martes, 18 de marzo de 2014

EL VEGETARIANISMO Y LA LEY DEL AMOR


EL VEGETARIANISMO Y LA LEY DEL AMOR

            “Cuando el hombre mata a un tigre a eso lo llamamos deporte,  y cuando el tigre mata a un hombre a eso lo llamamos ferocidad”.
                                                                                                          Bernard Shaw
           
            El vegetarianismo es muchas veces adoptado por razones de salud, tal como un régimen alimenticio más saludable, higiénico y sustancioso. Pero, el aspecto más importante del vegetarianismo es ser un MODO DE PENSAR Y DE SENTIR, estando esto ligado muy profundamente a la idea de la Fraternidad Universal.
            Todos los reinos de la naturaleza – mineral, vegetal, animal y humano – son partes de un Todo. La ciencia y algunas religiones aceptan y explican la Ley de la Evolución , la que se procesa por medio del desarrollo de la conciencia. Siendo el hombre un ser dotado de la mayor conciencia, es por eso mismo el que tiene la mayor responsabilidad en el mundo.
El hombre, por su continuo pensar, se ha de aproximar cada vez más a las verdades proclamadas en todos los tiempos por los sabios, filósofos, santos y profetas. La base de estas verdades es que LA LEY DEL AMOR, es la única ley que conducirá al hombre a un estado de real grandeza espiritual.  Sin el Amor, obtendremos grandes progresos materiales, más no alcanzaremos la verdadera civilización.
Ahora, la LEY DEL AMOR no puede admitir la inútil y cruel matanza de animales, tal como la que se practica, en gran escala, en pleno Siglo XXI.
Decimos inútil y cruel ya que si es con fines de alimentación, millones de vegetarianos en todo el mundo prueban que viven en iguales o mejores condiciones tanto físicas como intelectuales que los que no son vegetarianos. (veamos como ejemplo a Bernard Shaw, Ghandi, Leonardo da Vinci, el atleta olímpico Paavo Nurmi, los campeones Carlos Mann y Koletman y tantos otros como los pueblos Hunza, que son célebres por su vigor y resistencia).
Si es con fines deportivos, nada puede ser más vejatorio para nuestro orgullo de un mundo civilizado, que el hecho de ver a hombres y mujeres divirtiéndose con la matanza de animales en forma tan fría como calculadamente. (¿Qué sentimientos podemos atribuir a todos aquellos que practican el tiro al blanco en palomas o que van a las selvas a perseguir animales con el único propósito de destruirlos? ¿Qué pensar de aquellos que se divierten ante el espectáculo sanguinario de las corridas de toros y de las riñas de gallos y peleas de perros?
Si es con fines ornametales, más se evidencia la inutilidad de las matanzas porque innumerables personas viven y viven bien, con agasajos, adornos y utensilios que no exigen la destrucción de ninguna vida.
En realidad, pocas personas comerían carne si tuviesen que matar a los animales con sus propias manos o simplemente, asistir a la carnicería de los mataderos.
Se comprende que en el pasado, cuando el cultivo de la tierra era muy reducido, muy difícíl en muchas regiones, desconocidos los grandes recursos agrícolas de hoy, ignorando el valor alimenticio de la mayoría de las frutas, cereales y legumbres            . En cambio hoy, que nos vemos  enriquecidos por tan grandes progresos y conocimientos, ¿cómo explicar que todavía no hayamos vencido la herencia poco humana de comer carne?.
¿Podemos cultivar el sentimiento de la FRATERNIDAD UNIVERSAL aprobando, apoyando, participando de la crueldad, indiferencia y egoísmo con que se sacrifican a los animales?.
¿No es una incoherencia festejar las grandes fechas que reverencian a JESÚS, el Día de Acción de Gracia, la Navidad , la Pascua , el primer Día del Año, sacrificando, para llevar a nuestras mesas vidas y vidas de pequeños animales? ¿Podemos agradar al Señor, que fue todo Amor y Misericordia, con la destrucción de seres que ya tienen sensibilidad y conocen el sufrimiento?.
El vegetarianismo se impone por cuestiones de salud, por razones científicas y  sobre todo, porque contribuye a una actitud de acatamiento a la LEY DEL AMOR.-


Tema extraído del Boletín ECOS del Centro Rosacruz de San Pablo, Brasil.-  

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Agradecemos al Sr. Raúl Sasia, por este aporte.

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