martes, 10 de mayo de 2011

¿FATALIDAD O LIBRE ALBEDRIO?

¿FATALIDAD O LIBRE ALBEDRIO?

Pero si alguno dijera que si todo está preindicado, lo cual argüiría un destino inexorable decretado por un capricho divino, y que no hay razón para trabajar o para saber, y, por lo tanto, podemos entregarnos a satisfacer nuestras pasiones, a “comer, beber y a ser felices porque mañana moriremos,” podemos argumentarle de este modo.

Si nosotros hubiéramos nacido a esta vida de la Tierra por la primera y única vez para vivir aquí por un momento y después desaparecer de esta esfera para nunca más volver a ella, y la fatalidad y el favoritismo, independientemente de la justicia, fuesen los que gobernaban, su pretensión sería justa. Pero esto no puede ser así; en un mundo en el que todo lo demás está gobernado por la ley, la existencia humana debe estar también reducida a un sistema y nosotros sostenemos que una solución razonable del misterio de la vida nos es ofrecido por las leyes gemelas de la existencia: la ley del renacimiento y la ley de causación.

Aquello que ha tenido principio debe tener un fin, y a la inversa, aquello que es sin fin no puede nunca haber tenido principio. Si el espíritu humano es inmortal y no puede morir, tampoco puede haber nacido; si debe vivir por toda la eternidad, debe haber vivido desde siempre; no hay escapatoria de esta verdad o dilema; la preexistencia debe aceptarse si la inmortalidad es un hecho en la vida.

En este mundo no hay ley más simplemente observable que la ley de los ciclos alternos, los cuales decretan la sucesión del flujo y reflujo, del día y de la noche, del verano e invierno, del despertar y del dormir. Bajo esta misma ley la vida del hombre es vivida alternativamente en el mundo físico, donde siembra las semillas de la acción y gana experiencias con arreglo a su horóscopo. Estas, los frutos de su existencia aquí, son después asimiladas como poderes de alma en el mundo espiritual; el nacimiento y la muerte no son, pues, más que salidas de una fase de la vida del hombre a otra, y la vida que ahora vivimos es simplemente una de la serie. Las diferencias de carácter, nobleza y brutalidad, robustez o debilidad moral, posesión de ideales elevados o de bajos instintos, etc., son ciertos signos del poder del alma o de la pobreza en su caso. Las facultades más sutiles son los gloriosos mantos de las almas gentiles que se han purificado a través de muchas vidas en el crisol de la existencia, concreta, mediante las tentaciones y las pruebas. Estas facultades brillan con una luz que ilumina el camino y facilita el que otros las sigan. Las groserías y materialismos de importancia proclaman la juventud en la escuela de la vida; pero las existencias repetidas en este plano físico suavizarán con el tiempo las aristas, ablandándolas y dotándolas de mayor cantidad de alma.

El horóscopo indica esta diferencia en la textura del alma y los aspectos indican el modo en que el alma se madura por las configuraciones calidoscópicas de los planetas en progresión, que soplan los fuegos en el horno de la aflicción, para clasificar y purificar el alma de sus manchas o abrillantar la corona de la virtud como se gana la victoria; pero aunque los planetas muestran exactamente las tendencias, existe un factor determinante que no se refleja en ellas, una verdadera “x” o incógnita —la fuerza de voluntad del hombre— y sobre esta roca astrológica las predicciones pueden fallar y en algunas ocasiones es el Waterloo donde aun el más cuidadoso y competente astrólogo puede fracasar y verse perplejo ante el resultado de sus predicciones que él creía muy bien fundadas y es seguramente el más bendito indicio de que nosotros no estamos obligados por la fatalidad a hacer esto o lo otro, debido a las tendencias de nuestro horóscopo, que en determinados momentos los rayos estelares las impelen a nosotros en una dirección dada.

En un análisis final nosotros somos los árbitros de nuestro destino y es muy significativo que mientras es posible el predecir para la gran mayoría de la humanidad con certeza absoluta de que la predicción se hará manifiesta, debido a que flotan abúlicamente en el mar de la vida dirigidas por la corriente de las circunstancias, las predicciones hechas por el aspirante idealista y luchador fracasan en relación con su alcance espiritual y su fuerza de voluntad, que le elevan a la aserción propia y a la resistencia contra el mal y el error.

Un bellísimo poema escrito por Ella Wheeler Wilcox abarca esta idea de la forma más gráfica:

“Un barco zarpa para el Este y otro para el Oeste
—soplando el mismo viento para los dos;

—es la colocación de la vela y no la tormenta
—lo que determina el camino que ellos llevan.

“Como los vientos del mar son los caminos del hado
—que nos impelen a nosotros durante toda la vida;
—es el acto del alma lo que determina la meta
—y no la calma o la tempestad.”

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Extraído de: Fraternidad Rosacruz Cristiana, gracias.

http://fraternidadrosacruz.com/articulos/%C2%BFfatalidad-o-libre-albedrio

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