jueves, 29 de octubre de 2015

Perdonar


PERDONAR

            Dice un escrito: Si un imprudente me agravia, le corresponderé con mi voluntario amor y perdón. El mal está de su parte, el bien de la mía. Dijo un sabio persa: siempre opongo la suavidad a la dureza y la bondad y el perdón a la perversión. Dice un proverbio chino: Vence el enojo con el amor; el odio nunca por el odio, sino por el amor y el perdón.
            El odio es un derroche de energía que se puede emplear para mejores obras y que se puede curar con el perdón. Solo quienes tengan la mente amplia, el corazón magnánimo, la mirada franca, el alma noble y un anhelo irrefutable de perfeccionamiento, puede perdonar y pasar a integrar el ejército de los que quieren ser buenos verdaderamente.
            No hay que ensombrecer nunca la vida de nadie, no maldecir a aquellos que viven en la penumbra, oscurecida su mente por amargo desengaño o cualquier otro inconveniente. Más bien, perdonemos y pidamos al Señor por la corrección de su senda para que vuelva por la ruta del bien y del perdón.
            Con nuestro recto pensar, con nuestro noble sentir y sobre todo con nuestro bien obrar y nuestro perdón, seamos la antorcha que ilumine el camino de todos los que viven extraviados y están en forma permanente en busca de la paz.
            El amor es vida, el amor es todo en todos. Cuando es confianza no es celos, cuando es paz no discordia, cuando es perdón no es odio, de esa manera  es brújula de la existencia.
            Recordemos que los mártires han sido siempre más felices cuanto mayor han sido sus sufrimientos y sus dolores y no olvidemos de que todos más o menos, somos mártires de las injusticias o de las calumnias o de la envidia o de tantas cosas. Perdonemos de todo corazón a aquellos que nos han martirizado con su envidia y con sus incomprensiones.
            El que nunca ha consolado al que sufre, el que se niega a practicar la caridad; el que se niega a abandonar su vanidad, el que ha sembrado en su corazón el resentimiento y con la dureza de su corazón pretende encubrir la dureza de su forma de actuar, nunca conocerá la infinita dulzura de lo que significa el dulce perdón, que es lo que nos devuelve la paz que tanto necesitamos.
            Cuando alguien te haya ofendido de alguna manera, recuerde que el que ofende siempre sufre más que la persona ofendida y perdónelo en nombre del Maestro. El perdón es el don de los dones y el más difícil de practicar.
            Vale la pena perdonar. ¿Quién sufre? ¿El que odia o el que es odiado? Sufre más el que odia, ya que nunca tendrá paz, en cuanto no decida perdonar. El día que perdone, sentirá un alivio tan grande que acabará diciendo: valió la pena perdonar. Gracias Dios mío.
            San Pablo dice de Jesús que se olvidó de si mismo y se despojó de su rango; de ahí el máximo de su humildad. Fue humillado hasta morir como un esclavo, lo que lo llevó a manifestar: “Aprended de mi que soy manso y humilde de corazón”; agregando que son felices los humildes de corazón, ya que están preparados para recibir a Dios y los mansos que no perdonen con violencia, sino con el perdón.
            El que no es capaz de perdonar una ofensa, no sabe perdonar, no conocerá nunca ese estado interior y plenitud de la conciencia que llamamos paz y quien no conoce la paz, nunca podrá ser feliz.
            El perdón es una práctica que no debemos olvidar. El perdón trae las fuerzas de los planos invisibles que nos rodean. Disuelve las formas de los pensamientos de odio, de venganza y de mala voluntad. En el perdón está la fuerza restauradora y creativa.
            Cuando albergamos o enviamos pensamientos de odio, no solamente generamos un veneno en nuestro cuerpo físico, sino que nos afinamos con las vibraciones inferiores del Mundo del Deseo. Por el contrario, cuando enviamos pensamientos de perdón, de bondad, de compasión, nos ponemos a tono con las vibraciones del Cristo.
            Nuestros principales líderes religiosos y filósofos, han sido las personas con mayor capacidad para perdonar. Jesús de Nazaret fue modelo de perdón. Perdonó a las prostitutas, a los malhechores, la traición de sus propios discípulos y finalmente a aquellos que lo mataron.
            Probablemente, no hay alegría más auténtica que la del perdón, porque posiblemente no existe congoja mayor que el sentimiento de culpa, por este amargo binomio: vergüenza y tristeza. Podríamos afirmar que el perdón es la más alta expresión de amor y la más genuina. El perdón nos hace superiores a los que nos injurian. El perdón es el sustento de la vida, es siempre un consuelo, una esperanza de calma.
            Todos sabemos que el odio conturba la mente, como si tuviese un velo pesado y es ese peso el que nos impide el claro raciocinio; el análisis claro y la justa comprensión de los hechos y las cosas. En cambio, el perdón tiene la virtud de dulcificar, de suavizar, de inspirar nobles acciones.-

            Tema extraído del Boletín del Centro Rosacruz de Santiago de Chile.

ASOCIACION INTERNACIONAL DE CRISTIANOS
MISTICOS MAX HEINDEL
Colombres 2113 – Bº Lomas de San Martín
5.008 – Córdoba – República Argentina

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Agradecemos al Sr. Raúl Sasia, por este aporte

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