sábado, 25 de junio de 2011

Femineidad

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En la Tierra de hoy pueden verse por todas partes los resultados de la desarmonía del hombre. El desequilibrio del hombre ha desorganizado casi todos los aspectos de la vida. En particular, cuando veo la relación entre el hombre y la mujer, los aspectos masculino y femenino de la creación mientras están en la materia física, veo una gran desarmonía. Cuando hablamos de lo masculino y lo femenino, hablamos de la esencia misma de la vida, y si hay desarmonía en el aspecto más importante, la habrá también en las creaciones de su unión.

Ahora voy a hablar de la femineidad, de su verdadero papel y propósito, para que los que leáis esto podáis volver a considerar el estatus único y verdadero de la mujer, y para que quizá podáis establecer un equilibrio mejor en vuestros matrimonios o en las relaciones con los amigos. Quisiera que todos trataseis de olvidar las ideas que os habéis formado sobre los papeles tradicionales de la mujer, pues están basados en los condicionamientos de vuestra educación. Ni siquiera quiero que penséis en la mujer relacionándola con la forma física femenina.

La razón y naturaleza de la creación de esta Tierra y de la Humanidad que, junto con los otros tres Reinos de la Materia, la habita, sólo puede ser entendida por las almas muy evolucionadas, por los seres que han progresado más allá de esta escuela de la vida que es la Tierra. Por tanto, no profundizaré mucho ahora en el modo y el motivo de la creación de este planeta Tierra. Baste con decir que vuestro Creador, Cuyo espíritu habita en el Sol, creó está Tierra con Su mente. Eónes de tiempo después, cuando la masa fundida se enfrió, cuando la tierra y las aguas se hubieron formado cuando los reinos Mineral, Vegetal y Animal se hubieron manifestado, fue creado el hombre a imagen de su creador. En aquel tiempo el hombre seguía unido a la divinidad y solo conocía la perfección. Caminaba mano con mano con los ángeles. Era hermafrodita, al mismo tiempo macho y hembra, positivo y negativo. El hombre fue creado por un soplo perfecto de acuerdo con la voluntad de su Creador. Luego, por razones que os son inconcebibles, el Dios de este Sistema Solar decidió que para la nueva evolución de la Tierra, y del Cuerpo Solar como totalidad, era necesario que la conciencia e individualidad del hombre se individualizase, que se convirtiera en un alma viva, para que fuera capaz de desarrollarse y realizarse en la materia el poder de su Creador. El hombre podía traer sobre la Tierra los secretos y el conocimiento del Cosmos, y de este modo no sólo evolucionaría él, sino todo el Cuerpo Solar.

Por eso el hombre reencarnó sobre la superficie de la Tierra, fue separado de su anterior perfección y recibió el don divino de la libre elección. Desde entonces operó con las frecuencias de lo positivo y lo negativo y estuvo sometido a la ley de los opuestos El hombre se convirtió en Adán y Eva, en hombre y mujer, y de esta creación divina realizada hace eones de tiempo han crecido las formas físicas masculinas y femeninas que conocéis hoy. En esa gran reencarnación del hombre perfecto, si así puede llamársele, sus funciones se dividieron en dos aspectos que reflejaban su nuevo patrimonio: el macho, al que podemos considerar como el poder, la energía, el aspecto intelectual, y la hembra a la que podemos considerar como el amor, la receptividad, la intuición, la fuerza de Dios en movimiento. Se trataba de que el hombre y la mujer recorrieran sus caminos individuales por la vida esforzándose por obtener la perfección en sus distintos papeles, pero al mismo tiempo complementándose el uno al otro y equilibrándose mutuamente para que después de eones de tiempo pudieran unirse de nuevo en un plano superior de conciencia.

No es éste el momento de describir cómo la mujer, el aspecto femenino, cohabitó con alguno de los ángeles, los mensajeros de Dios, cómo se abusó del acto de la creación y cómo la Humanidad perdió la gracia y su patrimonio espiritual; pero fue ese acto de desarmonía, ese mal uso de las verdaderas funciones de lo masculino y lo femenino, lo que llevó al estado de desarmonía que existe hoy. Sólo cuando las mujeres vuelvan a obtener su estado original de armonía y demuestren su intuición y sabiduría divinas, la Humanidad podrá volver a la perfección.

He tratado de simplificar al máximo esta breve descripción de la creación inicial del hombre y la mujer, pues es importante que apreciéis lo que sucedió hace eones de tiempo para que podáis entender mejor los papeles individuales del hombre y la mujer de hoy. No trato de condenar a todas las mujeres por todos los problemas a los que ha de enfrentarse ahora la Humanidad, pues el hombre es igualmente condenable, pero fue a causa de aquellas acciones iniciales sucedidas hace eones de tiempo que el aspecto de la sabiduría, lo divino, lo virgen, lo ejemplificador de Dios, perdió la gracia y que el hombre, que miraba a la mujer buscando ejemplo, también cayó. Por eso la estructura de la sociedad en el mundo también cayó en la desarmonía y acabó llegando al estado en que se encuentra hoy, en donde se da una desarmonía y un desequilibrio completos entre lo masculino y lo femenino. En las civilizaciones occidentales, e incluso más en las orientales, el hombre, el poder, el aspecto intelectivo de la creación, tiene una ascendencia completa y domina a la mujer, el aspecto sabio y hasta que se restaure ese desequilibrio la armonía no retornará totalmente a esta Tierra.

El hombre y la mujer son chispas totalmente iguales, aunque opuestas de la Creación proceden de una misma fuente, y juntos, como los dos lados de una moneda, forman una totalidad. Se complementan el uno al otro hasta la perfección, pues las funciones originales del hombre perfecto se dividieron igualmente entre ellos. De ello se deduce, por tanto, que un hombre y una mujer totalmente armonizados forman una unidad, y que esa unidad producirá como resultado la perfección en todos los actos y creaciones; pero donde haya desarmonía sólo se producirán imperfecciones. El hombre de hoy ha de armonizarse con la mujer al igual que la mujer ha de reestablecer el aspecto sabio de la Creación. Es por medio de la mujer, el aspecto sabio, como el hombre descubrirá la verdad de la Creación, cómo debería vivirse sobre este planeta y la verdadera naturaleza de la existencia sobre esta Tierra. Pero no lo descubrirá hasta que dé a la mujer la libertad de ser lo que su creador quería que fuera.

Es esencial que las mujeres de todo el mundo sean liberadas de las ataduras en que se ven hoy esclavizadas por las sociedades, que son controladas en gran parte por el aspecto masculino de la creación, el poder y el intelecto, que en su mayor parte tiene pocos sentimientos hacia la vida. Hoy en día muy pocas mujeres tienen influencia política o se encuentran en una posición desde la que puedan influir en los acontecimientos del mundo. ¡Qué grande sería, de suceder eso, la transformación de la vida sobre la superficie de esta Tierra! Una mujer que ha experimentado el dolor del parto, que se ha sacrificado para educar a sus hijos, que ha soportado las pruebas y tribulaciones de la maternidad, ¿sacrificará a sus hijos en actos de violencia y destrucción tan a la ligera como el hombre? ¿Alguna mujer sacrificaría a su hijo, o al hijo de otra mujer, por lograr un fin político o ideológico? Pero la voz de las mujeres está callada hoy. Ha sido suprimida por el hombre y por el mundo material que éste controla.

Por desgracia, hay algunas frases en la Biblia que han sido tomadas por el hombre como revelaciones divinas concernientes al verdadero estado de las mujeres. Debéis recordar, sin embargo, que la Biblia fue escrita y compilada por hombres que tradicionalmente creían en el rol inferior de la mujer, y que el Antiguo Testamento se componía en gran parte de extractos de pergaminos y tablas escritos varios siglos antes, así corno de historias religiosas transmitidas por la memoria. Por tanto, los compiladores de la Biblia seleccionaron aquellos segmentos que reflejaban en mayor medida las actitudes y creencias predominantes en su época. En consecuencia, en la Biblia la mujer es representada como una sierva del hombre; y las civilizaciones occidentales, que tanto han tomado de la Biblia, han mantenido esa posición durante siglos. Pero ahora hay una situación en la que la mujer está empezando a restablecer su correcta posición en la sociedad.

La mujer es en todos los aspectos el igual, y sin embargo lo opuesto, del hombre. ¡Tened por seguro que en la conciencia divina, el hombre, cuando actúa en un cuerpo físico, es el aspecto más débil! El hombre y la mujer no deben ser comparados, pues no son lo mismos: son complementarios. Juntos se unen en una fuerza poderosa, pero en la desarmonía crearan la destrucción. Cuando miráis a vuestro alrededor en el mundo de hoy veis destrucción por todas partes. Ello, se debe en gran parte a la ruptura en las relaciones entre el hombre y la mujer, pues de su desarmonía ha provenido la destrucción y la violencia dé hoy. En esta Tierra ha habido civilizaciones, desconocidas hoy para el hombre, en las que los aspectos masculinos y femeninos cumplieron con sus papeles correctos y en las que vivían como iguales. En esas civilizaciones un hombre estudiaba a los pies de una mujer, un hombre era gobernado por una mujer, un hombre era bendecido por una mujer. En aquellas civilizaciones antiguas las mujeres tenían los papeles de gobernantes, profesoras, profetas y sacerdotisas. En las civilizaciones del antiguo Egipto, de las que el hombre es apenas consciente, podéis ver los restos dé uno de esos sistemas en la jerarquía de los faraones, en donde, como sabéis, era muy normal que una mujer fuera uno de ellos. Ciertamente, fue el equilibrio de los faraones masculinos y femeninos lo que estableció la armonía de poder y sabiduría para dominar y gobernar el reino de Egipto.

¿Tienen las mujeres de vuestro mundo actual papeles similares? Están casi completamente excluidas de la Iglesia, y sin embargo para ese papel deberían ser en número igual o superior al de los hombres, pues fueron creadas para manifestar sobre la Tierra la sabiduría de Dios. La mujer fue creada para mostrar esa sabiduría. Por eso es tan importante que vuelva a su pedestal como auténtica virgen: virginidad significa pureza de pensamiento y acción. La mujer posee intuición para predecir el futuro. Tiene grandes poderes psíquicos y curativos. Con todos esos talentos está bien dotada para ser sacerdotisa. ¿Hay mujeres hoy en día que cumplen el papel de profesoras? Hay profesoras, pero generalmente se encuentran en los puestos inferiores, no en los superiores. Y sin embargo la mujer, por su sabiduría e intuición, está bien dotada para ser una profesora. Tiene la paciencia y la humildad, y la sabiduría innata, que asegurarán que enseñará lo que es la vida verdadera, no lo que es falso. ¿Dónde hay una mujer en el gobierno de hoy? Con unas pocas excepciones, ¿por qué no se encuentra en los parlamentos y reuniones políticas de hoy? En el mundo hay tantas mujeres como hombres, pero por todas partes el hombre domina la escena política. Precisamente porque el aspecto masculino, el intelecto y el poder gobiernan vuestras naciones sin el equilibrio del aspecto femenino, la sabiduría, la receptividad, la femineidad, el mundo se encuentra hoy en ese estado. Por eso hemos de condenar a las mujeres, pues si volvieran a su pedestal original, si demostraran el aspecto divino y virginal de la Creación, si fueran lo que su Creador quería que fuesen -un ejemplo vivo de su sabiduría - el hombre la respetaría y seguiría de nuevo.

Por eso invito a todas las mujeres que lean esto a que recuerden sus responsabilidades que les vinieron hace eones de tiempo con el acto de la creación. Os corresponde estar de nuevo en vuestros pedestales. Tenéis que mantener lo que creéis en vuestro interior si ello está en gran conflicto con las costumbres del hombre y la sociedad moderna. A vosotras os corresponde decir que los sistemas políticos y financieros del hombre están equivocados, y que también lo están los valores en los que el hombre basa su vida y el camino que ha tomado hoy el mundo. Si os levantáis, os unís y mostráis vuestra sabiduría divina salvaréis este mundo del holocausto que ha de venir.

Sigue....

Gracias Juan Marín, por vuestro aporte.

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