desde la Nochebuena hasta el Día de Reyes. Este es el mismo camino de los pastores a los Reyes: del nivel inconsciente al consciente; del camino de Jesús-hombre al de Cristo-Dios.
En cuanto al significado cósmico: la estrella es una conjunción de Júpiter con Saturno, los dos grandes planetas de nuestro sistema solar, la cual se repite cada primero de enero. Se repite un momento importante, un signo en el cielo, cada año, para que los que están conscientes puedan interpretar esta señal.

A veces la estrella desaparece y los Reyes tienen miedo de perderla. El miedo de perderla, para luego volverla a encontrar, simboliza la lucha, la búsqueda del individuo por la comprensión. Sin embargo, poco antes de alcanzar la meta, la pierden y tienen que reiniciar su búsqueda. Es entonces cuando acuden a los pastores a preguntarles sobre el Camino correcto: -“buscamos al Niño”- dijeron, lo cual se puede interpretar como: “buscamos al Yo superior”. Y los hombres de corazón los guían en el último trecho hasta el pesebre.

Este es un bello símbolo que no deberíamos olvidar: el camino de la mente lleva muy lejos. lleva a la creación de la corona, lleva cerca de la estrellas, lleva casi hasta el borde de la meta, pero nunca realmente hasta el pesebre, porque para lograrlo, tienen que aunarse todas las fuerzas: las del corazón, las inconscientes, las cercanas a la naturaleza, y las de la sabiduría.
Encontrar esa Luz, hallar esa Luz es la meta y tarea de cada ser humano. Y esa Luz sólo la puede encontrar cuando él mismo se encamina y cuando está dispuesto a trabajar para que su conciencia se haga receptiva y entienda el acontecer de la Navidad.
Navi (nave) y dad (Deus/Dios), Cada uno de nosotros somos la nave de Dios siendo portadores de la Luz en nuestro interior.
Y así nos encontramos en nuestro mundo de hoy, viendo que para poder darle una expresión a esta Luz que nos habita a todos, hace falta que cada vez hayan más seres humanos empeñados en realizar la Navidad en su fuero interno.
A primera vista el mito es un concepto muy difícil de entender porque en los últimos decenios hemos colocado delante del mito un “solamente”, resultando “solamente mito”. Con inmensa arrogancia, típica de nuestro tiempo, miramos con altivez a todas las culturas anteriores y a las culturas no tecnificadas, pensando que son subdesarrolladas. Partimos del punto de vista que cuanto más alejadas estén de nuestro tiempo, más tontas son.



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La Navidad de los Esotéricos



La Navidad de los Esotéricos

La Navidad es la fiesta más importante del mundo cristiano, en donde se recuerda el nacimiento de Jesús Cristo. Según los esotéricos, la de Jesús fue una de la encarnaciones de Jesús Cristo que ya había venido antes como Moisés, Buda, Confucio, Krishna y muchas otras encarnaciones de las cuales no se tiene memoria.
Su leve paso por la Tierra de 33 años y sólo tres años de vida pública, fue tan importante que hasta ahora, dos mil años después, se recuerda como si fuera ayer, todo lo que sucedió con su venida a este planeta. La vibración de Amor que ha quedado en el plano astral fue tan intensa que sigue vibrando y ayudando a las personas a cambiar el odio y en rencor por el dulce ensueño del amor.
Uno de los enigmas del nacimiento es el objeto aéreo que guió a tres Reyes Magos hasta el humilde pesebre en Belén en donde nació Jesús. Se dice que fue una estrella. Pero las estrellas no se mueven. El objeto fue un fenómeno astronómico o astrológico. Pudo ser un OVNI que sí puede moverse, detenerse y lanzar haces de luz.
Según los escritos, los sabios viajaron siguiendo una estrella que se detuvo sobre el lugar en el que Jesús había nacido. Fuera lo que fuese, los Reyes Magos la sociaron a Jesús, el Rey de los Judíos, que cuando grande iba a luchar por la liberación de Judea, hecho que había sido anunciado hacía cierto tiempo. La estrella o lo que hubiera sido ese objeto volador, se asoció con Júpiter, el planeta rey, y a Régulo, la estrella rey y al planeta Saturno. También se considera que podría tratarse de la estrella Sirio de la constelación de Orión.
El evangelio de Mateo menciona que los Reyes Magos vieron aparecer por el Oeste la Estrella de Belén, aunque no aclara si se trataba de un planeta, una estrella o cualquier otro fenómeno estelar. Y a pesar que es poco probable que un astro marque un lugar tan concreto como un pesebre, se han sugerido diversas explicaciones sobre este hecho.
De otro lado, mientras que los católicos, la iglesia Anglicana, algunas iglesias como protestantes, celebran el 25 de diciembre como el día del nacimiento de Jesús, algunas iglesias como la iglesia Ortodoxa Romana celebran el advenimiento de Jesús el 7 de enero. Otros, sobre todo astrólogos, consideran que Jesús nació el 22 de febrero, porque uno de los signos del Salvador era el pez que corresponde al signo de Piscis.
Se ha hablado y se habla mucho de Jesús y no falta quienes consideran que fue un extraterrestre que vino de un mundo más adelantado que el nuestro. Según el escritor yugoeslavo Vlado Kapetanovich cuyo seudónimo era Vitko Novi, escribe en su libro "Galaxia X 9" que Jesús habría encarnado en la Tierra viniendo del lejano Apu, uno de los planetas mas grandes del sistema solar.
La encarnación del extraterrestre Zay, nombre que le da a Jesús, habría ocurrido en una época en que la Galaxia flotaba en un remolino negativo del universo. Los terrícolas, cargados de fuerza negativa, se tornaron ambiciosos, llenos de egoísmos, odios y cometían toda clase de abusos. Entonces Zay descendió en Israel, en una región que conservaba restos de construcciones de apunianos que en tiempo pasado habían vivido ahí. Y siguió hacia Nazareth, donde vivía un matrimonio judío. María acababa de sufrir una desgracia como madre al perder a un niño y Zay decidió nacer como su hijo.
Cuando joven, Zay, el hijo del carpintero se conectó con un grupo de ascendencia extraterrestre, los esenios, una orden religiosa cuyos integrantes vivían en una serie de cuevas. Zay escribió centenares de pergaminos, algunos de los cuales han sido encontrados de casualidad y se guardan en el Vaticano. Escribió en griego kiné y también en hebreo. Esas escrituras enseñaban reglas para una nueva forma de vida positiva, desconocida para el hombre de aquella época. Enseñaba el altruismo, la unión y el desarrollo de los poderes positivos que cada uno tiene en sus células. Pero como esos escritos hablaban de una ideología pacifista, fraternal, de igualdad entre los hombres y trataban de reactivar la enseñanza esenia que había entregado hacía miles de años, chocó con los conceptos de la gente de esa época. Los pergaminos, así como otros escritos de los esenios tuvieron que ser ocultos en grutas, para poder ser revelados cuando la humanidad fuera mas asequible a los nuevos conocimientos que traía.
Los milagros de Jesús se debieron a sus poderes sobrenaturales que Zay tenía como extraterrestre. Algunos de esos milagros los hizo reuniendo iones positivos. Para Jesús, o Zay, no le era imposible resucitar a una persona, convertir el agua en vino, las piedras en panes y muchas veces se vio precisado a ejecutar esa especie de magia, para convencer a la gente obtusa que necesitaba de esas demostraciones para poder captar la enseñanza positiva.
Mas tarde Vitko Novi revela en su libro algunos pasajes del juicio que se le hizo a Jesús y de cómo, teniendo poderes sobrenaturales, debió someterse a los caprichos y exigencias de unos jueces a quienes podía convertir solo con el pensamiento. Jesús o Zay vino con la misión de recoger lo negativo del mundo y transformarlo en algo positivo. Y en esa labor era necesario no variar el libre albedrío, porque las personas deben cambiar por sí mismos y no por la voluntad de otro.
Refiriéndose a la crucifixión, Vitko revela que Jesús no fue clavado en la cruz que llevó en el camino que era enorme y pesada y que los romanos le obligaron a llevar como castigo. Las tías, María madre de Jesús y otra mujeres lloraban creyendo que Jesús sufría, porque no sabían que él había desgravitado la cruz y no sentía ningún dolor al cargarla.
Cuando llegaron al lugar de la ejecución, tendieron a Jesús sobre una cruz de ramas de olivos y empezaron a clavarla en ella. En ese momento Jesús se desintegró. Los soldados y los presentes veían su imagen, pero nada era verdadero. Se hizo invisible, se acercó a su madre y le dijo al oído: "No llores madre, tu hijo no ha muerto, está a tu lado, ve a casa, yo iré enseguida". Ella conocía sus poderes y obedeció. Y mientras los demás presenciaban su "sufrimiento" y lo veían crucificado, Jesús estaba al lado de su madre explicándole la verdad de su vida en este mundo terreno. Mas tarde la trasladó al planeta Apu y ahora ella está en el planeta May.

Según Kapetanovich, Jesús o el extraterrestre Zay, en una de sus encarnaciones anteriores fue Moisés, quien dejó 14 mandamientos de la Ley de Dios, pero por no convenir a los intereses de los enemigos, fueron ocultos cuatro de ellos que son: "Ama tu prójimo como a ti mismo", "Sacrifícate por los demás, porque ésta es la acción superior", "Trabajad y vivid unidos para ser fuertes, aliméntate de plantas, de sus frutos y de sus semillas" y "No atentes contra la vida de ningún ser, porque todos desean seguir viviendo".



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El significado esotérico de la Navidad


El significado esotérico de la Navidad


Por Thorwald Dethlefsen www.gnosticos.info
Todas las narraciones religiosas, todos los relatos sobre los hijos de los Dioses que existen en varias religiones, todos estos relatos religiosos también son mitos. La teología se defendería muchísimo si se hablara de mitos en relación a los testamentos o al Cristianismo por dos razones. Primero, porque pretende inculcar prejuicios contra los mitos como si estos fueran falsos, irreales, y sin comprender que son la verdadera realidad, la estructura más profunda. Segundo, porque insiste en aferrarse a la opinión según la cual la importancia del Cristianismo radica en el papel histórico que desmpeñó la persona llamada Jesús. Tratemos de ser más abiertos para ver al Cristianismo bajo los parámetros del mito, no para quitarle algo, no para disminuirlo, sino para acercarlo a nosotros y para quizás poder sentir lo que esta historia nos puede decir si no la consideramos únicamente bajo la mirada del historiador.
Todos los relatos religiosos, incluidos los del Cristianismo, pueden considerarse en principio desde tres niveles diferentes. El primero es el plano histórico, el segundo el mitológico o psíquico y el tercero el nivel cósmico. Estos tres niveles corresponden a la división original cuerpo-alma-espíritu. El plano histórico corresponde al cuerpo, el mitológico al alma y el cósmico al espíritu. Claro que estos tres niveles no se encuentran totalmente aislados el uno del otro, sino que están unidos e interconectados por una analogía o correspondencia vertical..
El nivel histórico es el menos interesante si lo vemos de manera netamente histórica o sin relacionarlo con los demás niveles. Habíase una vez ya ha pasado de moda, ¿qué queremos decir con esta frase?. Pero el nivel histórico se torna interesante cuando lo miramos en relación a los otros dos niveles. Es entonces cuando comprendemos lo que acontece y se manifiesta históricamente, que no ocurre por azar en el espacio, sino que el curso de la historia representa una condensación de leyes eternamente valederas, de estructuras con validez eterna, de modo que la consideración de las corrientes históricas recobra su validez real siempre que las relacionemos directamente con nosotros.
Permítanme introducir un concepto diferente que pueda aclarar de que se trata. Los acontecimientos religiosos podríamos ubicarlos dentro del tema de los dramas religiosos. Tomemos como ejemplo un material válido del mundo teatral, el Fausto de Goethe. Es un material válido que siempre vuelve a ser adaptado, escenificado. De esta manera, el mismo material, con sus mismas aseveraciones, se escenifica siempre de nuevo. Así es adaptado a la época correspondiente, a la actualidad, por medio de nuevas escenificaciones en las cuales cambia la forma de expresión, el aspecto formal. Por ello una representación de la obra hace cien años tiene variaciones respecto a una contemporánea. Al modernizar la forma de expresión, la re-escenificación acerca la esencia de la obra, transmitiendo lo que de por sí es secular, independiente del tiempo, adaptado al momento en que se representa.
Aquella verdad siempre válida. aquella realidad siempre vigente se vuelve a escenificar cada cierto tiempo por medio de un acontecimiento histórico en el sentido del drama religioso.
El hecho que un ser humano definido y concreto recorra y viva a la vista de todos este camino arquetípico de desarrollo de la humanidad, permite a los hombres de todas las épocas ver como una representación de una obra teatral el camino de consciencia que ellos mismos tienen que recorrer, Las representaciones son escenificaciones de los dramas religiosos que se repiten periódicamente, renovadas, enriquecidas, y adaptadas al estado de consciencia de la humanidad de la época, agregándoles cada vez algo nuevo, de acuerdo al aprendizaje logrado en cada escenificación.
Visto esto, tal vez vale la pena acercarse a los diferentes dramas religiosos. Si no nos preocupáramos siempre del empaque, como generalmente sucede con los fanáticos religiosos, que discuten sobre si la caja debe ser morada o verde o si todos los lazos no se ven iguales, etc.; si no se riñera por el envase que envuelve a una religión y, en su lugar se tomara uno la molestia de abrir el paquete y mirar dentro de las religiones, mirar más allá de sus formas, que no son más que la expresión, quizás constataríamos con asombro que el contenido de todas las religiones es el mismo. Siempre se enseña la misma sabiduría. Siempre se sugiere el mismo camino hacia una conciencia más alta, un camino envasado de distintas formas de acuerdo a la cultura de la época.
Las diferentes envolturas serían, en nuestra visión, las diferentes escenografías. Y así la escenificación que llamamos Cristiana es la más joven para nosotros, la más moderna. Esto pertenece al nivel histórico en el sentido de una parábola. Y desde este punto de vista vale la pena considerar también el transcurrir de la historia.
Vamos a analizar el polo opuesto del plano histórico, tan concreto y terrenal; el plano espiritual, el plano cósmico. Cada año se pone en escena en la tierra, en términos que el hombre puede abarcar, en miniatura, el grandioso acontecer del cosmos.
Los Hijos de Dios, entre ellos Jesucristo, unen el hombre a una constelación que, en análisis, representa también el símbolo de lo que hay en el medio: el Sol.
Para el hombre, el Sol es la constelación central que da luz y vida. este es el significado en esencia de un Hijo de Dios: una manera de expresar aquel principio, necesario para el hombre, del origen del espíritu en sí para mantener luz y vida. Por esto no nos debe extrañar que encontremos una analogía entre los hijos de Dios y el Sol.
En casi todas las religiones, las celebraciones más importantes, las fiestas religiosas, se hacen durante las fechas en que el Sol está en posición determinante en el año. Si miramos detalladamente el recorrido del astro, encontramos una signatura cósmica. Esta visión se puede dificultar en algunos de Uds. No obstante, trataré de representarla gráficamente y con palabras sencillas a pesar de lo vasto del concepto.
El Zodíaco es un círculo dividido en 12 segmentos de 30 grados cada uno, o sea, totalizando 360 grados, y el Sol recorre en un año el Zodíaco, los 360 grados, a razón de aproximadamente 1 grado cada día, que sumados constituyen los 365 días de nuestro año. Mediante la inclinación entre la elíptica y el ecuador terrestre, se dan las diferentes estaciones del año porque se producen acercamientos y distanciamientos de la tierra respecto al Sol y se dan las relaciones día-noche. Así se produce en el Zodíaco una división de 4 puntos determinantes que Uds. conocen por estar señalados en el calendario y que indican el paso del Sol en su recorrido: el principio de la primavera, del verano, del otoño y del invierno.
La primavera comienza alrededor del 21 de marzo, el verano el 21 de junio, el otoño el 21 de septiembre y el invierno el 21 de diciembre. De acuerdo a la astronomía y al Zodíaco, encontramos 4 puntos indicados: el comienzo de la primavera se denomina equinoccio de primavera (equinoccio quiere de decir igual duración del día y de la noche). Este equinoccio se presenta cuando el Zodíaco se halla a 0 grados Aries, alrededor del 21 de marzo. Opuesto a este punto, a 180 grados de distancia, se encuentra el otro equinoccio, el de otoño. A mitad de estos puntos, a 90 grados, se ve otro eje que representa los 0 grados cancer, alrededor del 21 de junio, que marcan el comienzo del verano. Y finalmente, opuesto a este punto, a 180 grados, encontramos los 0 grados Capricornio o solsticio de invierno. Estos son puntos astronómicos que introducen las diferentes estaciones del año y que se caracterizan por la duración más igual del día y de la noche en el año en los dos días que marcan el comienzo de los dos equinoccios y los dos días y noches mas largas en todo el año durante los dos días que indican el inicio de los solsticios.
Si seguimos el recorrido del Sol entre el punto de inicio del otoño y el del invierno, presenciamos el acortamiento del día y el alargamiento de la noche. Esto quiere decir que las fuerzas de la luz, las fuerzas del día, se retiran paulatinamente: el día se acorta y la noche se prolonga.
Si observamos el aspecto mitológico, vemos las relaciones visibles cambiantes, en las cuales las fuerzas de la luz van desapareciendo doblegadas por la oscuridad, que comienza a dominar y abarcar más espacio. El día se va retirando.
Cuando celebramos la Navidad, el Sol se encuentra a 0 grados Capricornio, en el punto del solsticio de invierno, cuando las noches se han hecho más largas y los días más cortos. Este es el momento en que el Sol se encuentra más alejado de la tierra en todo su recorrido anual.
Y en esta máxima oscuridad, en esta noche nace la luz. Nace, literalmente, de modo natural. hasta ese punto la noche venía siendo perseguida, devorada. En el equinoccio cambia la situación: en el momento en que las fuerzas de la oscuridad parecen haber vencido empieza el triunfo de la luz. A partir de este punto comienzan a aumentar de nuevo las fuerzas de la luz, con lo cual los días se alargan y al aminorar las fuerzas de la oscuridad, mengua la noche, quedando en equilibrio la duración de día y noche.
Los hombres de culturas antiguas mantuvieron un contacto más estrecho con las fuerzas de la naturaleza. Festejaban de manera especial los cambios de las estaciones. Para estas culturas tenía especial significado el punto en el que, en medio de la mayor oscuridad exterior, nacía la luz y comenzaba su curso victorioso sobre las fuerzas de las tinieblas.
La Nochebuena, la noche de navidad fue celebrada desde siempre como una noche de consagración. En las escuelas místicas esa noche se llevaba a los aún no aceptados aunque preparados. Allí ocurrían los misterios llamados mirar el Sol a media noche.
Esta antiquísima fiesta , celebrada como la noche de consagración por todas las culturas, fue aceptada muy tardíamente como la fiesta del nacimiento de Jesucristo en el siglo IV, año 337, bajo el Papa Julio. Previamente existieron 136 fechas distintas para dicha celebración. Crisostomo escribe 390 años después de Cristo lo siguiente: En este día – se trata del 25 de diciembre – se fijó hace poco en Roma el nacimiento de Cristo para que los Cristianos puedan celebrar sus fiestas sin ser molestados, en tanto los paganos están ocupados en sus ceremonias. Las ceremonias paganas a las que se hace alusión consistían en el festejo del nacimiento del Sol no vencido y recibían el nombre de Bromalia.
Entre el día de Nochebuena y lo que hoy celebramos como la fiesta de los Reyes Magos transcurren 13 días de Navidad; es la temporada más importante del año desde el punto de vista esotérico.
Algo más deberíamos recoger de la signatura del Zodíaco: el nacimiento de Jesucristo de la Virgen María. Este nacimiento se celebra a medianoche del día más oscuro del año y la noche más larga. Al colocar una línea sobre el eje del día en el que el Sol está a 0 grados Capricornio (solsticio de invierno a medianoche),en el Este está Virgo como ascendente en el Zodíaco astrológico. Esto quiere decir que exactamente a medianoche se levantaba en el horizonte del Este la constelación de Virgo. Esta es la señal cósmica del nacimiento de la luz a través de una Virgen. El símbolo astrológico para Virgo es, si vemos en más detalle, una M con una colita detrás, relacionado con la firma de María. Esto aclara la signatura cósmica y lo que significa el nacimiento de la luz, del portador de la luz en el período más oscuro del año.
Aquí tenemos un símbolo muy importante: resaltar la máxima oscuridad como el punto en el que nace la luz. Se trata de una referencia a la antigua polaridad de la luz del Sol en la oscuridad que figura en el prólogo del Evangelio de San Juán:
Y la luz en las tinieblas brilla.
A esto siempre se refieren los alquimistas como esencial: la verdadera quinta-esencia solo se halla en el ámbito en el que los hombres no están dispuestos a mirar porque les parece demasiado sucio y oscuro. Allí donde los hombres no van, a donde no se quieren acercar ni quieren hallar, allí se encuentra lo esencial, lo que busca la alquimia, el real portador de la luz. Este es un secreto antiquísimo; la luz no la encontramos en la claridad sino en las tinieblas, en el punto más oscuro. Esta es la razón por la cual siempre se relaciona esta temporada del año con las ideas y representaciones mitológicas.
Quizás podemos seguir ahora un poco el recorrido del Sol. Desde el punto 0 grados Capricornio, después de Navidad el Sol migra a través de todo el Zodíaco Capricornio. Capricornio se asocia con Saturno. Saturno-Capricornio son fuerzas enemigas de la vida, potestad de las tinieblas y de la muerte que amenazan una vez más el camino de la Luz recién nacida y tratan de devorarla. Herodes es la representación bíblica de este hecho, es la figura saturnina que trata de aniquilar al niño recién nacido. Son ataques a la Luz que, como sabemos, no logran aniquilarla.
Continuando, el Sol pasa 30 días después por el signo de Acuario, conocido en las figuras mitológicas como el hombre viejo o el ángel que vierte agua. En el relato Cristiano es representado con el bautismo en la figura de Juán el Bautista, quién efectúa la ceremonia de iniciación y purificación que corresponde a Acuario.
Luego el Sol entra al Zodíaco de Piscis, período de ayuno desde el Miércoles de Ceniza – significando Carne-Val – pues el carnaval es la época en que no se come carne. Y cuando el Sol ha recorrido los 30 grados de Piscis, llega el equinoccio de primavera: el 0 grados Aries, que se encuentra en un ángulo de 90 grados respecto al eje de nacimiento, lo que quiere decir que el Sol llega a la encrucijada de su propio nacimiento. Esta es la fecha en que celebramos la Pascua o la crucifixión del portador de la Luz. En este punto el Sol y, correspondientemente el Dios-Sol, llegan a su propia cruz y literalmente se crucifican en el sentido cósmico.
Las analogías se siguen presentando a lo largo del Zodíaco en muchos aspectos, pero mayormente solo pueden ser entendidas por los conocedores de la astrología. Por ejemplo Aries se relaciona con la cabeza, con el cráneo y no es casualidad que la cruz se erigiese en el Gólgota, que se traduce como el sitio de los cráneos.
Podemos llamar la atención sobre el hecho de que en el año Cristiano los ritos que indican el crecimiento humano se celebran en fechas fijas del calendario Solar. Son las mismas fechas cada año: 24 de diciembre, la Navidad o el nacimiento; 1º de enero la circuncisión; 6 de enero Los Reyes Magos, entre otros.
En cambio los ritos de la muerte de Cristo, que completan la polaridad de la resurrección y el ascenso, se festejan de acuerdo al calendario lunar. Así celebramos el Miércoles de Ceniza, la Semana Santa, la pascua, el domingo de resurrección y Pentecostés. Estas celebraciones no tiene fechas fijas porque se celebran según el calendario lunar.
Estas referencias bastan para el nivel cósmico de los relatos Cristianos o religiosos en general. A través de ellas comprendemos mejor que sí tiene sentido celebrar estas fiestas conscientemente, porque así nos ponemos en resonancia con los eternos ritmos cósmicos.
Las fiestas son los puntos que enlazan al hombre con lo que cósmicamente pasa en el cielo. Y más vuelve a aprender el hombre a adaptarse a estos ritmos del calendario, presenciándolos conscientemente si se incorpora a los grandes ritmos cósmicos.
Ahora vamos a revisar en tercer lugar el nivel mitológico, que se haya en medio de los dos niveles extremos que hemos estudiado: por una parte el nivel histórico, que compacta la realidad y la hace más distante e incomprensible, y por otra el nivel de los grandes ritmos cósmicos, a los que nos podemos acercar facilmente por ser tan gigantescos. Este nivel mitológico o psicológico es para nosotros el más importante, el más cercano. este nivel traslada todo el acontecer a nuestra psiqué, se refiere al aquí y ahora y renuncia a la distancia histórica y a la distancia espacial del cosmos.
Bajo este punto de vista, la Navidad se convierte en un rito: el renacer en el espíritu del nacimiento de la Luz y de Dios en nosotros. Esencialmente, solo aquí puede realizarce la Navidad. Pero el nacimmiento de la Luz en el hombre se puede efectuar también unicamente cuando afuera hay oscuridad, es decir, cuando el hombre se aleja del mundo exterior. Se produce un proceso anterior que precede a la posibilidad de un nacimiento de la luz (antes de que renazca el espíritu en una vida humana) en el cual el mundo exterior se torna insípido y pierde los encantos que siempre tiene para nosotros. Queremos alcanzar las cosas que nos atraen, y una vez las obtenemos, tratamos de asirnos a ellas pues nos parecen atractivas, estimulantes, nos convierten en hombres de acción. Luego llega el momento en el cual estos encantos se desvanecen, cuando lo exterior pierde su poder de seducción las cosas se hacen transparentes, pierden su atractivo, no muestran interés. Este proceso llamado también devastatio es siempre una señal de que el individuo se acerca a una crisis trascendental.
Visto psíquicamente, podemos decir que sólo cuando el hombre está dispuesto a bajar a la máxima profundidad de su alma, cuando está dispuesto a soportar el horror de su propia sombra, cuando se decide a mirarla, recorrerla, mirar su propia negrura, sus tinieblas, sólo entonces podrá experimentar en ellas el nacimiento de la luz:
Y la luz en las tinieblas brilla.
La Navidad ocurre en Belén. En hebreo, Bethlehem significa la casa del pan que es el símbolo para nuestro cuerpo dentro del cual debe acontecer la Navidad. Nuestro cuerpo es el sitio exterior para el nacimiento, tal como Bethlehem representa el lugar exterior del nacimiento de Cristo.
Tratemos de llevar este hecho a nuestra realidad psíquica. Encontramos en primer lugar a María, la madre-virgen que está embarazada. La mayoría de los hijos de Dios nacieron de una madre-virgen y sus nombres están emparentados linguísticamente: la madre de Bacus se llamaba Myrra; la madre de Hermes, Myrra o Maya; la madre de Buda, Maya y la madre de cristo, María.
María, Maya y Myrra, tienen la misma raiz linguística: mare, el mar; mater, la madre; materia, la materia. Esta base común en cuanto a la linguística que representan en esencia las madres de los Hijos de Dios. Por un lado está la conexión de María con la materia. La materia es lo exteriormente visible, donde se encuentra encerrada la luz. Esta luz es invisible a primera vista, tal como María lleva encerrada, escondida en sus entrañas a la luz de Cristo, la luz de Dios. María es visible pero la luz no. Es decir, la materia, lo externo, las formas de expresión son visibles, en tanto que la luz propiamente dicha, la que se encuentra atrapada dentro de la materia, no es vista si antes no es liberada.
Podemos llevar estas analogías al mundo físico, cuando pensamos en los combustibles como portadores de energía. Pensemos en el elemento carbono: el carbón es exteriormente negro, pero puede transmutarse en luz o incluso en diamante.
Por otra parte existe una conexión etimológica entre la palabras agua y mar: el mar es agua. En la mitología Cristiana María fue llamada Stella Maris, la estrella del mar. Igualmente encontramos una conexión entre el manto azul de María y las estrellas, relacionado con el azul celeste y el azul del mar. Y el color azul pertenece de por sí, como símbolo, a un color pasivo y receptivo.
Todos estos son simbolismos para el principio de lo receptivo, de lo pasivo. Es así como el agua, que no tiene nada de expansiva, se caracteriza por causar impresión, por ser receptiva. Y así la luna siempre ha sido la expresión de lo femenino, de lo psíquico y receptivo. Si pensamos en las diosas de la luna a las que pertenece María, vemos que en las imágenes Cristianas María casi siempre aparece colocada en una media luna. Así llegamos a una cadena simbólica significativa:
Agua – Psiqué – Luna – Femineidad – Madre.
Encontramos en el Apocalipsis (Revelación de San Juán) que se dice de María:
..y una gran señal apareció en el cielo: una mujer vestida de sol, y la luna debajo de sus pies y sobre su cabeza una corona de doce estrellas. (Apocalipsis 12). Esta referencia a la luna significa, una vez más, que la luna es receptiva como cuerpo astral, no emana energía como el Sol sino que la recibe, depende del Sol. Desde la antiguedad, es el símbolo de lo receptivo y por lo tanto de la psiqué, del alma. En el hombre, el alma, la psiqué es el elemento impresionable, receptivo, el principio pasivo, femenino, en contraste con el principio varonil, el espíritu, que es activo, dador, emanador.
Entonces María es ante todo nuestra alma. Además se insiste en que es virginal. Este pricipio no es nada fácil de entender. La virginidad, el estar inmaculado, es un símbolo de lo eterno, es un símbolo del presente. Veamos este concepto a través de una imagen: el vuelo de un ave en el cielo no deja huella. Aunque vuelen muchas aves por el mismo espacio celestial nunca se mancha, siempre permanece limpio, siempre está inmaculado. Así vemos que las huellas serían las marcas del pasado, que es siempre una simple huella. El vuelo del ave no deja huella y por tanto el cielo no permite que el pasado aparezca.
Así, el cielo es siempre el presente, siempre se mantiene fresco y nuevo; no puede ser manchado, es siempre virgen. Así mismo sucede en la vida real. La vida real y el mundo verdadero son constante presencia, nunca pasado o futuro. Todo lo pasado es irreal, como lo son las huellas de las estrellas. Resulta entonces que el cielo, en el que no hay huella ni mancha alguna, es el regazo virginal de María. La virginidad es la expresión de la presencia absoluta y, como tal, es un reto para que liberemos nuestro interior de las huellas, para que soltemos el Yo (Ego), que representa la huella del pasado, con el que siempre nos identificamos. Todo el tiempo durante el cual nos identificamos con el Yo, nos impide abrirnos para recibir y ser iluminados por la Luz Divina.
Nosotros dejamos huella, estamos manchados (con mácula) por el pasado, por el recuerdo; no somos inmaculados, virginales, no estamos en el aquí y ahora.
El reto para nosotros es llegar a liberarnos de la ilusión del tiempo, liberarnos de los recuerdos, para llegar a ser totalmente presente, inmaculados, vírgenes.
Otro requisito fundamental para que logremos este objetivo es nuestro fuero interno. Debe ser nuestra disposición y disponibilidad de abrirnos al cielo para hacer posible la encarnación de Dios. Al estar conformes y de acuerdo, se cristaliza la contestación de María al ángel cuando éste le anunció que recibiría un hijo, y que fue dicha por ella en estas mismas palabras:
He aquí la sierva del Señor; hágase a mí conforme a tu palabra.
Esta es una escueta expresión de conformidad, de estar de acuerdo, de abrir el alma, que es tan difícil de lograr. Cuando el hombre aprende a estar conforme, a estar de acuerdo, a comprender el mantra de que todo lo que es es bueno, Cuando aprende a abandonar sus resistencias y a estar conforme, entonces el hombre está preparado y permite que descienda esta Luz Divina y se deposite en su ser; entonces están dadas las condiciones para su renacimiento.
María es la ilustración del alma, del ser humano, del ser receptivo, como el regazo, y del principio del ser psíquico (el alma)
Hay dos citas del maestro místico Cristiano Eckehart que nos demuestran que no hemos exagerado al equiparar a María con el espíritu o el alma humana. El dice:
El Padre dice la palabra en el ser y , al nacer el hijo, toda alma llega a ser María.
En otra cita expresa:
María es bendecida no por haber llevado a Cristo en su cuerpo, sino por haberle dado a luz en el espíritu. Y en esto cada quién puede llegar a ser igual a ella.
Al costado de María se encuentra José de pie, que traducido literalmente significa: Aquel que debe añadir . Y José es, significativamente un carpintero, un constructor de las formas. Esto nos hace recordar al Gran Constructor de los Mundos, sinónimo frecuentemente empleado para denominar al Dios-Padre. Ese término se debe a que Dios-Padre es la expresión del principio del espíritu, capaz de crear y realizar formas. Así, José el carpintero es el representante terrenal y concreto del principio del espíritu que llamamos Dios. José es la fuerza creativa del Dios-Creador. Con ello es la expresión del presente, del acontecer terrenal.
Igualmente, como es carpintero se relaciona con la madera, que proviene del árbol, tema central de la mitología Cristiana. El árbol comienza su historia en el Paraiso como el árbol del conocimiento. y del mismo árbol del conocimiento se erige posteriormente la cruz en el Gólgota, obedeciendo a la mitología. Y José el carpintero se relaciona con este árbol, el cual representa para el Cristianismo, un signo bien determinante.
En medio de las figuras de María y José está tendido el niño Cristo, aquel niño Dios alrededor de quién gira toda esta historia. El es el principio divino, lo real y verdadero dentro de nosotros, la chispa divina, el Yo, la Luz Divina, el Logos. Todos estos nombres son distintas denominaciones que se dan al nucleo, a la esencia que se consigue solamente en el hombre, en su consciencia. Mientras el hombre busque su esencia afuera, en el exterior, nunca la encontrará.
Como mencioné antes, Cristo no es un hombre, es la expresión de un estado de consciencia. He aquí el punto central que nos ocupa: el nacimiento del Cristo perenne, de la Luz perenne dentro de nosotros, del niño-Dios, del nacimiento del niño en nosotros. El niño Cristo quiere nacer cada año de nuevo en el alma humana, como en María, quiere renacer como el germen de Dios.
El nacimiento de Jesús ocurrió en un establo, que probablemente era una cueva. En aquel tiempo, la mayoría de los establos se hallaban en cuevas. Visto esotéricamente es un lugar de iniciación y todas las iniciaciones de la época se hacían en cuevas. Aquí se esconde otro simbolismo: el acontecimiento tiene lugar en el día más oscuro del año y a la hora más oscura del día, a medianoche y más aún, bajo tierra. Nos encontramos de nuevo con la indicación de que la luz verdadera, lo espiritual, lo que no es terrenal, solo se encuentra en la profundidad, no arriba en la superficie. Por esto, muchos hijos de Dios nacieron en cuevas, entre ellos, Mitras.
En la cueva de Belén volvemos a encontrar los cuatro reinos de la naturaleza: el reino mineral, representado por las rocas, el reino vegetal, por el follaje y el heno; el reino animal, por la mula y el buey; y el reino humano, por María y José.
Si abstraemos el significado de la cueva y la representamos con formas más usuales, nos llama la atención que hoy en día todos los nacimientos se hacen representando el pesebre con establos viejos, decaidos. Si estudiamos la casa intacta, no decaída, que es el polo opuesto, podemos entender esto mejor. La vivienda del hombre que no está deteriorada se relaciona con la realidad psíquica y representa el area del retraimiento del hombre, el lugar de aislamiento donde se retira, se protege, se esconde y esconde su Yo (Ego).
Pero un ser que todavía se esconde entre los cuatro muros del YO, que cierra bien todos los puntos de entrada para que nada lo penetre, donde todo está bien sellado, no puede abrir un lugar para el nacimiento de una divinidad. Para que esto ocurra hace falta que se desmorone la casa, que se derrumben las barreras, que se desintegren las formas, que la casa se vuelva penetrable y receptiva. Este es el verdadero significado del establo desplomado: antes de que surja algo nuevo deben quebrantarse las viejas formas, los viejos moldes.
Lo verdadero, lo creativo, requiere siempre el sacrificio de las formas preexistentes. Si no se borran los patrones viejos no puede surgir nada nuevo. Visto desde la psiqué humana, primero el hombre tiene que pasar por el caos para luego alcanzar nuevas estructuras. En este contexto, el establo se opone al albergue, que es una casa intacta, en donde no hay lugar para que nazca Dios. El albergue está lleno de pretensiones, deseos egoístas e impulsos del hombre que no dejan espacio para un acontecer divino.
Así mismo, el establo aloja animales inconscientes de quienes no pueden surgir resistencias, pues no existe la limitación del raciocinio, de lo mental. Los tres patronos, que representan las funciones el pensamiento, el sentir y el querer en su nivel no redimido, no superado, indican su actitud de flanquear la entrada.
Analicemos ahora a los otros dos grupos de personas que se colocan en el pesebre: los tres Reyes Magos y los pastores. Ambos van camino a la adoración y veneración del Niño.
Los tres reyes Magos son sabios, sacerdotes, magos, y astrólogos que representan a la sabiduría y la dignidad, pero son paganos, no judíos. Los pastores, representantes del campesinato simple si son judíos. Conjuntamente, simbolizan en si la veneración de toda la humanidad, judíos y no judíos, de dignatarios e intelectuales y de la gente más sencilla y humilde. Representan, a la vez, a dos grupos humanos polarizados o, visto de otro modo, a las dos fuerzas en el ser humano: por una parte, los hombres intelectuales y por otra, los hombres de corazón.
En el nivel simbólico se aclara la polaridad. Los tres Reyes Magos son tres líderes, tres hombres que son guías, que llevan corona, la corona es la expresión de sus caminos de iniciación: han recorrido escuelas esotéricas, enseñanzas espirituales y esotéricas y por lo tanto, se han ganado y merecido sus coronas, son auténticas. La corona es el símbolo antiguo para el reino que adquiere el hombre mediante su trabajo consciente, es la expresión de que se conecta con el reino de más arriba, que los Reyes Magos se han ganado con su esfuerzo consciente.
Este reino es llamado Kether, la corona, por los cabalistas y en yoga recibe el nombre del reino de las siete hojas o el loto de los mil pétalos, como llaman al séptimo chakra o chakra corona.
Al crear la unión con las energías superiores, el hombre adquiere el derecho a ponerse la corona, que es una corona verídica abierta por la parte superior para que entren las fuerzas superiores. La corona es la expresión de la consciencia superior que se ha adquirido, como lo hicieron los tres Reyes Magos, y por ende no se la tienen que quitar delante del Niño, en contraste con los pastores, que se quitan lo que obviamente les cubre la cabeza, las gorras y los sombreros, que no son coronas.
Los tres Reyes Magos dan la espalda al mundo terrenal, viven alejados del mundo y se acercan a las estrellas, que constituyen su elemento. Estudian las estrellas, su recorrido, los símbolos que les son familiares porque los han recorrido en un aprendizaje consciente. Están instruidos en la magia. Así, le regalan al Niño frutos del conocimiento , objetos simbólicos como el incienso, oro y mirra, que son la expresión de los tres reinos espirituales (el pensar, el sentir y el querer), expresión también de la tríada: cuerpo, alma y espíritu.
Los pastores son totalmente distintos. Son gente sencilla, que custodia y no son dirigentes. Ellos cuidan animales inconcientes, por lo que custodian el reino inconciente, de la vida sencilla, ligada a la naturaleza. Los pastores no han leído nada sobre las estrellas. Viven cerca de la tierra. Por faltarles aprendizaje, no soportan una confrontación directa con lo espiritual. Es por ello que cuando aparece el Angel anunciándoles al Niño, deben cerrar los ojos por lo deslumbrante de su Luz. En estas condiciones, cuando van adorar al Niño, no le ofrecen los alimentos del espíritu, sino los de la vida: leche, frutas, lana y un corderito.
Pastores y Reyes son guiados por signos muy diferentes: los Reyes Magos por una estrella, un símbolo abstracto expresión del conocimiento cósmico, que solo significa algo para los instruidos en la materia. La estrella solo puede conducir a los espiritualmente despiertos, solo puede develar una señal a los hombres conscientes. A los pastores se les aparece un Angel que les habla de símbolos concretos al decirles:
Y esto tengan como seña: Encontrarán a un niño envuelto en pañales, acostado en un pesebre.
Se dice de los Reyes: Vinieron a venerar y a sacrificar
Se dice de los pastores: Vinieron a ver que había sucedido allí
El camino de los tres Reyes magos conduce por trece noches desde la Nochebuena hasta el Día de Reyes. Este es el mismo camino de los pastores a los Reyes: del nivel inconsciente al consciente; del camino de Jesús-hombre al de Cristo-Dios.
Regresemos al significado cósmico: la estrella es una conjunción de Jupiter con Saturno, los dos grandes planetas de nuestro sistema solar, la cual se repite cada primero de enero. Se repite un momento importante, un signo en el cielo, cada año, para que los que están conscientes puedan interpretar esta señal.
A veces la estrella desaparece y los Reyes tienen miedo de perderla. El miedo de perderla, para luego volverla a encontrar, simboliza la lucha, la búsqueda del hombre por la comprensión. Sin embargo, poco antes de alcanzar la meta, la pierden y tienen que reiniciar su búsqueda. Es entonces cuando acuden a los pastores a preguntarles: buscamos al Niño, lo cual se puede interpretar como: buscamos al Yo superior. Y llegan ;los hombres del corazón que guían el último trecho hasta el pesebre. Este es un bello símbolo que no deberíamos olvidar: el camino de la mente lleva muy lejos. lleva a la creación de la corona, lleva cerca de la estrellas, lleva casi hasta el borde de la meta, nunca realmente hasta el pesebre, porque para lograrlo, tienen que aunarse todas las fuerzas: las del corazón, las inconscientes, las cercanas a la naturaleza, las del instinto y las intelectuales.
Encontrar esa Luz, hallar esa Luz es la meta y tarea de cada ser humano. Y esa Luz sólo la puede encontrar cuando él mismo se encamina y cuando está dispuesto a trabajar para que su consciencia se haga receptiva y entienda el acontecer de la Navidad.
Visto en su conjunto, nos damos cuenta y sentimos que actualmente hay mucha oscuridad en nuestro mundo, vemos que hay peligro de que las fuerzas de la Luz sean devoradas.
Y así, nos encontramos también un poco delante de la Navidad, en nuestro mundo de hoy, y vemos que para poder darle una expresión a esta Luz, hace falta que siempre hayan más seres humanos empeñados en realizar la Navidad en su fuero interno.
Este texto es un fragmento de una conferencia dictada por Thorwald Dethlefsen.
Caracas, Diciembre 1993. Traducido del alemán. Cortesía de Carlos Bachman.


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