lunes, 9 de enero de 2012

LA MADONA Y EL NIÑO




LA  MADONA  Y  EL  NIÑO

         Este tema no tiene edad y para la humanidad simboliza el ideal perfecto de la maternidad encarnada en la Santa María, Madre Inmaculada de Jesús, el portador de Cristo.
         Hemos dicho anteriormente que después de la desaparición de los continentes prehistóricos y la diferenciación de la humanidad en razas y naciones, periódicamente ha sido enviado un alto iniciado en forma de mujer para ser la madre de un Maestro. En cada caso, el nacimiento ha sido inmaculado (no milagroso).

         La iniciada de Egipto se llamó Isis, quien dio vida un 25 de Diciembre, culminando el Solsticio de Invierno, al Santo Horus, Krishna, a menudo mencionado como el Cristo de la India, nació, como Jesús,  en un ambiente muy humilde. Su nacimiento ocurrió cuando su madre junto con su padre adoptivo hacían un viaje místico por los montes. Es interesante observar que en lugar de pastores, los que vinieron a la cueva a adorar al niño, eran vaqueros. Esta religión comenzó cuando el Sol por precesión entró en Tauro, el Signo del Toro. Por esto las vacas eran animales sagrados en aquellos tiempos y aún lo son en algunos lugares de la India.

         Los escandinavos también tuvieron una hermosa ceremonia, adorando al Dios Sol Baldur, cuya madre era la Virgen Frigga o Freya. Este santo nacimiento coincidió con la culminación del Solsticio de Invierno.

         En Méjico y las Américas, el Dios Quetzalcoatl nació de una Virgen Inmaculada que llamaban la Reina de los Cielos. En esta historia también se menciona la llegada de los Angeles anunciando el nacimiento.

         La Suprema Madre Diosa, adorada por todo el Universo, es el más insigne Ser que rige la Jerarquía de Virgo, los Señores de la Sabiduría. Bajo la supervisión de esta Madre Celestial, todas las madonas iniciadas reciben su instrucción y preparación. A Palestina llegó la más exaltada de todas, María de Belén, Madre del Maestro Jesús. Ella fue la gran maestra espiritual que legó a su hijo las riquezas de su más profunda sabiduría.

         La Navidad es notable por una interna y profunda apacibilidad. Pareciera como si el mundo entero estuviera envuelto en una luz blanca de una gran bendición y lo que realmente ocurre en esta Santa estación es que las corrientes de deseos de la Tierra son casi totalmente aquietadas, mientras que las fuerzas espirituales son soberanas. Es como si el Cielo bajara y la Tierra ascendiera hasta encontrarse, formando una trayectoria de luz que las uniera, por donde pasan los Angeles y Arcángeles envueltos en luminoso esplendor cantando alegremente:  “Paz en la Tierra a los hombres de buena voluntad” Estas fuerzas celestiales de belleza simétrica se arremolinan hacia la tierra y toman la forma de mujer y niño. A través de los reinos etéricos en la Memoria de la Naturaleza, se imprime en la Tierra el más sagrado sello, la Estrella de Oro y la Madre y el Niño.

         Hay un gran significado en el hecho de que este tema eterno de la Madona y el Niño sea paralelo con el desarrollo evolucionario  de la raza humana. Juntos forman la imagen arquetípica del futuro desenvolvimiento espiritual de la humanidad, pues simbolizan el nacimiento de la conciencia del Cristo dentro del hombre mismo. Lo femenino tipifica un alma despierta e iluminada y la Conciencia Crística solo puede nacer de un alma con esos logros.
        
         (Tema Extraído del Boletín ECOS del mes de Abril de 1981)

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Gracias Raúl Sasia por este artículo

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