lunes, 30 de abril de 2012

EL ESPIRITU DE CRISTO Y LA PANACEA ESPIRITUAL




EL ESPIRITU DE CRISTO Y
LA PANACEA ESPIRITUAL

Max  Heindel
           
El Concepto Rosacruz del Cosmos relata como desde Noé hasta Cristo, bajo el régimen de Jehová, el egoísmo se arraigó en el seno de la humanidad. Al hombre le fue dicho: “Los Cielos son del Señor y la tierra le fue dada a los hijos de los hombres”. Así, el hombre se vio inclinado a buscar posesiones materiales, perdiendo todo el sentido de los gloriosos tesoros, frutos del sacrificio propio. Consecuentemente, su vida espiritual se tornó cada vez más estéril, su progreso anímico decayó y si no fuera por un nuevo impulso habría fenecido completamente. Entonces, el Espíritu Cósmico de Cristo, “EL REDENTOR”, inició Su trabajo bendito, logrando acceso a la tierra mediante la sangre de Jesús en el Gólgota.
            En el presente, el Espíritu de Cristo se encuentra trabajando desde el interior de nuestro globo para atenuar su cristalización. Una enorme infusión espiritual se hizo sentir en el Gólgota al punto de que aquella intensidad de luz cegó a las personas momentáneamente. Desde entonces, el principio del altruismo comenzó a manifestarse en la raza humana. Paulatinamente, vamos dejando de lado nuestros intereses puramente personales, acumulando tesoros espirituales mediante nuestra labor en beneficio del prójimo. La venida de Cristo liberó a una parte de la humanidad de ser segregada a una nueva Luna. De esto fuimos salvados por la gracia y el sacrificio del Espíritu de Cristo. Tal sacrificio solo significa Su muerte, según se entiende vulgarmente, por su interpenetración de una vida superior en la tierra, permitiéndonos vivir más abundantemente en espíritu.
            En esta venida de Cristo a la tierra, observamos una analogía entre ella y la administración de la Panacea Espiritual, de acuerdo con el axioma: “ASI COMO ES EN EL MACROCOSMOS, TAMBIEN LO ES EN EL MICROCOSMOS”. En cada célula del cuerpo humano existe una vida separada (de la célula). Más por encima del todo ello se encuentra el Ego, dirigiendo y gobernando todo el conjunto celular, de tal manera de mantener su armonía. Durante ciertas enfermedades de duración muy prolongada, el Ego se concentra demasiado sobre la molestia, interrumpiendo su misión de vivificar plenamente a las células. Esto crea una especie de inacción mental tornando en muchas circunstancias imposible eliminar la enfermedad, reactivando las actividades celulares.
Esta revitalización celular es el trabajo de la Panacea Espiritual. Así como la admisión de Cristo a la tierra disipó la tendencia creada por la ley inexorable pendiente sobre la humanidad como un “paño mortuorio”, así también, cuando se aplica la Panacea, la vida de Cristo en ella contenida, se infiltra en cada célula del paciente, y le devuelve la vida y la salud, al imprimirle nuevo ritmo. Que Dios nos de el privilegio de hacer llegar esa bendición a toda la humanidad enferma.

ASOCIACION INTERNACIONAL DE CRISTIANOS
MISTICOS MAX HEINDEL
Colombres 2113 – Bº Lomas de San Martín
5008 – Córdoba – Argentina
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Artículo enviado por Raúl Sasia, que agradecemos mucho.

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