lunes, 23 de junio de 2014

La sangre purificadora de Cristo-Jesús por Orión de Panthoseas



LA SANGRE PURIFICADORA DE CRISTO-JESÚS
por
Orión de Panthoseas

Una vez que El Salvador, Cristo Jesús, fue crucificado, su cuerpo fue herido en cinco partes: en cinco de los centros por los que fluyen las corrientes del cuerpo vital. La presión de la corona de espinas produjo también un flujo añadido en el sexto centro.
De modo que, cuando la sangre fluyó de tales centros, el gran Espíritu Solar, Cristo, se liberó del vehículo de Jesús y se encontró en la Tierra con sus vehículos individuales. De aquí que los vehículos planetarios ya existentes fuesen compenetrados por sus propios vehículos, por lo que en un abrir y cerrar de ojos difundió su propio cuerpo de deseos sobre el planeta, lo que le permitió desde entonces trabajar sobre él y la humanidad desde dentro de nuestro planeta.
Fue tal que, en aquel momento, una oleada tremenda de luz espiritual solar inundó la Tierra y el velo del Templo se rompió, ese velo que el Espíritu de Raza había colgado ante el Templo para resguardarlo de todos menos de los pocos elegidos hasta entonces (los sacerdotes, pertenecientes a la tribu de Leví) A partir de ese hecho el sendero de la Iniciación quedó abierto para todo aquél que quisiera acceder a él. Por lo que concierne en todo caso a los mundos espirituales, dicha oleada transformó las condiciones de la Tierra como en un relámpago, si bien las condiciones densas y concretas, evidentemente, son afectadas de forma mucho más lenta.
Cual toda vibración rápida de intensísima luz, aquella gran oleada, debido a su fulgor y brillantez, cegó repentinamente al pueblo. Ello indujo a decir que el “Sol se había oscurecido”, cuando lo sucedido fue realmente lo opuesto: el Sol había brillado con un gloriosísimo resplandor. El exceso de luz, la fulminante vibración fue lo que cegó a las gentes, por lo que únicamente cuando la Tierra hubo absorbido el cuerpo de deseos del brillante Espíritu Solar, sólo entonces, fue cuando descendió la vibración hasta una intensidad normal y “pudo verse de nuevo con normalidad”.
Aclarado lo anterior, la expresión “la sangre purificadora de Cristo Jesús” significa que la sangre que fluyó en el Calvario está ligada al Gran Espíritu Solar, Cristo, quien por ese medio se aseguró su admisión en la Tierra, por lo que es su regente desde aquél mismo momento. Difundió su propio cuerpo de deseos por todo el planeta y lo purificó de todas las viles influencias que se había desarrollado bajo el régimen del Espíritu de Raza, basado en la separación, el egoísmo y la sensualidad. Bajo la ley todos pecaban, pues que todos la infringían; y más aún, no podían ser ayudados, dado que no habían evolucionado tanto como para poder obrar con rectitud por medio del Amor. Era tan fuerte la naturaleza pasional en ese tiempo, que para los humanos de entonces constituía una imposibilidad controlarla y dirigirla; de aquí que sus deudas de destino, engendradas bajo la Ley de Consecuencia, hubieran alcanzado proporciones de carácter colosal. La evolución, por tanto, se hubiera demorado de forma terrible, y muchos habrían quedado “perdidos” para nuestra oleada de vida si no se les hubiera prestado ayuda en alguna medida. Este fue el motivo real por el que Cristo vino, para “buscar y salvar a los que estaban perdidos”, pues limpió los pecados del mundo (limpió las condiciones colectivas – no las individuales – atmosféricas) con su sangre purificadora, hecho que le permitió entrar en la Tierra e influir directamente por medio del Amor en el devenir de la humanidad. Él, repetimos, purificó aquellas condiciones previas a su venida y a Él debemos actualmente que podamos atraer hacia nuestros cuerpos de deseos material emocional más puro que en aquel otro tiempo, por lo que continua con su trabajo para ayudarnos al construir a nuestro alrededor un ambiente cada vez más limpio y más puro.
Pero que lo que se acaba de decir lo efectuó y efectúa a expensas de un gran sufrimiento para Él mismo, es cosa que nadie puede dudar si es capaz de formarse la más mínima concepción acerca de las limitaciones soportadas por ese Gran Espíritu al entrar en las coercitivas condiciones de la existencia física al encarnarse tanto en el cuerpo denso de Jesús en el momento del Bautismo, como en su actual limitación en cuanto Regente de la Tierra. En verdad que Él es también Regente del Sol y, por tanto, sólo está confinado parcial y temporalmente cada año en la Tierra, pero, sin embargo, las limitaciones producidas debido a las lentísimas vibraciones de nuestro planeta denso, deben resultarle extraordinariamente insoportables.
Si Cristo-Jesús hubiera muerto sin más, hubiera sido imposible para él ejecutar esa obra; pero los cristianos tienen un Salvador resucitado, Quien está siempre presente para ayudar a todos los que invoquen su nombre. Habiendo sufrido como nosotros en todo y habiendo conocido plenamente nuestras necesidades, Él olvida todos nuestros errores y fracasos mientras continuemos luchando por vivir una buena vida. Tengamos siempre muy presente que “el único y verdadero fracaso consiste en dejar de luchar”.
Tras la muerte del cuerpo denso de Jesús, los demás vehículos fueron devueltos a su primitivo poseedor, Jesús de Nazareth, quien, durante algún tiempo después, funcionando en el cuerpo vital que había recobrado de manera temporal, instruyó al núcleo de la nueva fe, aquél que Cristo había formado. Desde entonces, Jesús de Nazareth ha tenido la dirección de las logias esotéricas o sociedades espirituales secretas que ha habido en toda Europa. Del mismo modo a como ocurriera en otros muchos lugares, los Caballeros de la Mesa Redonda fueron altos iniciados de los Misterios de la Nueva Dispensación. De modo similar ha ocurrido con los Caballeros del Grial, a quienes finalmente se les concedió el cáliz de Arimatea, el empleado por Cristo Jesús en la última cena. Después, y además, se les entregó la lanza que había herido su costado, así como el receptáculo que recibió la sangre de esa herida.
Los Druidas de Irlanda y los Trottes del norte de Rusia fueron también escuelas esotéricas en las que trabajó Jesús en la llamada “Edad Media”, en la que, aunque aún continuando siendo bárbaro, el impulso espiritual seguía fluyendo, y, desde el punto de visto oculto, en realidad constituyó una “Edad Brillante” si la comparamos con el creciente materialismo en que se han plasmado los últimos trescientos años, puesto que, habiendo aumentado sin duda alguna de forma exponencial los conocimientos físicos, en la práctica ha quedado sin embargo casi extinguida la Luz del Espíritu. Gloriosos cual son los descubrimientos y logros de la ciencia moderna, han sido en cambio alcanzados al terrible precio de aplastar la intuición espiritual, por lo que teniendo en cuanta este punto de vista, nunca han amanecido para Occidente y la humanidad en su conjunto días más tenebrosos que los actuales.
Los Hermanos Mayores, Jesús entre ellos, han luchado y luchan por equilibrar esta tenebrosa influencia materialista, que semeja los ojos de la serpiente obligando al pajarillo a caer en sus fauces. Cada tentativa por iluminar a las sociedades a fin de despertar en ellas el deseo de cultivar el lado espiritual de la vida, es una evidencia de la actividad de los Hermanos Mayores. Puedan sus esfuerzos ser coronados por el éxito. De este modo, y sin mayor tardanza, lograremos apoyar conscientemente y a un tiempo nuestra evolución y desarrollo bajo una ciencia religiosa y artística, cual ha de constituir en el futuro la expresión simultánea de la bondad, la verdad y la belleza en nuestras vidas.


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Agradecemos al Sr. César Lillo Arellano, por este aporte.

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