miércoles, 19 de marzo de 2014

CONSUMISMO Y RELIGIÓN



CONSUMISMO  Y RELIGIÓN
Esta es la era del consumismo y del hombre burbuja, en la cual se ultrajan las religiones y en especial a la religión del Hijo, la cristiana, por haber generado dolor y muerte a la humanidad, siendo que es el hombre, el ser humano el único arquitecto de su propio destino y que él, exclusivamente forja interpretaciones de las grandes verdades según su conveniencia e interés, elaborando muchas veces escenarios infamantes y distorsionados, debido a la ignorancia , el egoísmo, codicia, ansias de poder y riqueza y, por supuesto, por el desamor de esta y otras civilizaciones.
En la actual época, en la que ciertamente estamos en el nadir de la materia, la ciencia, la tecnología derivada de ella y el consumismo indiscriminado a ultranza  han ayudado a que la raza humana cimente la creencia de que no es necesaria la espiritualidad y que el hombre es la medida de todas las cosas, aupando así un modus vivendi alejado de las cosas del espíritu. Creo entonces que es muy necesario buscar poner algo de orden entre tanta basura pseudo esotérica y de la  ‘New Age’ poco veraz que leemos a diario, pero atractiva a las mayorías por  condescendiente, alegre, facilista y permisiva con las debilidades humanas, empero que no busca y consigue otra cosa que alejar al sujeto social contemporáneo más y más del conocimiento  de su verdadera  esencia,  de su verdadera naturaleza divina y del acceso más acelerado al desarrollo de sus potencialidades inmanentes. El ser humano integral, que esencialmente es un ente espiritual eterno, busca mediante el uso adecuado y dominio de sus varios vehículos de diferente grado de perfección,  adquirir experiencia y sabiduría en este plano sensorial,  a efectos de encontrar equilibrio entre lo material y lo espiritual y eventualmente ser merecedor, potenciado y puro, de regresar a habitar permanentemente las mansiones del Padre. Para ello necesita conocerse a sí mismo y edificar, por su voluntad,  el proceso adecuado y utilizar las herramientas espirituales que le transformen en un individuo siempre mejorado, perfectible y dispuesto a alargar la mano compasiva, tolerante y amorosa, a efectos de que sus hermanos menos favorecido y dotado de saber, igualmente alcancen en su momento la aprehensión de la divinidad, pues la llamada salvación es privativa de toda la humanidad y no de unos pocos.
Con sobrada razón podemos decir que Occidente puede y de hecho aporta muchísimo en la dirección que  hemos mencionado y que el conocimiento cabal del cristianismo esotérico y místico y  la práctica perenne de la religión cristiana, a mi modo de ver,  entendida en su verdadera profundidad y practicado su luminoso mensaje de forma certera y perdurable, son un maravilloso camino, si no el único pero quizás el mejor, para  buscar la perfección y entender el Amor absoluto del Padre, Creador de este inagotable Universo.
A Max Heindel, fundador de la Fraternidad Rosacruz, le hicieron una pregunta sobre la llamada religión cristiana y su doloroso y polémico rol en la historia desde su aparición como tal. Por lo importante de su contenido, me permito compartirla, pues creo que arroja luces sobre estos temas fundamentales en que nos hemos ocupado:


    PREGUNTA Nº 91
  Se dice que Dios amaba tanto al mundo que dio a su único Hijo y que cualquiera que en El creyera no moriría, sino que tendrá vida eterna." ¿Cómo se puede reconciliar esa idea con las palabras de Cristo: Vine, no a traer paz, sino una espada?

  Respuesta: “Se dice que la "ley y los profetas fueron hasta la venida de Cristo" y hay cuatro grados mediante los cuales el hombre se eleva hasta Dios. Al principio, cuando despierta a la conciencia del Mundo Físico y está en estado salvaje, se encuentra rodeado por otros hombres, los que debido a las circunstancias, se ven obligados a luchar por la vida, entre los cuales el poder es un derecho; entonces aprende a confiar en su propia fuerza para salvarse de las asechanzas de los animales y de los demás hombres. Pero percibe en torno suyo los poderes de la Naturaleza, y los teme, porque sabe que pueden matarlo y que es impotente para luchar con ellos. Entonces empieza a adorarlos, tratando de propiciarse a Dios, a quien teme, por medio de sacrificios sangrientos.
  Después comienza a considerar a Dios como el dador de todas las cosas, quien lo recompensará aquí y ahora si obedece su ley, y lo castigará instantáneamente si la desobedece. Será un poderoso aliado contra sus enemigos, pero puede ser también un enemigo poderoso, y por consiguiente le teme también. Y así lo adora y le sacrifica animales por miedo y avaricia.
  Más tarde llega al estado en el que se le enseña a adorar a un Dios de amor y a sacrificarse por el mismo diariamente, toda su vida, pues se le recompensará en un estado futuro en el que debe tener fe, y cuyo estado no se lo describen claramente.
  Finalmente, el hombre llega al estado en el que reconoce su propia divinidad y hará el bien porque es bueno, sin esperar ni recompensa ni castigo.
  Los judíos habían alcanzado el segundo de esos estados y estaban bajo la ley. La religión cristiana se va elevando por el tercer estado, si bien no se ha librado del todo del segundo. Todos nosotros estamos aún bajo leyes hechas por Dios y por el hombre para subyugar nuestros cuerpos de deseos por el miedo, pero para desarrollarnos espiritualmente desde ahora debemos sensibilizar nuestro cuerpo vital, que es solo dirigible por el amor, no reconociendo absolutamente la ley que gobierna la naturaleza emocional.
  Con objeto de preparar ese estado futuro, los sacerdotes, quienes estaban más desarrollados que la gente ordinaria, se mantuvieron separados y aparte. Sabemos que en el Oriente solo cierta casta, los brahmanes, podían entrar en los templos y realizar los servicios religiosos. Entre los judíos solo los levitas podían aproximarse al santuario, y en otras naciones sucedía lo mismo. Los sacerdotes eran siempre una clase distinta, que no podían casarse con el resto del pueblo. Estaban separados y aparte en todo respecto.
  Eso era debido a que los guías de la humanidad podían usar solamente la excitación, la emoción cuando existía cierta lasitud entre el cuerpo vital y el denso. Así que eligieron a esos sacerdotes y los agrupaban en los templos, regulando toda su vida, su sexualidad, etc., en toda su extensión. Pero cuando Cristo se liberó del cuerpo de Jesús y difundió Su Ser por todo el mundo, el velo se rompió, simbolizando el hecho de que la necesidad de condiciones especiales había cesado de existir, habían terminado. Desde ese entonces el éter ha estado cambiando la tierra. Una creciente intensidad vibratoria permite la expresión de las cualidades altruistas. El comienzo de esa enorme vibración fue lo que produjo la oscuridad que siguió a la crucifixión. No era oscuridad en manera alguna, sino una luz intensa que cegó al pueblo hasta que las vibraciones fueron disminuyendo por la inmersión en el cuerpo denso, físico de la Tierra. Pocas horas después el radiante Espíritu Cristo había entrado en la Tierra suficientemente como para restablecer las condiciones normales. Pero gradualmente ese poder interno va elevándose, y las vibraciones etéricas están acelerándose, aumentando el altruismo y el crecimiento espiritual. Así que las condiciones actuales son tales que no hay necesidad alguna de una clase especial privilegiada, pero todos y cada uno deben aspirar a entrar en el sendero de la iniciación.
  Sin embargo, las antiguas condiciones mueren con dificultad; bajo el régimen de Jehová, el Espíritu de la Luna, la humanidad se separó en naciones, y con objeto de que él pudiera guiarlas se hizo necesario que algunas veces empleara una nación para castigar a otra, pues la humanidad no era entonces dirigible por el amor solo obedecía al látigo del miedo. Antes de que la Gran Fraternidad Universal de Amor pueda formarse, será necesario deshacer esas naciones, pues si tenemos varios montones de ladrillos y queremos construir un gran edificio es necesario primero que separemos esos montones en ladrillos individuales, aprovechándolos así para formar el gran edificio. Por lo tanto, Cristo dijo: "yo no vengo a traer la paz, sino una espada."
  Debemos sobrepasar el patriotismo y aprender a decir con esa gran alma, Tomás Paine: "El mundo es mi patria y hacer el bien mi religión." Hasta ese entonces habrá guerras, y cuantas más mejor, porque entonces veremos más pronto su horror, lo que nos obligará a hacer la paz.
  En la Santa Noche, cuando nació Cristo, los ángeles cantaron una canción: "Paz en la Tierra y buena voluntad a los hombres." Más tarde el niño creció y dijo: "Yo no vengo a traer paz, sino una espada," y la religión cristiana ha sido la más sangrienta de todas las religiones humanas. Ha llevado la desolación y el dolor a todas partes donde ha ido; pero, aparte de todo eso, llegará un tiempo en el que la canción de los Ángeles se convertirá en una realidad y entonces se vivirán las palabras de Cristo sobre el amor al prójimo. Cuando la espada haya hecho su obra se transformará en un arado, y entonces ya no habrá más guerras, porque tampoco habrá más naciones.”

Ref.: Filosofía Rosacruz en Preguntas y Respuestas, Tomo I


José Mejía R.
Marzo 18 de 2014

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Agradecemos al Sr. José Mejía, por este aporte.

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