lunes, 15 de noviembre de 2010

PARACELSO




PARACELSO

FELIPE AUREOLO TEOFRASTO BOMBASTRO DE HOHENHEIM


Este hombre genial, una de las figuras mas preeminentes que surgieron en los albores del Renacimiento, médico alquimista suizo, vio la luz en Einsiedeln cerca de Zurich, el día 10 de noviembre de 1493, y fue bautizado con el nombre de Teofrasto, como recuerdo del pensador griego Teofrasto Tyrtamos de Eresos, al cual el padre de Paracelso admiraba profundamente.

En cuanto al nombre famoso de Paracelso, existe la opinión de que fue su padre el que se lo dio cuando era todavía un muchacho, queriendo así demostrar que entonces era ya más sabio que Celso, médico célebre que vivió en tiempos del Emperador Augusto, y autor de un libro de medicina mucho mas avanzado que los de su época. Ya a partir del año 1510 fue conocido bajo el nombre de Paracelso, y aún cuando muy raramente lo hubiese incluido en su firma, lo cierto es que lo estampó en sus grandes obras filosóficas y religiosas y así mismo sus discípulos le llamaban Paracelso, y ese nombre es el que apareció siempre en las controversias y en los ataques injuriosos de que fue víctima.


SU INFANCIA

Paracelso era un niño bajito, enclenque, con tendencias al raquitismo, por lo tanto reclamaba los más cariñosos cuidados. Estos los recibía de su propio padre, que sentía por el una infinita ternura. El doctor Hohenheim daba una importancia extraordinaria a los efectos del aire libre con respecto a la salud, por esto cuando el muchacho hubo crecido, hizo de el su compañero de excursión, consiguiendo así robustecer su cuerpo y su espíritu. De allí fue que aprendió Paracelso los nombres y las virtudes de las hierbas y plantas curativas, así como los diversos modos de usarlas; conoció los venenos y sus antídotos Y asimismo el arte de preparar toda clase de pócimas.

Se desprende de las propias memorias de Paracelso que su padre fue su primer maestro de latín, de botánica, de alquimia, de medicina, de cirugía y de teología; más hubo en el otras influencias educadoras, las cuales el doctor Hohenheim no pudo infundirle. Estas influencias fueron debido al espíritu inquieto de la época.

Las teorías reinantes estaban en difusión activa mucho antes de Lutero. Doscientos cincuenta años atrás un alma solitaria Roger Bacon, tuvo la visión que ilumino las tinieblas de casi 15 siglos de ignorancia y descubrió la clave del divino tesoro de la naturaleza.

En 1483 nació Lutero; diez años mas tarde, Paracelso; en 1510 vio la luz el famoso médico y filósofo Jerónimo Cardano. Copérnico, el astrónomo revolucionario y Pico de la Mirándola, fueron contemporáneos de esta pléyade ilustre. Todo apareció de una vez; nueva concepción religiosa; nueva filosofía; nuevas ciencias y renovación en el mundo del arte.

Paracelso, de muy joven fue enviado a la famosa escuela de los Benedictinos del monasterio de San Andrés, para su instrucción religiosa, y aquí fue donde trabó amistad con el Obispo Eberhard Baumgartner, al cual se le consideraba uno de los alquimistas mas notables de su tiempo. Tanto fue el ardor con que Paracelso emprendió sus trabajos de laboratorio, tanta su fuerza de observación en los fenómenos que estudiaba, que muy pronto se halló en condiciones insuperables para acometer un trabajo que se adelantaba a su siglo. Por fortuna además el clima favoreció en gran manera su desarrollo físico, consiguiendo disfrutar de una salud casi perfecta.

Pasó luego Paracelso a Basilea donde hizo grandes progresos en el estudio de las ciencias ocultas. Por aquellos tiempos era imposible dedicarse a la medicina sin conocer profundamente la astrología.

El misticismo y la magia convivían con las teorías mas opuestas. El misticismo que Paracelso se esforzó en adquirir fue el de la unión de su alma con el Espíritu Divino, a fin de poder concebir el funcionamiento de este espíritu universal dentro de la naturaleza.

Paracelso renunció a terciar en la lucha con los escolásticos y los pedantes de la época y que nada ganaría con sus en enseñanzas de aquellos sabios, guardianes petrificados de la ciencia oficial. El quería la verdad y no la pedantería; el orden y no la confusión; el experimento científico y no el empirismo.

Decidió trasladarse a Wurzburg, lugar donde se encontraba el Abate Tritemio, del cual había leído las obras manuscritas que figuraban en la valiosa biblioteca de su padre. Estas afirmaban que, las fuerzas secretas de la naturaleza estaban confiadas a seres espirituales. Abundaban sus discípulos y a los que estimaba dignos, les admitía en su laboratorio, donde se manipulaban toda clase de experimentos alquímicos y mágicos.

Cuando Paracelso se instaló en la ciudad de Wurzburg, el abate Tritemio era considerado por las personas ignorantes como un brujo peligroso. Había penetrado ciertos misterios de la naturaleza y del mundo espiritual; acertó descubriendo algunos fenómenos raros, que llamamos hoy magnetismo y telepatía. Era así mismo un gran conocedor de la cábala, por medio de la cual había dado profundas interpretaciones de los pasajes proféticos y místicos de la Biblia. Paracelso se sintió influido por esto el resto de su vida, ya que la Biblia fue uno de sus estudios más intensos. En sus escritos hallamos el testimonio de su conocimiento perfecto del lenguaje y del profundo significado esotérico del Gran Libro.

Paracelso se propuso curar a los hombres tal como Cristo los había curado, este era todo su anhelo. Entre tanto recibía de Dios la luz para saber buscar y hallar todos los medios de curación de los cuales el creador había provisto a la naturaleza.

Paracelso se entregó, como hemos dicho, con un fervor y un entusiasmo sin límites al estudio profundo de la Alquimia. “La alquimia, dice Paracelso, no tiene por objeto exclusivamente la obtención de la Piedra Filosofal; la finalidad de la ciencia hermética, consiste en producir esencias soberanas y emplearlas debidamente en la curación de las enfermedades”. También se preocupó por algún tiempo en las prácticas alquímicas que enseñaban a transformar en oro los metales impuros. No prosiguió en la obra una vez satisfecha su curiosidad, pues no perseguía otro fin que la evidencia de ciertas doctrinas, para poder hablar de ellas con la convicción plena que el creía indispensable.

Con respecto a la bibliografía de Paracelso esta fue muy extensa, Hoy los libros de este hombre genial, sobre todo en sus primeras ediciones, eran muy costosas. Todas sus obras originales fueron reproducidas y traducidas en muchos idiomas, algunas de ellas son:

OPERA AMNIA MEDICO CHIRULGICA compuesta de tres volúmenes. En esta obra se halla reunida casi toda su labor. El tomo 1 contiene: Tratado médico, patológico y terapéutico ocultos. Misterios magnéticos. El Tomo II: Obras mágicas, filosóficas, cabalísticas, astrológicas y alquímicas. Finalmente, el Tomo III: Anatomía y cirugía propiamente dichas.

ARCANUM ARCARORUM SEU MAGISTERIUM PHILOSOPHORUM.

Esta obra también es interesante, por tratar extensamente de las ciencias ocultas. Fueron muchas las obras que publicó en latín y en alemán. El MANUAL BIBLIGRAPHIQUE DES SCIENCIES PSICHIQUES, cita más de treinta títulos.
Las obras de Paracelso sobre ciencias ocultas: astrología, magia, alquimia etc. Contienen algunas frases ocultas que solo los iniciados conocían en todo su valor. Paracelso, iniciado por el Abate Tritemio, adoptó su terminología, añadiendo de su cosecha voces originarias unas veces de la India, otras de Egipto.

En el glosario de Paracelso hallamos que el principio de la sabiduría se llama ADROP Y AZANE, que corresponde a una traducción esotérica de la Piedra Filosofal. AZOTH es el principio creador de la naturaleza o la fuerza vital espiritualizada. El CHERIO es la quinta esencia de un cuerpo, sea este animal, vegetal o mineral, su quinto principio o potencia. El DERSES es el soplo oculto de la tierra que activa su desenvolvimiento. La MAGIA es la sabiduría, es el empleo consciente de las fuerzas espirituales, para la obtención de fenómenos visibles o tangibles, reales o ilusorios; es el uso bienhechor del poder de la voluntad, del amor y de la imaginación, es la fuerza mas poderosa del espíritu humano empleada para el bien. La magia no es brujería.

La clave de este lenguaje misterioso no se ha perdido. Ha sido guardada celosamente por los cabalistas y transmitida oralmente por los iniciados masones y rosacruces.

De este nuevo sistema de filosofía natural desarrollado por Paracelso, ya han transcurrido cuatro siglos desde entonces, fue el en realidad, quien concibió dichas investigaciones inspirando con ellas las grandes inteligencias de la época, y de las generaciones que siguieron.

Sus enseñanzas sobre las bases y las cualidades de la materia se fundamentan en la Teoría de los Tres Principios, ellos son: El alma, el cuerpo y el espíritu de toda materia, que es única.

En su tesis sobre los Tres Principios se observa la precisión de su estilo. Este libro fue editado en Basilea en 1563 el cual dice en su prologo que Paracelso había sido calumniado indignamente y que muchos médicos que le denigraron se habían aprovechado de sus descubrimientos y le robaron muchas de sus ideas.

Paracelso era de una inteligencia fuerte y clara. Era bueno y sabio. Su vida errante no lo despojó jamás de esa bondad que constantemente hizo resplandecer los generosos impulsos de su alma. Sentía como un artista y pensaba como un filósofo; por eso supo hermanar las leyes de la naturaleza con las del alma. Esta sensibilidad artística que nunca le abandonó, constituyó el puente entre el Paracelso hombre y observador y el visionario de la realidad. Este puente descansaba sobre las gradas de una nueva humanidad: El Renacimiento. Sobre este puente se contribuyo al avance de la humanidad, del cual fue Paracelso uno de sus mas grandes arquitectos; que no fue otra cosa que la Declaración de los Principios del progreso espiritual, completada poco mas tarde, por Giordano Bruno, poeta, filósofo, artista e investigador de la Naturaleza.

El sentimiento de la naturaleza se extendió desde Paracelso hacia los hombres del porvenir. Estos comprendieron igualmente, la consagración de las investigaciones y la alegría de descubrir las Leyes Divinas.

Paracelso siguió las enseñanzas de Jesús. “Dios quiere de nosotros nuestros corazones, y no nuestras ceremonias. Si queremos buscar a Dios debemos buscarle dentro de nosotros mismos, pues fuera de nosotros no le hallaremos jamás.”

Paracelso creía, asimismo, en la existencia real de los elementales, esto es en los espíritus del fuego. El aire, en los del agua y en los de la tierra. Afirmó igualmente en la existencia del cuerpo astral del hombre y de las plantas, así mismo trató profundamente la levitación y muy especialmente la clarividencia. Creía en los duendes, fantasmas y en los presagios, esto último perjudicó mucho su fama.

Su ARXIDOXO MAGICO, libro sobre amuletos y talismanes es también muy interesante, ya que en el expone su conocimiento de la inmensa fuerza del magnetismo.

MUERTE DE PARACELSO

Poco antes de morir se ocupaba aún de escribir sus meditaciones sobre la vida espiritual

Antes de morir dio las disposiciones para su entierro y escogió la iglesia de San Sebastián.

Allí debió ser transportado su cuerpo. Quiso que le fueran entonados los Salmos uno, siete y treinta, significativos, ya que tratan de la confesión de su fe y la convicción de que su vida no había de morir olvidada. Entre cada uno de dichos salmos se repartiría dinero a los pobres que se hallasen en la iglesia
Su fallecimiento acaeció el día 24 de septiembre de 1541

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Gracias Jorge Morales, por el archivo

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