martes, 7 de diciembre de 2010

REGLAS PARA UNA MEJOR MANERA DE VIVIR



REGLAS PARA UNA
MEJOR MANERA DE VIVIR

Del Libro: UNA MEJOR MANERA DE VIVIR
de Og Mandino.

Dice: “......... ¿Cómo puede usted sacar el mayor provecho de las
diecisiete Reglas para vivir que se presentan a continuación?”. Es fácil.

Nada más que hay que recordar que todos tenemos una serie
bastante grande de malos hábitos que reducen nuestra oportunidad
de lograr el éxito en la vida. Cada una de las reglas que usted aprenderá le ayudarán a librarse de un mal hábito mediante su sustitución
por un buen hábito. He allí la clave para una vida mejor. Hay que
concentrarse en una sola regla al día.

Ninguna de las reglas es muy larga. La longitud no es un requisito necesario de valor o verdad.

Le recomiendo que lea la regla en la mañana, que siga sus
lineamientos a lo largo del día, ponga una pequeña marca en la página y luego avance a la siguiente regla la mañana siguiente.

Cuando ya haya pasado las diecisiete reglas en total, podría
decidirse a repasarlas. ¡Magnífico! Conforme vaya usted avanzando
día con día, pronto descubrirá que las reglas no son independientes
unas de otras. De hecho, muchas de ellas se vinculan en cuanto a
propósito y acción, de tal manera que cuando se está concentrando
usted en una, simultáneamente está mejorando varios otros campos
y esto hace que este proyecto para cambiar la vida en el sentido de
mejorarla resulte mucho más fácil de lo que uno se esperaría.

Permita usted, amigo lector, que lo que viene a continuación se
vuelva su propio Libro de Vida Personal. El plan es sencillo, pero la
decisión corre por su cuenta. Si usted persiste y les da una buena
oportunidad, en poco tiempo descubrirá que muchos de sus viejos
malos hábitos que lo han estado frenando empiezan a sustituirse gradualmente por buenos hábitos, hábitos que cambian la vida. ¿Qué
hacer entonces? Hay que compartir lo que se ha aprendido, así como
yo compartí de mí mismo y de mi vida con usted, lector.

Solo entonces se dará usted cuenta de lo que el éxito y una
mejor manera de vivir significan realmente.

REGLAS PARA VIVIR

Probablemente hay palabras dirigidas exactamente a nuestra
condición y que, si realmente pudiéramos escucharlas y entenderlas,
serían más saludables para nuestras vidas que la mañana o la primavera, y que posiblemente confirieran un nuevo aspecto a la apariencia
de las cosas para nosotros.

¿Cuántos han señalado el comienzo de una nueva era en sus
vidas a partir de la lectura de un libro? Quizá existe para nosotros el
libro que nos explique nuestros milagros y nos revele otros nuevos.

Es posible que en algún lado encontremos expresadas las cosas que
actualmente son inefables.

Estos mismos interrogantes que nos molestan, desconciertan y
confunden se plantearon, en su momento, a todos los sabios; no se ha
omitido ninguna; y cada quien las ha respondido según su capacidad,
con sus palabras y su vida.

REGLA NÚMERO UNO

Hay que considerar lo bueno que uno tiene. Una vez que uno
se da cuenta de lo valioso que es y de cuántas cosas positivas tiene en
su favor, las sonrisas volverán, saldrá el sol, sonará la música y uno
podrá finalmente avanzar hacia la vida que Dios le señaló... con gracia, fuerza, valor y confianza.

REGLA NÚMERO DOS

Hoy, y todos los días, uno debe dar más de lo que le pagan por
hacer. La victoria del éxito se habrá ganado a la mitad cuando uno
aprenda el secreto de dar más de lo que se espera en todo lo que uno
hace. Hay que hacerse tan valioso en su trabajo que más adelante
uno se vuelva indispensable. Uno debe ejercer su derecho de recorrer ese kilómetro adicional y disfrutar de todos los beneficios que recibirá. ¡Bien se los merece!

REGLA NÚMERO TRES

Cada vez que se cometa un error o se haya sido abatido por la
vida, no hay que quedarse demasiado tiempo pensando en ello. Los
errores son la forma en que la vida le enseña a uno. La capacidad de
cometer errores ocasionalmente es inseparable de la capacidad de
lograr las propias metas.

Nadie gana de todas, todas, y las fallas que se tienen, cuando
ocurren, son simplemente parte del propio crecimiento. Hay que
sacudirse los errores.

¿Cómo podría uno conocer sus límites sin una falla ocasional?
Nunca hay que rendirse. Ya llegará el turno de uno.

REGLA NÚMERO CUATRO

Uno debe premiar siempre sus largas horas de trabajo y afán
de la mejor manera, rodeado de su familia. Hay que alimentar su
amor con todo cuidado y recordar que los hijos necesitan modelos, no
críticas, y el propio progreso se intensificará cuando uno se esfuerce
constantemente por presentar el mejor aspecto de uno mismo a los
hijos. E incluso si uno ha fallado en todo lo demás a los ojos del
mundo, si se tiene una familia que lo ame, uno es un triunfador.

REGLA NÚMERO CINCO

Hay que levantar este día sobre una base de pensamientos
agradables. Uno no debe preocuparse nunca por ninguna imperfección
que uno tema pueda impedir su progreso. Hay que recordar, tan
seguido como sea necesario, que uno es hijo de Dios y que tienen el
poder de alcanzar cualquier sueño si eleva sus pensamientos. Es
posible volar cuando uno decide que puede hacerlo. No hay que volver a considerarse derrotado. Hay que dejar que lo que el corazón
ambiciona sea el proyecto de la propia vida. ¡Hay que sonreír!

REGLA NÚMERO SEIS

Siempre hay que dejar que las propias acciones hablen por uno,
aunque todo el tiempo hay que estar en guardia contra las terribles
trampas del falso orgullo y la vanidad que pueden detener el propio
avance. La próxima vez que uno se sienta tentado a vanagloriarse,
tendrá primero que meter la mano en una cubeta llena de agua y,
cuando la saque, el agujero que quede hará que uno se dé una idea
correcta de la medida de su importancia.

REGLA NÚMERO SIETE

Cada día es un don especial de Dios, y si bien es posible que la
vida no siempre sea justa, uno no debe dejar nunca que las penas, las
dificultades y las desventajas del momento envenenen la actitud y los
planes que uno tiene para sí mismo y su futuro. No se puede ganar si
se lleva puesta la fea capa de la autocompasión, y el sonido desagradable de los lamentos con toda seguridad ahuyentará cualquier oportunidad de éxito. Nunca más. Hay una mejor manera.

REGLA NÚMERO OCHO

Uno nunca debe llenar sus días ni sus noches con tantas nimiedades y cosas insignificantes como para no tener tiempo de aceptar
un verdadero reto cuando éste se presente. Este es válido tanto para
el juego como para el trabajo. Un día meramente sobrevivido no es
ocasión de festejo. Uno no está aquí para desperdiciar sus preciosas
horas, cuando tiene la capacidad de lograr tanto si hace una pequeña
modificación en su rutina. Ya no hay que volverle la cara al éxito. Hay
que darse tiempo y espacio para crecer. Ahora. ¡Ahora mismo! ¡No
mañana!


REGLA NÚMERO NUEVE

Hay que vivir este día como si fuera el último de su vida. Hay
que recordar que sólo se encontrará la expresión «mañana» en los
calendarios de los tontos. Hay que olvidar las derrotas del ayer y no
tomar en cuenta los problemas del mañana. Eso es todo. Es el día
del Juicio Final. Es todo lo que se tiene. Uno debe hacer de este día
el mejor de su año. Las palabras más tristes son: «si pudiera volver a
vivir mi vida...» Hay que tomar la batuta ahora. ¡Y dirigir con ella!
¡Éste es su día!

REGLA NÚMERO DIEZ

A partir de hoy, uno debe tratar a todas las personas que encuentre, sean amigas o enemigas, conocidas o extrañas, como si fueran a morirse a medianoche. No importa qué tan trivial sea el contacto, hay que brindar a cada persona toda la atención, amabilidad, comprensión y afecto que uno pueda mostrar, y hay que hacerlo sin pensar en ninguna recompensa. Su vida nunca volverá a ser igual.

REGLA NÚMERO ONCE

Hay que reírse de sí mismo y de la vida. No con el ánimo de
burlarse ni de autocompasión plañidera, sino como un remedio, como
un medicamento milagroso, que le permitirá a uno olvidarse del dolor,
le curará la depresión y le ayudará a poner en perspectiva la derrota
aparentemente terrible del momento. Uno debe borrar la tensión y las
preocupaciones riéndose de sus predicamentos, con lo que liberará
su mente para pensar con claridad en la solución que seguramente
llegará. Nunca hay que tomarse demasiado en serio.

REGLA NÚMERO DOCE

Nunca debe descuidarse los detalles, ni escatimarse ese esfuerzo adicional, esos cuantos minutos de más, esa palabra suave de
alabanza o de agradecimiento, esa entrega de lo mejor que uno puede
hacer. No importa lo que los demás piensen, pero sí es de primordial
importancia lo que uno piensa de sí mismo. Usted nunca podrá hacer
lo mejor, que debería ser siempre su rasgo distintivo, si está tomando
atajos y evadiendo responsabilidades. Usted es alguien especial. Debe
actuar como tal.

¡Nunca deben descuidarse los detalles!

REGLA NÚMERO TRECE

Hay que recibir cada mañana con una sonrisa. Uno debe considerar el nuevo día como otro regalo especial de su Creador, otra oportunidad dorada para completar lo que uno no pudo concluir ayer. Hay
que motivarse uno mismo.

Hay que dejar que la primera hora establezca el tema del éxito y
la acción positiva que con toda seguridad resonará durante todo el día.

El día de hoy nunca volverá a ocurrir. No hay que desperdiciarlo con
un inicio falso o completamente nulo. Usted no nació para fallar.

REGLA NÚMERO CATORCE

Uno logrará su gran sueño, un día a la vez, así es que hay que
fijar metas para cada día «no proyectos largos y difíciles, sino tareas
que lo llevarán a uno, paso a paso, hacia su arcoiris. Debe anotarlas,
si así le parece, pero hay que limitar la lista de manera que no se
tengan que arrastrar las cuestiones inconclusas de hoy hacia el mañana. Hay que recordar que uno no puede construir su pirámide en veinticuatro horas. Hay que ser paciente.

Nunca debe dejar que su día
esté lleno de actividades que se descuide la meta más importante»
hacer lo mejor que pueda, disfrutar este día y mantenerse satisfecho
con lo que ha logrado.

REGLA NÚMERO QUINCE

Uno no debe permitir nunca que nadie le eche a perder su desfile y de esa manera arroje una sombra de tristeza y derrota en todo el
día. Hay que recordar que no se requiere nada de talento, ni abnegación, ni inteligencia, ni carácter, para estar en el equipo de los que
encuentran fallas. Nada externo puede tener poder sobre uno a menos que uno lo permita.

El tiempo es demasiado precioso para sacrificarlo en días desperdiciados combatiendo las fuerzas rastreras del
odio, los celos y la envidia. Usted debe proteger cuidadosamente su
frágil vida. Únicamente Dios puede crear la forma de una flor, pero
cualquier niño tonto puede hacerla pedazos.

REGLA NÚMERO DIECISÉIS

Hay que buscar la semilla del bien en todas las adversidades.
Cuando uno domina ese principio, posee un valioso escudo que lo
protegerá bien a través de todos los oscuros valles por donde tenga
que pasar. Es posible ver las estrellas desde el fondo de un pozo
profundo, en tanto que no pueden distinguirse desde la cima de una
montaña. De la misma manera, usted aprenderá de la adversidad
cosas que uno no habría descubierto jamás sin dificultades. siempre
hay una semilla del bien. Uno debe encontrarla para prosperar.

REGLA NÚMERO DIECISIETE

Uno debe darse cuenta de que la verdadera felicidad radica
dentro de uno mismo. No hay que desperdiciar tiempo ni esfuerzo en
buscar la paz, la alegría y el gozo en el mundo externo. Hay que tener
presente que no hay felicidad en tener u obtener, sino únicamente en
dar. Hay que dar.

Compartir. Sonreír. La felicidad es un perfume que no se puede escanciar en los demás sin que unas cuantas gotas caigan en uno
mismo.

Como final lo que dijo George Eliot:

“Es sólo un tipo empobrecido de felicidad el que podría derivarse de una preocupación muy grande por nuestros propios placeres
estrechos. Sólo podemos tener felicidad mayor como la que acompa-
ña a la verdadera grandeza, si tenemos una gran consideración y
muchos sentimientos hacia el resto del mundo, así como los tenemos
hacia nosotros mismos. Este tipo especial de felicidad a menudo trae
consigo tanto dolor que sólo podemos diferenciarlo del dolor porque
es lo que eligiríamos sobre todo lo demás, porque nuestras almas ven
que eso es bueno”

Y la reflexión de Og Mandino:

“Es bueno tener dinero y las cosas que el dinero puede comprar, pero también es bueno ponerse una que otra vez a reflexionar
para estar seguro de no haber perdido las cosas que el dinero no
puede comprar.
Hay que comunicarse con los demás. La felicidad no es sino el
producto secundario de la manera en que uno trata a sus semejantes.

Ahora es el momento de ser feliz. Aquí es el lugar para ser feliz. Hay
que aprender y comenzar a vivir según las reglas que se le han entregado a Usted, reglas que se le presentaron con mucho amor, y compartir su mensaje con otros que piden su apoyo”

* * *

473 - JOYAS ESPIRITUALES - 11/01 - FRATERNIDAD ROSACRUZ DEL PARAGUAY

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