miércoles, 1 de septiembre de 2010

LA PERFECTA PAZ - II -- por RODOLFO WALDO TRINE


LA PERFECTA PAZ - II
Del libro: EN ARMONÍA CON EL INFINITO por RODOLFO WALDO TRINE


Los pensamientos vigorosos, a un tiempo edifican interiormente y
atraen del exterior otros semejantes. Del valor nace el éxito y del miedo
el fracaso. El hombre valeroso y creyente afronta todas las circunstancias
de la vida y afianza su poder contra el mundo. El hombre falto de fe,
y en consecuencia deprimido y paralizado por el miedo y los presentimientos
es juguete de cualquiera circunstancia de su vida.

En el interior de cada cual reside la causa de cuanto puede acontecerle
y cada cual tiene en su mano el determinar lo que le sucede.

Todas las cosas del universo material y visible tienen su origen en el
mundo espiritual e invisible, en el mundo de los pensamientos. Este es
el mundo de las causas; aquél de los efectos. La naturaleza del efecto
depende de la naturaleza de la causa. Lo que uno viva en su invisible
mundo de pensamientos, aquello realizará continuamente en su mundo
material y visible; y si quisiere establecer diferentes condiciones en el
segundo, debe antes hacer el necesario cambio en el primero. El conocimiento
de esta verdad sacaría a millares de hombres del abismo de su
desesperación y alegría, salud, vigor y abundancia a los millares de
hombres que gimen y lloran en la enfermedad, la flaqueza y la penuria.
Con ello obtendrían paz y gozo desdichados en el mal.

¡Y cuántos otros viven continuamente esclavos del temor! El interior
espíritu, que debiera ser fuerte y poderoso, es débil e impotente.

Sus energías se malogran y se paralizan sus esfuerzos. Por doquiera
está el temor; temor a la pobreza, a la penuria, a la opinión pública, al
concepto privado; temor de perder mañana lo que hoy es nuestro; temor
a las enfermedades y a la muerte. El temor es un hábito arraigado
en millones de hombres. Su pensamiento nos persigue por todas partes.

Vivir en continua zozobra, en continua servidumbre, en el continuo
temor de perder la estimación, el dinero, el empleo, es disponernos a la
facilísima pérdida de lo que anhelamos conservar

Con el temor nada se gana; al contrario, todo se pierde. Alguien
dirá: “Reconozco que es verdad, pero yo soy propenso al temor, es
natural en mí y no puedo desecharlo”.

¿Que no puedes desecharlos? Al decir esto denota el principal
motivo de tus temores y demuestras que aún no has llegado a conocerte
a ti mismo a fin de conocer tus fuerzas, pues hasta que las conozcas
no harás pleno y prudente uso de ellas. No digas que te es imposible
desechar temores, porque si piensas que no puedes, tienes todas las
probabilidades de no poder. Pero si piensas que puedes y obras de
acuerdo con este pensamiento, entonces no sólo estarán las posibilidades
a tu favor, sino que si obras en plena armonía con él, lograrás desechar
en absoluto y por su voluntad todo temor. Al hablar Virgilio de
quienes, según él, vencerían al fin, dijo: “Los que pueden porque creen
que pueden”. Esta actitud de la mente infundirá poder espiritual en el
cuerpo, dándose la fortaleza y resistencia necesarias para el triunfo.

Por consiguiente, toma el pensamiento de que puedes; tómalo sencillamente
como simiente, si necesario fuere; plántalo en tu conciencia;
cultívalo y poco a poco cobrará vigor en todas partes, enfocando y activando
la espiritual fuerza interior que se disipaba y perdía. Además,
atraerá otras fuerzas del mundo exterior, el auxilio de otros pensamientos
de la misma naturaleza, esto es, vigorosos, fortalecedores y cooperadores.

De este modo podrás atraer a ti este orden de pensamientos y
relacionarte con ellos. Si con fe y ardor así lo deseas, pronto llegará el
día en que todo temor se desvanezca, y en vez de ser personificación
de la flaqueza y criatura esclava de las circunstancias, serás dueño de
ellas, hallando en ti mismo fortaleza para resistirlas.

En nuestra cotidiana vida necesitamos fe en la eficacia del bien, fe
en Dios infinito, fe en nosotros mismos, a su imagen creados Y aun
cuando a veces parezca que esta fe nos falte y se nos aparezcan las
cosas en la oscuridad envueltas, nos bastará recordar que el Poder
supremo cuida de nosotros como de los soles y de los mundos del infinito
espacio y nos dará espacio y nos dará la suprema fe en que bueno
es todo cuanto hay en nosotros, lo mismo que todo es bueno en el
mundo. “Mantendrás en perfecta paz a quien ponga en Ti su pensamiento”
(Isaías 26:3).

Nada hay más firme ni más seguro ni más cierto que Dios. Así,
pues cuando reconozcamos que de nuestra voluntad depende el abrirnos
cada vez más completamente a este Poder infinito y solitario para
que a través de nosotros se manifieste, encontraremos un cada vez
más acrecentado sentimiento de poder, ya que por este medio obramos
en armonía con Él y Él a su obra en armonía con nosotros. Así nos
encaminaremos al reconocimiento de que todas las cosas cooperan
juntas al bien de quien a Dios ama; entonces el temor y los presentimientos
que en otro tiempo nos dominaban, se trocarán en fe; y la fe,
rectamente comprendida y acertadamente empleada, es una fuerza a
la que nada ni nadie puede resistir.

El materialismo conduce necesariamente al pesimismo. ¿Y cómo
no? El conocimiento del poder espiritual que con rectitud obra en nosotros,
conduce al optimismo. El pesimismo conduce a la debilidad, el optimismo
a la fortaleza. Quien se concentra en Dios, no sólo se sobrepone
y adelanta a cualquier infortunio, sino que consciente, gracias a la fe,
del poder que en él reside, afronta la tormenta con la misma serenidad
y calma que pudiera gozarse en la bonanza, porque de antemano conoce
lo que ha de sobrevenirle, conoce que en su interior están las sempiternas
armas y cumple con el precepto: “No te apartes del Señor, espera
pacientemente en Él y te dará lo que desea tu corazón” (Salmo 37:4)
Todo le será graciosamente a quien sin dificultad lo acepte.¿Hay
otra cosa más clara?

Así, pues, en el grado en que obremos en armonía con Dios, será
menor nuestro cuidado respecto de las consecuencias. Vivir en el completo
reconocimiento de esta verdad, será vivir en completa, inestimable
y contínua paz en el presente y en el porvenir. Quien de tal modo halle
su centro, podrá decir con toda tribulación:

¿Por qué detengo mis prisas y aplazo las ventajas de esta ansiada
paz?. Estoy en el eterno camino y mi rostro revela mis sentimientos.

Dormido o despierto, de día y de noche, veo a mis amigos y ellos me
ven a mí. Ningún viento puede desviar mi barquichuela ni alterar la corriente
del destino. Las aguas, conocedoras de su fuerza, arrastran los
arroyos que en la altura brotan; y así el soplo del bien deleita el espíritu.

Las estrellas llegan nocturnamente al cielo y la pujante ola al mar. Ni
tiempo ni espacio ni abismo ni altura pueden alejar mi ser de mí.


* * *

463 - JOYAS ESPIRITUALES - 01/01 - FRATERNIDAD ROSACRUZ DEL PARAGUAY

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