sábado, 17 de mayo de 2014

Relatos Religiosos



Relatos Religiosos

Introducción.-


Pretendo escribir una serie de relatos cortos, hasta que me canse, que iréañadiendo a este post de mi blog, a medida que vaya gateando a mi manera por las religiones básicamente cristianas, con la finalidad de visionar de una forma diferente las mil y una opciones filosóficas que se han generado en torno a la figura de Jesús, un personaje histórico, manantial de muchas fuentes espirituales en el mundo occidental. Para otras entradas no descarto por supuesto otros relatos religiosos o espirituales con bases orientales u otros personajes que me resulten interesantes, como lo vengo haciendo con anterioridad.

Cristo dijo: "la verdad os hará libres", sin embargo normalmente la verdad no se encuentra fácilmente, además es eterna por lo que su indagación también lo será, es continuamente cambiante y a la vez indestructible. En ocultismo se sabe que no se puede dar una creencia o un hallazgo determinado de una vez y para siempre, es decir, no existe el dogma, pues si bien es cierto que hay ciertas verdades esenciales que permanecen prácticamente inalterables, siempre pueden ser miradas desde muchos ángulos o puntos de vista, que complementan e interpretan la verdad básica de una manera más completa y compleja.
Ruego que respeten mis relatos compartidos, como yo respetaré, incluso responderé si fuera solicitado u oportuno, con verdadero agrado a tus comentarios, y ojalá cuando las juntemos, siendo diferentes, podamos decir que hemos avanzado religiosamente en el camino al dialogo amistoso y no para cruzarla creando la enemistad. Será para Relatos Religiosos su gran propósito y mayor deseo.


Primer relato.-
Una rosa y una cruz.
En asientos contiguos, una mujer y un hombre, mayores de edad, no aparentan viejos, coinciden en la consulta de un ambulatorio de la Seguridad Social, una con migrañas el otro para una periódica revisión, mientras transcurre el tiempo justo para entablar conversación, los tres minutos necesarios e interminables, ella empieza como siempre suele pasar, quejándose del calor que hace en el local, lo que tarda el médico, y como no, la inquietante pregunta: ¿Quién es el último? o más concreto y efectivo, el dirigirse al que le mire diciéndole cual es su hora dada en la cita previa, aprovechando la ocasión para entablar alguna conversación añadida, por ejemplo como está el tiempo o lo bueno que es su médico.
De su bolso Josefina extrae un libro, el cual procede abrirlo por una página que se encuentra marcada por una simbólica estampa de una religión. Javier discretamente echa una mirada a la portada, esfuerza su vista cansada para poderla leer sin conseguirlo, pero ella se percata y mirándolo con sus ojos verdes acaramelados por encima de sus originales gafas graduadas y una sonrisa Mona Lisa de complicidad, le facilita su curiosidad girando suavemente las manos ofreciendo descaradamente la vista del título.
- ¿Los Rosacruces? ..... ¿Sabiduría Occidental? ......, el hielo se rompe con una cómplice sonrisa, ahora de ángel de la guarda.
- Sí, así es, al menos hasta ahora creo que el libro dice la verdad. Da muchas explicaciones que me aclaran y satisfacen, sin enfrentarse siquiera a otros dogmas religiosos de Occidente.
- ¡Ah, que curioso! Me interesa ¿Donde puedo encontrarlo? ¿Puede darme la editorial, si es tan amable ....?
- ¿La editorial? Por supuesto. Anote por favor, anote ......
El abre iPad que llevaba en su mariconera y al percatarse ella continua:
- Mejor se lo envió por correo electrónico que es más rápido, seguro y económico. Envíeme un correo electrónico y le responderé con un archivo adjunto la copia del libro en pdf.
- ¡Entendido!, ¿Son los Rosacruces siempre tan perfectos?
Típica pregunta para no contestar, y de los que no han pasado el master de como ligar en el ambulatorio, ni siquiera haber pasado por el curso on-line de como matar su tiempo en una sala de espera. Javier se ve que es un profesional de la tecnología, por eso llevaba el iPad, y no cabe duda que su interés era poco espiritual, y bastante sexual. A Josefina, que teóricamente cree en el amor libre, y en la igualdad entre hombres y mujeres; acostumbrada a la intolerancia y fanatismo de los demás, le sigue la corriente, el juego o el rito sexual del machito ibérico con el fin de comprobar en que nivel del intelecto está:
- La verdad es que las cosas no pasan por casualidad, una es una, pero también parte de otros, con sus virtudes y defectos, por eso le voy a pedir que no me quiera por lo que le digan o diga, sino como a usted mismo, sin engaños ni mentiras, como algo suyo, sin limites ni fronteras, ¡como le quiero yo usted!
- Eso me recuerda una película que vi hace años en el cine. Le contesto Javier, totalmente desconcertado y ridículo, ante el alegato directo, profundo y sentido, de Josefina.
- ¿Avatar?
- Efectivamente, ¿Como lo sabes?
- Porque nada es casual, somos efecto de la maldad y de la estupidez de los demás. Nada se consigue sin esfuerzo, incluso algunos mueren tan solo en el intento, ¡déjate suicidar! ¿estas dispuesto a morir para transformarte? porque al final vamos, tú y yo, con esta conservación a cambiar.
A un hombre, lo destrozas cuando lo desnudas, o cuando lo deseas y retas. Se presentaron y tímidamente dejan el usted para intimar más con el tú. Javier no controla la situación y eso no era a lo que estaba acostumbrado, y menos lo que le gustaba, se sentía poseído, como en un barco entrando a la deriva del viento en un puerto, perdida la autoestima y el timón que da la seguridad. Empieza por aceptar que se equivoco al tocar a la puerta con arrogancia en vez de humildad, quizás es ahora cuando tiene oídos para escuchar y ojos para ver. El sabe que si aguanta la presión del viento, atracará en el pantalán elegido de aquel hermoso puerto, aunque esta pensando profanamente en el cuerpo.
La joven médica ecuatoriana sale al pasillo por otra puerta contigua a la señalada en la cita previa, lo cual no sorprende ya que es lo habitual, el ordenador no siempre se entera de lo real, y comienza el recital de nombres de los que han de entrar, su turno es el cuarto y él será el siguiente en el cuarto de la consulta médica. En tan solo nueve minutos, tres por cada paciente tiene el médico para diagnosticar y algunas veces hasta curar. Ese es el tiempo que pensó Josefina tenía para intentar convencer aquel cacho de carne con ojos o en términos bíblicos recuperar al considerado hijo pródigo.
- ¿Bueno, te atreves o tienes miedo?
- ¿Por qué no? ¿Quién dijo miedo?
- Antes de que me toque......
- !Ah, pero te voy a tocar!
- En serio, lo voy a intentar. Tengo solo nueve minutos, calla y oye.
- Vale, soy mudo y todo oído. Miraré tan solo la palabra.
Aquello fue su perdición, pero jamás se arrepentirá, comienza la transmutación de un ser en otro nuevo, bastan siete minutos para lograrlo, uno para cada uno de los principios espirituales en el nivel básico. Por eso ella va directamente a la faena con muletilla, ya que en el capote en la mano, el toro no estuvo mal, sin agachar la cabeza entró al trapo y la torero valiente lo supo pacientemente torear.
- La feria esta hecha para divertirse y no para pelear, olvide cualquier escepticismo e incredulidad para ir al grano ya. Lo que voy a contarte no es una invención fantasiosa sino un brevísimo resumen -una puerta entreabierta- de lo que desde los primeros albores del mundo se encuentra recogido en la memoria de la naturaleza, y de aquello que, a través de cada tiempo y de modo concienzudo, ha podido una y otra vez ser conocido y contrastado debidamente.
- Ya anuncio Cristo: "No he venido a traer la paz, sino la espada". Prepárate entonces para entrar a matar porque ya entró el segundo paciente y en tan solo tres minutos saldrá.
- La orden de los Rosacruces que fue fundada especialmente para aquellos cuyo elevado grado de desarrollo intelectual repudia lo material, estima que mediante una mente amplia y limpia, y un corazón grande y noble, el ser humano es capaz de remontarse no solo sobre sí mismo y obtener el más elevado conocimiento acerca de quién es, sino también acerca de aquello de que es parte integrante. Podrás preguntar y obtener una respuesta que te satisfaga, a las inevitables preguntas:
¿De donde venimos? ¿Por qué estamos aquí? y ¿Hacia donde vamos?
- Entiendo que no es una propuesta arriesgada, y si grande, digna y eficiente.
- Ahora bien, no lo obtendrás por dinero ni a plazo definido, pies capacitarte para recibir los conocimientos, supone una labor intensa y persistente, a la vez que divina.
- ¿Quién va a osar vivir una vida recta y digna, solamente por complacerse en servir a los demás?
- Debe consistir en un ferviente deseo por conocer lo oculto, lo que está detrás del velo de la materialidad, a fin de integrar las partes encontradas y ponerlas por completo al servicio de uno mismo y de la humanidad. Una buena referencia para cada acción de vida puede ser: "Donde no hay bondad, no hay verdad".
El médico invita al siguiente a pasar la consulta. Al levantarse el tercero del banco le vuelve a indicar Josefina a Javier apresuradamente, como un sprint en los tres minutos finales de la plática.
- ¡No dejes de leer el libro que por correo te haré llegar a la vuelta del tuyo!
- No lo dudes, ahora mismo lo hago con mi iPad cuando entres a la consulta.
Quedaron mudos, como si no hubiese nada más que tratar, pero el insiste en conocerla más:
- Nunca en el ambulatorio había pasado una consulta religiosa, espero que la receta espiritual que me has recomendado “LOS ROSACRUCES – SABIDURÍA OCCIDENTAL”, por Antonio Justel, no sea ilegible como la letra de los médicos, para poderlo comprender.

- Por supuesto, un hombre inteligente y bello como tú, sin duda lo sabrá superar. Comienza casi como este relato, “… en asientos contiguos, dos mujeres de mediana edad coinciden en uno de los aviones que se dirigen a NY ……”, ¿no es una casualidad? Más ten cuidado, pues saber todo lo compilado puede ser fatalmente peligroso para el que no sepa interpretar un lenguaje de alto nivel incomprensible para un profano.
El piropo lo dejó desarmado de nuevo, no lo esperaba después de la actitud seria que requería la conversación. A pesar de todo, a Javier no se le metió en la cabeza la imagen de Cristo, sino la de Josefina, viva copia de Magdalena, - similar a la galleta María que absorbe todo un vaso de leche sin parar-, baña tu piel de un aceite que te resbala por el cuerpo todas las incertidumbres y tempestades que ocurren en este mundo, inalterable y eterna referencia espiritual para los gnósticos. Su radiante pelo blanco parece teñido con espuma de mar con mechas de tinta de calamar, su cuerpo es luminoso como el faro que en tierra firme orienta a los mareantes, todo queda impregnado por fragancias de sales marinas en las desplegadas velas de una espléndida fragata insigne de La Plata llamada Libertad.
Cuando salió de la consulta, parecía eufórica e ilusionada, no sé sí por lo que le dijo la médico o por qué de nuevo se iba a cruzar en el camino con aquel naufrago que la supo engatusar para salvarle la vida en el templo medicinal. Se miraron a los ojos, rogando que la mirada no se acabe jamás, sabiendo que es imposible que se vean más. Una simple despedida era lo que cabía esperar:
- ¿Todo bien? Le pregunta él.
- ¡Lo que era de esperar! Te deseo lo mejor, y sí te confundes, llámame. Es laúnica disculpa que tengo para abrir la esperanza de volvernos a encontrar, aquí o en otra reencarnación.
-¿Reencarnación?
- ¡Ya lo descubrirás!
- No quiero más teorías ni interpretaciones que me limiten a un Cristo estatua, sino convertirme en un nuevo Cristo, un nuevo Dios.
- ¡ Amen, punto final!
¡Ay!, que bonita historia de dos buscadores de uno mismo, que fácilmente se enamoran de los demás, más nunca serán amantes por lo mismo de siempre, no es el ambulatorio el lugar romántico idóneo para ligar. No sé como voy a terminar el primer relato, por eso aún voy a esperar un poco más, a ver si llama o manda un correo cariñoso Javier a Josefina o Josefina a Javier, para en otra ocasión continuar con el segundo relato religioso. Será una rosa, será una cruz, o tal vez la enigmática coincidencia que al final volverá para narrarte una interminable y entrañable historia, jamás ocurrida o contada.



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