viernes, 8 de enero de 2016

¿Puede la razón obstruir la percepción mística interna?




¿Puede la razón obstruir la percepción mística interna?
Por Ralph M. Lewis, F.R.C.

Muchos estudiantes de metafísica y misticismo, particularmente los miem­bros de las escuelas populares que enseñan estas materias, miran la razón como una facultad totalmente mundana. Piensan de ella como una función mental incapaz de transcender  su  propio  estado  orgánico y aprehender la realidad final o, como común­mente se dice, la verdad cósmica. La razón, para estos pensadores, está reducida a un status más bajo de ese que ellos pueden llamar revelación psíquica o percepción mística interna.

Desde su punto de vista, razonar sobre un tema abstracto, un misterio que desafía al intelecto humano, solamente obstruye la iluminación que se está buscando. La conclusión de la razón es considerada encarcelar los "altos" aspectos de la mente y prevenir su posible inspiración divina en un plano más elevado.

A través de las centurias, la razón ha sido promulgada como un medio principal para arribar a una evidencia de conocimiento, mien­tras, por otra parte, se ha pensado que ella es aquello que realmente podría conducir a los hombres desviándolos de la verdad. Debido a que la razón dio al hombre una respuesta per­sonal y autoevidente a muchas preguntas que embrollaban y perturbaban, los filósofos de la antigüedad (y muchos en períodos relativamente más recientes) la igualaron con la inteligencia divina.

Estos antiguos reconocieron a la razón como siendo los más exaltados procesos mentales comunes del hombre. La razón continuamente se esfuerza por una unidad de experiencia como ella busca convertir lo desconocido en conocido. Es la razón que mira tras los efectos para una posible causa. La mente razonante es la ver­dadera mente pensante. Razonar es analizar obstinadamente las ideas y luego combinarlas en una continuidad útil y comprensible.

Todo razonamiento no es necesariamente pragmático, es decir, que tenga que ver con los asuntos prácticos del día. No obstante, la razón no provee una orientación personal para nuestra vida porque nos da una comprensión que reduce la confusión. Las respuestas o soluciones de nuestra razón personal pueden no ser infalibles, pero nos dan, por lo menos, una temporaria justificación para los actos que siguen de ella. Los actos incitados por la razón son un ímpetu íntimo, que es decir que conocemos que estamos siendo impulsados por la fuerza de nuestro propio pensamiento.

Aristóteles dijo que la razón activa es un motor que no se mueve, es decir, un tipo de inteligencia cósmica en la que existe toda forma y toda realidad. Ella impulsa al hombre y a todas las cosas a manifestarse, siendo, sin em­bargo, en sí, un motor que no se mueve. Esta razón activa, afirmaba Aristóteles, penetra al hombre y lo hace sobrevivir a la muerte; por lo tanto, el alma y la razón activa son presentadas como teniendo una relación divina. 

Alma 

Plotino, filósofo neoplatónico, (205?-270 D.C.) declaró que la razón contemplativa es alma. La esencia del alma, dijo, es un esforzarse después de esa verdad contemplativa que es la prerrogativa de la Razón Divina. Nuestra común razón humana, afirmaba Plotino, es la más cercana a la razón contemplativa, que es el alma.  En esto, entonces, vemos expuesta la doctrina de que el alma y la razón contempla­tiva son un acercamiento a la inteligencia divina en que se piensa que existe la verdad en su estado absoluto.

En un período relativamente más moderno, Immanuel Kant (1 724-1804) dijo que nuestro mundo exhibe tres aspectos:  1. Un sujeto pensante y perceptivo, como el hombre; 2. Un mundo de fenómenos que el ser pensante percibe; 3. Los objetos del pensamiento en general. La razón, afirmaba Kant, trata de introducir una unidad absoluta en cada uno de estos factores. En otras palabras, Kant afirmaba que la razón está en busca del alma como el terreno unificador de la actividad de la mente. De esto podemos deducir que Kant implicó que la razón es el instrumento que usa el alma para revelar al hombre su fugaz resplandor de realidad.

El tiempo ha mostrado los numerosos errores existentes en el razonamiento de muchos de los grandes pensadores, tales como Aristóteles, que muy a menudo, especialmente antes de la época de Aristóteles, acudieron a la razón exclusivamente para explicar los fenómenos de la naturaleza más bien que usar cualquier método empírico u objetivo de indagación y búsqueda. Los filósofos escolásticos de la Edad Media, asimismo, dependían enteramente en la razón para encontrar una respuesta a cualquier pre­gunta que dejara perpleja a la mente. Cual­quier cosa que fuera lógicamente satisfaciente (esa que la razón no podría refutar) era aceptada como verdad. Existía muy poca inten­ción para substanciar con hechos las conclusiones de la razón.

Mucho de lo racional de los primitivos pensadores no era lógicamente perfecto, y críticos posteriores fueron capaces refutarlo usando los mismos métodos lógicos. John Locke, filósofo inglés, en Un Ensayo Concerniente con la Comprensión Humana, preguntaba por qué los hombres razonan tan pobremente. Procedió, entonces, a dar tres respuestas a su propia pregunta.

Primera: La mayoría de las per­sonas jamás razonan del todo. Son conducidas por el pensar de otros, y sostienen opiniones por fe y no por investigación original. La autoridad de otros sobre la que se basa la fe crea certeza, pero es peligrosa porque conduce a aceptación dogmática. Segundo: La razón está impedida por las emociones. "Sentimos" antes de pensar en respuesta a la mayoría de la experiencia. Esto cubre a nuestra verdadera razón y lleva a una mente cerrada y de juicio anticipado.  Tercero: Nuestra mente está limitada a la parcialidad. "Vemos, pero en parte, y conocemos, pero en parte". Esto, entonces, lleva muy rápidamente a la generalidad.

Se nos conduce a la percepción mística interna y a la apertura de canales de intuición o de percepción interna por la prueba intelectual de la razón. Esa es razón contemplativa que establece un motivo, un objetivo para una actividad intencional de la mente. Es principalmente el método de razonamiento deductivo de un principio general, que finalmente engendra ese estado de consciencia que puede resultar en experiencia mística. Es la abstracción del hombre, por ejemplo, acerca de una Causa Primera, Dios, una Mente Suprema, o acerca de causas naturalistas que crean para él el estado de ánimo por medio del cual puede eventualmente inducir ese estado meditativo por el cual tuvo la experiencia mística del asunto.

 Verdad

La razón puede arribar a una respuesta que sea satisfactoria para el intelecto, pero puede carecer de realismo de lo que puede llamarse la verdad de la percepción mística interna. Sin embargo, la conclusión de la razón para la persona que todavía no ha alcanzado la percepción mística interna relacionada con algún asunto, puede ser convincente.  Es entonces solamente después de que uno ha tenido percep­ción mística interna con referencia al mismo asunto, que puede aparecer para uno tener una más grande claridad y autoridad que razón provista.

Puede realizarse que es solamente condi­cionando primeramente la mente objetiva por medio de la contemplación de ciertos temas profundos  que  eventualmente abrimos los canales  para tales experiencias psíquicas que pueden llamarse la gran iluminación. Nadie es súbitamente iluminado con relación a un asunto al que jamás le ha prestado algún pensamiento. Debería considerarse que las ideas que la mente humana concibe necesitan primero haber estado relacionadas con algún precepto previo para su comprensión.

Simplemente, la iluminación in­tuitiva o psíquica debe ser en términos de tener una relación a algunos elementos de previas experiencias objetivas o de ideas que salieron de ellas. La iluminación debe ser en términos de nuestro lenguaje y de nuestras cualidades sen­sorias. En el análisis final está la razón, el intelecto, que debe formar la experiencia mística en un total comprensible.

Como una alegoría, el tema de Dios (lo que es o significa) es completamente subjetivo. Esto es algo que no puede ser transmitido a otro en el mismo sentido íntimo en el que uno forma su propia idea acerca de ello. El con­cepto persona de uno de tal idea abstracta no puede ser establecido empíricamente en una forma que pueda ser percibida igual por los sentidos de otras personas. La idea de Dios es completamente una interpretación individual de uno que ha contemplado tal idea. El in­telecto da pensamiento a la idea de Dios y llega a una conclusión que puede ser o no una realidad que corresponda a ello, y, si es así, cómo podría ser. La razón puede no engendrar suficiente respuesta emocional para dar realidad a la propia conclusión de uno. Pero un sincero e intenso razonamiento contemplativo acerca del tema puede producir ese destello intuitivo que substancia o efectúa hasta un más grande desa­rrollo de la idea.

En la meditación hay estados positivos, activos y pasivos.  El estado positivo es el propósito  intencional  que uno  tiene  para arribar a, por ejemplo una respuesta que la razón todavía no ha producido. La gran mayoría de los meditadores son aquellos que buscan conocimiento de una clase específica. Quizás, como otra analogía, ellos deseen paz. Pero primeramente la razón o la contemplación ha establecido en sus mentes alguna idea de lo que la paz debería ser. Obviamente, ellos no buscarían algo de lo en que ya no tuvieran por lo menos una opinión.

El estado pasivo de la meditación es donde el meditador no ha formulado específicamente algún objetivo que espere alcanzar en el procedimiento. Sin embargo, él ha formado un concepto de lo que la meditación es en general. y lo que puede derivarse de ella. Puede no conocer exactamente sus resultados, pero la considera como una ayuda personal para él y su razonamiento y, por consiguiente, es razón que ha predeterminado la verdadera naturaleza y función de la meditación a la que el medita­dor acude.

Una verdadera iluminación no puede ser místicamente derivada si la existencia de su contenido no ha sido primeramente considerada intelectualmente.  La razón debería ser el cimiento sobre el cual descansa la búsqueda de iluminación mística y meditación. La meditación debería ser la corte de última apelación y el examen crítico de la razón. Aquel que primeramente no piensa ha desdeñado proveer la luz de percepción mística interna para reflejar sobre ella.

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