miércoles, 6 de marzo de 2013

¿Dónde está Dios? ¿Fuera o dentro?





¿Dónde está Dios? ¿Fuera o dentro?

Esta tarde una amiga cogió de mi librería un libro que le llamó la atención: Cosmología Pleyadiana de Bárbara Hand Clow. Lo leí hace casi dos décadas y recuerdo que me impresionó mucho. A través de él, nuestros hermanos de las estrellas expresan su visión sobre temas muy variados, ligados a nuestra evolución y al lugar que ocupamos en el cosmos. Mi amiga abrió el libro al azar y encontró unas frases que me gustaría compartir:


“Si ajustaseis vuestra forma de pensamiento dejando de concebir a Dios como algo separado y entendieseis a esa energía como un generador de dimensiones, vuestra adoración cesaría en cuestión de segundos. Cuando percibís algo como separado de vosotros –a un nivel superior a vosotros- perdéis la perspectiva de vosotros mismos. Cuanto más adoréis a esa deidad, más perderéis el sentido de lo que sois. Normalmente, os vemos como cuerpos energéticos pero cuando perdéis vuestra identidad debido a la adoración de una forma superior o separada, vuestra energía literalmente desaparece. Hemos de preguntaros: ¿Estáis vivos? Puesto que es difícil estar seguros de esto, interactuamos más con aquellos que tienen cuerpos energéticos muy activos.”

Nos están diciendo – a mi entender- que la energía divina es la suprema creadora de hologramas y de las múltiples bandas de frecuencia en las que podemos manifestarnos. Percibir a ese familiar que nos lo cuestiona todo, a ese jefe déspota, a esa vecina entrometida o criticona, o a ese político corrupto como algo exterior a mí, equivale a percibir a Dios como algo que está fuera de mi, si admito que la energía divina está en todo. Nosotros somos una de sus creaciones, por lo tanto resulta absurdo pensar que Dios pueda estar separado de algo que él mismo ha creado, es contrario a las leyes más elementales de la física cuántica, y de la lógica.

Dicho de otro modo, si admitimos que todos somos células del gran cuerpo divino, sería una falacia pensar que una celulita del pie pueda estar separada de una celulita de la cabeza. Si concibo que alguna manifestación de ese gran cuerpo puede ser ajena a mí, estoy gastando una energía para remar a contracorriente, y pierdo la perspectiva de lo que soy, de mi autentico poder para interactuar con ese gran cuerpo. Resultado: me agoto.

La forma en que una persona emplea su energía está relacionada con el sector 2 de su carta astral, pero ahí se sitúa también su economía, la gestión de sus propios recursos, el acceso a la abundancia. De ello se deduce que malgastar la propia energía conduce a tener problemas económicos. Si creo un vacío de poder, éste será rellenado de forma automática por otro poder, por una voluntad ajena a la mía. Y me sentiré manipulada, o engañada, como si mi vida dependiera de algo ajeno a mí.

En cambio si admito que cualquier manifestación “exterior” en la que fijo mi atención, en realidad es un fractal que sale de mi, seré consciente de que tengo la sartén por el mango, de que poseo el poder de cambiar dicha realidad. Si tengo el bastón de mando, no necesitaré desperdiciar energía o recursos en buscar expertos exteriores que me saquen las castañas del fuego, porque sabré recurrir a mi experto interior, y estaré pletórica de energía.

Imagino que más de un lector se planteará preguntas del estilo:”¿Si tengo una urgencia médica, no me quedará más remedio que acudir a un experto exterior?” Es evidente, pero cuando uno se empodera del todo y dialoga de forma asidua con su Yo divino, es difícil que se le presente una urgencia médica. Estoy planteando hipótesis.

Concluyendo: si percibo a la divinidad como algo consustancial, inherente a mi ser, seré consciente de que poseo la facultad de crear a la carta mis propios hologramas y circunstancias de vida. Pienso que esto es lo que quisieron transmitirnos los Pleyadianos a través de Bárbara Hand Clow.



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