lunes, 6 de julio de 2015

El pasado, el presente y el futuro



EL PASADO, EL PRESENTE Y EL FUTURO

 - Lo importante de la vida es el presente.
  - ¿Tú crees?
  - Por supuesto.
  - ¿Por qué?
  - Muy sencillo: El pasado ya no puede volver y el futuro aún no ha
llegado, por tanto ¿qué nos queda que sea seguro? Lo que está ocurriendo ahora, es decir, el presente.
  - Tienes razón pero, a pesar de eso, no estoy de acuerdo.
  - ¿En qué?
  - En que lo único seguro es el presente.
  - ¿Que no es verdad?
 - Si, es verdad pero sólo en parte. Porque el pasado también es seguro y, además, porque, decir que el presente es seguro no nos ayuda.
  - ¿Cómo que no nos ayuda?
 - No. Porque el presente, apenas eres consciente de él, ya es pasado y cuando lo esperas, es aún futuro.
  - ¿Entonces tú no tienes presente?
  - Pues yo casi estoy por asegurar que no. Sólo tengo un pasado, que no puedo modificar pero que puedo rememorar y, por tanto, revivir; y tengo un futuro que es, en realidad, lo que disfruto, antes de que llegue y que, a mi modo de ver, es lo que tú llamas presente.
  - ¿Quieres decir que yo no vivo en mi presente?
  - Quiero decir que, en realidad, el presente no existe y que tú y yo y todos, vivimos rememorando el pasado, sabiendo que es pasado, o
disfrutando el presente cuando aún es futuro.
  - Eso es una perogrullada. ¿cómo se puede disfrutar el presente
cuando aún es futuro?
  - Sí, pero también por definición, el presente es fugaz, tan fugaz que no da tiempo a vivirlo conscientemente ni de pensar en él porque cuando lo haces, ya no es presente sino pasado.
  - ¿Entonces?
  - Vamos a ver algún ejemplo y sacarás tus propias conclusiones.
  - Veamos, ¿qué sugieres?
  - Por ejemplo, en este momento estamos dialogando sobre el tema
que nos ocupa: el presente. Apenas he dicho esto, ya no es presente, sino pasado. Pero, incluso mientras lo decía, era con el fin de seguir mi razonamiento y convencerte de algo. Pero ese "seguir mi razonamiento para convencerte de algo" era la meta de mis palabras, mi objetivo y, en cualquier caso, era futuro, ¿no?
  - Sí, claro.
 - Y tú, cuando haces cualquier afirmación. ¿No te ocurre lo mismo?
  ¿No la dices para, con ello o con lo que digas después, convencerme? Pero siempre luego, más tarde, en el futuro, ¿no?
  - Sí.
 - Es decir, que todo lo que tú has pensado y dicho y quizá disfrutado esperando convencerme, ha sido en función de algo que aún no había ocurrido, ¿no?
  - Sí.
  - Traslademos esto a cualquier tema de cualquier momento de
nuestras vidas. Imagina, por ejemplo, un atleta. ¿Para qué se entrena?
  - Sí, ya lo veo: Se entrena para ganar.
  - ¿Y qué hace para ganar? ¿Se entrena solamente?
  - ¿Qué más quieres que haga?
  - Lo que hacemos todos. ¿Es que, además de entrenarse no se
imagina ganando la competición y siendo un profesional de éxito y
batiendo records y pasando a la historia del deporte, etc. etc.?
  - Sí, claro.
  - O sea, que si se entrena hoy es para conseguir todo eso y no
simplemente por entrenar.
  - Realmente es así.
  - Pero ¿todo eso lo conseguirá?
  - No lo sé. Dependerá de muchas cosas.
  - Pero, de momento, él lo piensa así y lo desea así e incluso lo
disfruta así y por eso se entrena, ¿no?
  - Sí, es verdad.
  - ¿Está entonces viviendo o, mejor dicho, disfrutando el presente o
está disfrutando el futuro en el presente?
  - Verdaderamente, tienes razón.
  - Vamos a poner otro ejemplo. Tú te despiertas por la mañana y te
lavas.
  - Sí.
  - ¿Qué proceso has seguido?
  - Pues me levanto, me voy al baño...
  - No. Ese no es el proceso real. La realidad es que te despiertas,
piensas que te has de lavar, te ves lavándote, es decir, metiéndote en la ducha, abriendo el grifo, enjabonándote, secándote, etc....y luego lo haces todo. O, más comúnmente, con el propósito de lavarte como telón de fondo, vas previendo, antes de hacerla, cada operación de las indicadas:
meterte en la ducha, abrir el grifo, etc. Pero fíjate: En uno u otro caso, cuando haces algo, ya lo habías hecho antes, ya lo habías "disfrutado" o "sufrido" antes de hacerlo, es decir, ya lo habías vivido; y lo has hecho, precisamente porque ya lo habías vivido. Sino, te hubiera sido imposible hacerlo.
  - ¿Cómo es eso?
  - Si tú no piensas en coger el jabón y enjabonarte, no lo harás. El
cuerpo sólo, sin órdenes que cumplir, no hace nada, es inerte, no toma ninguna iniciativa.
  - Así parece.
  - Pero hay más: ¿En realidad crees tú que es tu cuerpo el que se siente feliz o desgraciado? ¿O es tu espíritu, es decir, tu Yo Superior, tu Ego?
  - Realmente soy yo, pero también mi cuerpo se puede sentir feliz.
  - ¿Y cómo lo sabe?
  - Porque yo lo siento.
  - ¿Dónde?
  - En mi cabeza.
  - En tu mente.
  - Bueno, en mi mente.
  - Luego, el que se siente bien o mal no es tu cuerpo sino tu mente.
Otra cosa es que ese bienestar o malestar sea provocado por la elaboración mental de los datos facilitados por los sentidos del cuerpo.
  - No entiendo.
  - Verás: Si tú, después de lavarte y vestirte, piensas en desayunar,
imaginarás un café con leche o un vaso de leche y unas tostadas, etc. y, al pensar en ello - y estamos en el futuro - lo desearás - y seguimos en el futuro - y luego lo tomarás - y estarás en el presente/pasado - y ese desayuno te sabrá bien o mal, según los datos que los sentidos del gusto, del olfato y del tacto y hasta de la vista, envíen a tu cerebro - y estamos en el pasado - y de las interpretaciones que tu mente les dé - y seguimos en el pasado -, es decir, que primero puedes haber disfrutado al pensar en el desayuno y eligiéndolo, pero en el futuro, y luego, cuando ya lo has probado y se encuentra en el pasado, deduces que te ha gustado o no, pero ya a posteriori. En el momento de tomar cada bocado, es decir, en el
presente, no se produce ninguna reacción porque ese acto o ese estimulo, o es futuro o es pasado.
  - Es cierto. El presente es inaprehensible.
  - Realmente es inexistente.
  - Y ¿cómo es posible?
  - Porque es una simple abstracción humana, lo mismo que el pasado y el por venir, y el tiempo mismo.
  - ¿Quieres decir que, en tu concepto, el tiempo no existe?
  - Estoy convencido.
  - ¿Y las horas? ¿Y el reloj? ¿Y el día? ¿Y la noche? ¿Y las semanas y los meses y los años...?
 - Realizada la primera invención, el tiempo, las demás vienen solas.
Pero éstas no demuestran la realidad de la primera.
  - Bueno, es verdad. Pero el tiempo está ahí.
  - ¿Dónde?
  - En ningún sitio, pero está ahí.
  - Bonita frase.
   - Es que es algo con lo que todos contamos.
 - Porque es una manera de pensar a la que estamos acostumbrados.
  - ¡Hombre!
  - Sí. Lo mismo que si ahora llegara aquí un amigo común, los dos
esperaríamos que nos dijese buenos días u otra cosa parecida ¿no?
  - Sí.
  - ¿Y por qué?
  - Porque es lo normal.
  - Pero ¿es necesario?
  - Hombre, necesario, no.
  - Entonces, con el tiempo pasa lo mismo.
  - No. No es igual. Yo puedo concebir que nuestro amigo no nos
salude al llegar. Será un mal educado y basta. Puedo seguir viviendo perfectamente sin su saludo. Pero ¿cómo voy a vivir sin tiempo?
  - Igual que sin saludo. Imagina que nunca has oído hablar del tiempo.
  No tienes ni idea de lo que es. ¿con qué cuentas para manejarte en la vida?
  - Contaría con los hechos, con los fenómenos.
  - De acuerdo. Y esos fenómenos los podrías clasificar en dos clases: los que ya han tenido lugar y los que aún no se han producido ¿no?
  - Sí.
  - En cuanto a los pasados, está claro que los has vivido ya y te consta que se produjeron. Pero, en cuanto a los por venir ¿cómo sabes que vendrán?
  - Porque aún no los he vivido.
  - Eso no responde a mi pregunta.
  - Porque he pensado en ellos y aún no los he vivido.
  - Eso ya está mejor. ¿te está haciendo mucha falta el tiempo con su reloj, sus horas, sus semanas, etc., para llegar a estas conclusiones?
  - No.
  - ¿Entonces?
  - Sí. Ya veo. Con el pasado y el futuro solos nos podemos manejar.
  - Luego, si el tiempo no es necesario y lo suprimimos y podemos
prescindir de él ¿para qué ha de existir? Es una creación humana ¿no lo comprendes?
  - Puede que sí.
  - Bien. Nos quedan, pues, el pasado y el futuro. Vamos a profundizar un poco en estos conceptos.
  - Bueno. Vamos allá.
  - ¿Qué es el pasado? ¿A qué llamas tú el pasado?
  - Pues, a aquellos acontecimientos que yo he vivido; yo u otro,
supongo.
  - De acuerdo. Y ¿qué quieres decir con "vivido"?
  - Hombre, pues quiero decir que esos fenómenos se han producido ya en la realidad.
  - ¿Y cómo lo sabes?
  - Porque los sentidos los han percibido.
  - De acuerdo. ¿Y son tus sentidos los que han llegado a esa
conclusión?
  - No. Es mi mente, que lo ha deducido de los datos facilitados por los sentidos.
  - O sea, que es tu mente la que ha vivido esos acontecimientos, ¿no?
  - En buena ley, sí.
  - Pero, al margen del tiempo ¿no?
  - Sí. Para vivirlos no ha necesitado del tiempo.
  - Y ¿qué es para ti el futuro?
  - El futuro son todos los acontecimientos que aún no he vivido.
  - ¿Tú? ¿Y si los han vivido otros, son futuro?
  - Bueno, esto se complica. Si yo no los he vivido pero otro sí, eso ya es pasado.
  - Y si tú no los has vivido y otros tampoco, ¿por esa simple razón son futuro?
  - No, lógicamente.
  - Luego, según tú, el elemento esencial del futuro es que aún no lo
haya vivido alguien?
  - Sí. Bueno, no. Porque si no resultaría que todo lo posible sería
futuro.
  - ¿Entonces?
  - Habré de añadir al concepto de futuro otro elemento distintivo.
  - ¿Cuál?
  - Quizá el de que lo haya pensado yo.
  - ¿Tú? ¿Sólo tú? ¿Quiere eso decir que si lo ha pensado otro ya no es futuro?
  - Bueno, que lo haya pensado yo o cualquier otro.
  - ¿Con eso crees que ya está definido el futuro?
  - Creo que sí.
  - O sea, que si yo, o cualquier otro, pensamos en un caballo con alas en la cola y cuernos de caracol que nos arrebata y nos lleva a su cubil, si eso no lo ha pensado nadie antes, eso es futuro?
  - No. Realmente habría que decir que eso es sólo posible.
  - ¿Solo?
  - O imposible.
  - ¿Y?
  - Pues que no tenemos aún definido el futuro. Nos falta, está claro, un elemento esencial, distintivo.
  - ¿Y cuál piensas tú que puede ser?
  - Verdaderamente, no lo sé. Sin contar con el tiempo, no se me
ocurre.
  - Y ¿contando con él, sí?
  - Pues, pensándolo mejor, tampoco.
  - ¿Entonces?
  - Vamos a empezar de nuevo.
  - De acuerdo. ¿Qué es para ti el futuro?
  - Algo que, siendo posible, aún no he experimentado.
  - ¿Y cómo sabes que es posible? Tendrás que pensar en ello ¿no?
  - Sí, claro.
  - Pues repasa tu definición.
  - Futuro es aquello que yo he pensado como posible.
  - Eso ya quiere decir algo. Pero ¡y si lo han pensado como posible los demás y tú no?
  - Pues entonces será futuro para ellos y no para mí.
  - ¿Quieres decir que a ti sólo te puede suceder lo que has pensado
antes?
  - No, claro.
  - ¿Entonces?
  - Pues tendremos que cambiar: Futuro es todo aquello que alguien ha pensado como posible, lo conozca yo o no.
  - ¿A quién incluyes en ese "alguien"?
  - Pues a cualquier hombre.
  - ¿Sólo a los hombres?
  - ¿A quién más puedo incluir?
  - No sé. Pero imagina que alguien haya establecido las leyes
naturales por las que se rige, de modo exacto, el universo entero. ¿crees que si ese alguien hubiese pensado algo, sería posible y, por tanto, futuro hasta que ocurriese?
  -Sí, claro. Pero eso no lo podemos conocer los hombres como futuro.
   - ¿No?
  - No.
  - ¿Y, en base a qué prevemos los eclipses de luna, por ejemplo? ¿O
las mareas? ¿O los terremotos y erupciones de los volcanes? ¿O la lluvia?, etc.
  - Sí. Tienes razón. Realmente estoy hecho un lío. Tendremos que
revisar una vez más nuestra definición: Futuro es todo lo posible pensado por alguien.
  - ¿Por qué "pensado por alguien"?
  - Porque, si alguien no lo ha pensado, no es posible.
  - Muy bien. Pero ¿tampoco interviene el que haya ya ocurrido?
  - Pues no. Es que puede haber ocurrido pero puede volver a ocurrir y entonces sería futuro, aunque también fuese pasado.
  - Un poco confuso ¿no crees?
  - Sí. Es que estoy viendo que, por un lado, el que haya ocurrido o no es esencial para el concepto de futuro, puesto que puede volver a ocurrir y, en ese caso, es futuro. Y, por otro lado, tampoco es esencial que yo lo haya ni experimentado ni pensado, pues pueden haberlo hecho otros y no deja de ser futuro.
  - ¿Entonces qué ocurre?
  - Que el futuro quedaría reducido a... nada. Futuro es nada.
  - ¿Nada?
  - ¿Qué característica esencial se te ocurre?
  - ¿Quieres decir que el futuro es una especie de fantasma, sin
existencia ni características distintivas propias?
  - Pues algo así.
  - ¿Y el pasado?
  - Después de todo lo dicho, al pasado le ocurre lo mismo. Porque,
aunque yo no lo haya experimentado, si otro lo ha hecho, también es pasado, aunque ni lo sepa yo; y, por otra parte, como hemos visto, se puede volver a repetir y, en ese caso, es futuro, si aún no se ha producido la segunda vez.
  - ¿Y cuál es tu conclusión?
 - Pues que ni el pasado ni el futuro tienen entidad ni características
propias.
  - O sea, que no existen, que no son nada.
  - Habrá un pasado y un futuro "míos", que yo he revestido con mi
personalidad, mis interpretaciones, mis intereses, pero un pasado absoluto, no. Sería algo así como si yo, y conmigo todos, pudiésemos ir echando mano de un gran depósito que contuviera todas las cosas posibles de ser pensadas, todas vivas, todas latentes, todas dispuestas a ser empleadas en algún punto de nuestras vidas para actuar en un sentido o en otro, atraídos o repelidos por ellas.
  - Te estás acercando al célebre "eterno ahora".
  - Pues sí. Es la mejor explicación.
  - Yo resumiría todo este tema diciendo que no hay tiempo, sino
pensamientos con posibilidad de realizarse y, por tanto que, como suele decirse "no pasan años sino que pasan cosas".
  - Bueno, pues ya lo tenemos más claro que al principio.


extraído de: http://franciscomanuelnacherlopez.blogspot.com.ar/p/el-nuevocontrato-socialpor-francisco.html

*

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada