viernes, 20 de junio de 2014

¿En qué consiste la Alquimia?


¿ EN QUÉ CONSISTE LA ALQUIMIA ?
por
Orión de Panthoseas

La alquimia es el arte, o Mágnum Opus (Gran Obra) de la transmutación de los metales bajos en oro y del proceso denominado Mysterium Mágnum (conocimiento de las fuerzas sutiles de la Naturaleza) a fin de obtener el LapisPhilosophorum (Piedra filosofal) y el Elixir Vitae (Elixir de Vida) En sentido simbólico, pues, es el proceso de transmutación de la naturaleza inferior del hombre por medio del poder interno actuando mediante la libre voluntad espiritual del individuo.
El motivo de que los alquimistas recurrieran a los tradicionales términos conocidos, tales como oro, azufre, mercurio, sal o ázoe, no obedecía sino a una forma entendida de aludir a determinados estados espirituales entre los iniciados sin ponerse en riesgo ante las exigencias restrictivas de los poderes eclesiales del momento, y porque la masa general de la humanidad de aquel tiempo tampoco se encontraba en condiciones de comprender las verdades contenidas en la filosofía hermética. Así que, cuando un alquimista comunicaba a otro sus métodos, en realidad no estaba haciendo otra cosa que señalarle el qué o el cómo de sus métodos espirituales para progresar en dicho campo. Todo lo demás, lo referente a la química nacida y sobrevenida con el renacimiento y con posterioridad, no es sino un entretejido accidental de gente o gentes de buena fe o, simplemente, de los no conocedores de la raíz y fondo de la cuestión.
Porque, veamos: si el oro ha significado en todos los tiempos el espíritu, veremos ahora los demás términos y no otros eran los aplicables.El cuerpo era considerado no sólo el templo del espíritu, sino crisol a partir del cual iba a llevarse a cabo la transmutación de todos y cada uno de los cuerpos en la luz dorada de los santos, el color dorado, el color de la luz de Cristo.
Así, los antiguos alquimistas designaron con el nombre de “Sal” a los ángeles de la Luna, que gobiernan las salobres mareas. Observaron que para las funciones de la mente es necesaria cierta cantidad de sal en la sangre, pero que su exceso podía ocasionar la demencia. Por este motivo, los alquimistas relacionaban la Luna con la mente.

Por otra parte, los ígneos espíritus de Lucifer – ángeles rezagados en su evolución, o ángeles caídos – fueron asociados con el elemento Azufre. Decían que la continua inhalación de este elemento desvanecía al hombre y lo mataba, del mismo modo que el hombre espiritual queda inconsciente y muere para los mundos espirituales si asimila las enseñanzas que le imbuyen los ángeles luciferes.
Afirmaba de modo semejante los alquimistas que el metal Mercurio es el más engañoso de todos, dado que penetra y se evapora a través de las sustancias con que se pone en contacto, motivo por el que lo compararon de forma simbólica a los Señores de Mercurio, consumados maestros en el arte de penetrar los secretos de la Naturaleza por medio de la mente.
De la forma dicha, los alquimistas relacionaron a los ángeles lunares, que gobiernan las mareas, con el elemento sal; a los espíritus luciferarios de Marte con el elemento Azufre; y a los Señores de Mercurio con el metal del mismo nombre. También hablaban los alquimistas de un cuarto elemento, el ázoe, nombre en el que entran la primera y última letras del alfabeto, como si quisiera significar la misma idea que “alfa y omega”, es decir, que todo lo abarca e incluye. Este elemento se refería a lo que ahora se llama el rayo espiritual de Neptuno, Rayo de la Divinidad, el cual es la octava de Mercurio o sublimada esencia del poder espiritual que, por otra parte, se pone de manifiesto en el tercer canal medular mediante el ascenso del fuego serpentino desde el Kundalini, aquel que pone en contacto las glándulas espirituales – pineal y pituitaria – y el individuo adquirirá la clarividencia voluntaria.
Los alquimistas sabían muy bien que la naturaleza física y moral del hombre se habían embrutecido a causa de las pasiones infundidas por los luciferes y que, en consecuencia, era necesario un proceso de destilación y refinamiento para eliminar tales características y elevar al hombre a las últimas alturas. Consideraban por tanto al cuerpo un laboratorio y hablaban del proceso espiritual en términos químicos. Observaron que este proceso comienza y tiene su peculiar campo de actividad en la espina dorsal, la cual constituye el enlace entre los órganos creadores: el cerebro o campo de acción de los inteligentes mercurianos, y los genitales, donde tienen su posición más ventajosa los lujuriosos y pasionales luciferes. La tripartita columna vertebral era, por tanto, para ellos el crisol de la conciencia. Sabían que los ángeles lunares eran especialmente activos en la simpática sección del espinazo, que rige las funciones relacionadas con la conservación y bienestar del cuerpo, y designaban dicha sección con el elemento “Sal”. Veían claramente, de otro lado, que los luciferarios gobernaban la sección relacionada con los nervios motores, los que difunden la energía dinámica almacenada en el cuerpo por los alimentos, y simbolizaban dicha sección mediante el “Azufre”. La tercera sección, que señala y registra las sensaciones transmitidas por los nervios, recibió el nombre de “Mercurio”, porque decían que estaba regida por los espirituales seres de Mercurio.
Contrariamente a los que afirman los anatómicos, el canal formado por las vértebras no se encuentra lleno de fluido, sino de un gas semejante al vapor de agua, que puede condensarse cuando se expone a la acción de la atmósfera; sin embargo, también puede sobrecalentarse por la actividad vibratoria del espíritu hasta un grado en que podrá convertirse en el brillante y luminoso fuego de la regeneración. Aquí es donde actúan las grandes jerarquías de Neptuno, y lo llamaron “Ázoe”.
El proceso alquímico de enardecer y realizar esta energía se efectúa en la columna vertebral, donde se hallan la Sal el Azufre, el Mercurio y el Ázoe. Los nobles y altos pensamientos, la meditación sobre puntos espirituales y el altruismo manifestado en la vida cotidiana, ponen incandescente la médula espinal mediante el fuego espinal o “serpiente de sabiduría”. Asciende gradualmente, y cuando en el cerebro llega al cuerpo pituitario y a la glándula pineal, pone en vibración estos órganos, abre los mundos espirituales al aspirante y capacita para comunicarse con los dioses, es decir, con los seres espirituales del mundo invisible. Este fuego irradia entonces en todas direcciones, penetra en el cuerpo por entero y su aura, y el hombre se convierte en la
”piedra viva”, cuyo fulgor supera al del diamante o del rubí. Él es, entonces, “la piedra filosofal”. Esta es la fiel y verdadera interpretación ancestral y actual de la denominada “Alquimia”.


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Agradecemos al Sr. César Lillo Arellano, por este aporte

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