sábado, 25 de octubre de 2014

El Poder del Pensamiento


El Poder del Pensamiento

El pensamiento puede que sea uno de los factores más importantes, 
aunque menos comprendidos, en la evolución. El proceso del pensamiento, si es que la gente lo toma siquiera en consideración, es generalmente juzgado como un asunto netamente privado, teniendo solamente una relación momentánea sobre uno mismo. Están propensos a estar completamente inconscientes de las complicadas ramificaciones y consecuencias, aun de los  que parecen ser insignificantes pensamientos, formados en sus mentes. 

Para ilustrar la importancia del pensamiento, las Enseñanzas de la  Sabiduría Occidental nos dicen que todo lo que existe en el universo fue primeramente un pensamiento. El Nuevo Testamento, originalmente escrito en griego, usa la palabra "logos" que quiere decir "palabra" y el pensamiento que precede a la palabra. La palabra puede ser considerada la forma manifestada del pensamiento -- un sonido que construye todas las formas y,  de acuerdo al conocimiento oculto, los incorpora. El hombre, evolucionando como un Dios en potencia, posee las facultades latentes de la creación. En la actualidad él está aprendiendo a crear; tiene la capacidad de pensar y puede expresar sus pensamientos. Cuando no está capacitado de llevar a cabo sus ideas él mismo, puede valerse de otros a través de su habla. Al continuar la  evolución, finalmente vendrá el tiempo en que él podrá crear directamente por la palabra emitida de su laringe espiritualizada. Enseñanza, a través de una serie de encarnaciones físicas, es necesaria para que no haga errores. El hombre no está todavía desarrollado espiritualmente y, si ahora estuviera capacitado de crear directamente por la palabra, sus creaciones serían 
imperfectas y perjudiciales. 

La gran mayoría de la gente ha formado el hábito de escuchar 
apáticamente, lo cual los hace incapaces de sostener cualquier tema hasta que esté cuidadosamente dominado. Aunque los pensamientos que pasan por la mente pueden ser buenos, malos o indiferentes --en la mayoría de casos lo último-- la mente generalmente no se agarra suficientemente a ninguna de  ellas como para percatarse de su naturaleza. El control del pensamiento es frecuentemente muy difícil de alcanzar. No obstante, una vez alcanzado, el poseedor tiene en su mano la llave del éxito en cualquier rama de actividad que quiera seguir. 

La fuerza del pensamiento es el medio más poderoso para conseguir el conocimiento. Si está concentrada sobre un objeto, se abrirá paso a través de cualquier obstáculo y resuelve el problema. Si la requerida cantidad de fuerza de pensamiento es ejercitada, no existe nada que esté más allá del poder de la comprensión humana. Mientras la desparramamos, la fuerza del pensamiento nos es de poco valor, pero en cuanto estemos preparados para 
tomarnos el trabajo de domarla, todo conocimiento es nuestro. Siendo el pensamiento nuestro poder principal, tenemos que aprender tener absoluto poder sobre el, a fin de lo que producimos no sea una ilusión inducida por condiciones externas, pero imaginación real generada por el Espíritu interno. 

Esta es una razón por la cual se exhorta a los estudiantes de las 
Enseñanzas Rosacruces de realizar diariamente los ejercicios de  concentración, regularmente y con persistencia. Se les enseña a fijar sus mentes inquebrantablemente sobre un solo objeto, permaneciendo tan absorbidos en el mismo que todo lo demás es borrado de la conciencia. Una vez que el estudiante ha aprendido a hacer esto, es capaz de ver el lado espiritual de un objeto o idea iluminado por la luz espiritual, y así obtiene un conocimiento de la naturaleza interior de cosas ni soñadas por el hombre mundano. Hablamos de pensamientos como si fueran concebidos por la mente, pero así como ambos padres son necesarios para la generación de un niño, así también son necesarias la idea y la mente antes de que un pensamiento pueda ser concebido. Las ideas son generadas por un Ego humano en la sustancia espiritual de los mundos internos. Esta idea es proyectada sobre la mente receptiva, dando nacimiento a un pensamiento. 
Así que, cuando cada idea se reviste de una forma hecha de material mental, se convierte entonces en un pensamiento, tan visible para la visión interna de un clarividente suficientemente desarrollado, como un niño lo es para sus padres. 

De esta manera vemos que ideas son pensamientos embrionarios, núcleos de sustancia espiritual de los mundos internos. Concebidos inadecuadamente en una mente enferma, se hacen extravagantes y engañosos, pero si son gestados en una mente sana y formados en pensamientos racionales, son la base de todo progreso material, moral y mental. 

No obstante, en el presente, la mente no está enfocada en una forma tal que la capacita de dar una imagen clara y verdadera de lo que el Espíritu imagina. No está apuntada en una sola dirección. Da una imagen brumosa y nublada. De aquí la necesidad de demostrar la inconveniencia de la primera consideración, y de originar nuevas imágenes e ideas hasta que la imagen producida por el Espíritu en sustancia mental haya sido reproducida en sustancia física. 

En el mejor de los casos somos capaces de hacer pasar por la mente sólo aquellas imágenes que tienen que ver con la forma, porque la mente humana no fue empezada hasta el presente Período Terrestre de nuestra evolución y, por consiguiente, está ahora en su etapa de forma o "mineral". Así que, en nuestros funcionamientos, estamos confinados a formas y minerales. Podemos imaginar maneras de trabajar confinados a formas y minerales. Podemos imaginar maneras de trabajar con las formas minerales de los tres reinos  inferiores, pero podemos hacer poco o nada con cuerpos vivientes. 
Ciertamente podemos injertar ramas vivas en árboles vivos, o una parte viva de un animal u hombre en otra parte viva, pero no es vida con la que estamos trabajando; es solamente forma. Creamos diferentes condiciones, pero la vida que ya está habitando la forma continúa haciéndolo todavía. Crear vida está más allá del poder humano hasta que su mente se despierte. 

Mucha gente cree que todo lo que existe es el resultado de otra cosa, y no dan consideraciones a la posibilidad de otra formación nueva, original. Aquellos que estudian la vida, por lo general hablan solamente de involución y evolución; aquellos que estudian la forma, o sea los científicos modernos, se preocupan únicamente con la evolución. Los más avanzados entre ellos, no obstante, están ahora comenzando a encontrar otro factor, que han llamado epigénesis, el impulso creativo. Y en 1757, Caspar Wolff publicó su "Theorea Generationis", en la que demostró que en el desarrollo del óvulo hay una serie de nuevas formaciones sin dar señales en absoluto de lo que había precedido. En las formas de vida inferiores, donde los cambios son rápidos, la epigénesis puede ser demostrada bajo un microscopio. 

Desde que la mente fue dada al hombre, este impulso original creativo, epigénesis, ha sido la causa de todo nuestro desarrollo. Es verdad que nosotros construimos sobre aquello que ya ha sido creado. No obstante hay también algo que es nuevo, debido a la creatividad del Espíritu. De esta manera llegamos a ser creadores. Si solamente imitamos lo que ha sido presentado por Dios para nosotros, jamás sería posible para nosotros llegar a ser inteligencias creativas -- seríamos simples imitadores. Y, repetimos, es pensamiento lo que está detrás de todo lo que es creado a través de epigénesis. 

Hemos sido colocados en este mundo físico para que podamos aprender a pensar correctamente y desarrollar epigénesis en forma constructiva. Por ejemplo, tomemos el caso de un inventor quien tiene una idea. La idea no es todavía un pensamiento, es una repentina noción que todavía no ha tomado forma. Gradualmente, no en su pensamiento, y ante su visión mental esa máquina aparece con sus ruedas girando para un lado u otro, como sea necesario para efectuar el trabajo requerido. Entonces comienza a dibujar los 
planos para la máquina, y aun en esta etapa verá probablemente que probablemente modificaciones serán necesarias. De esta manera ya vemos que las condiciones físicas indican al inventor donde su pensamiento no estaba correcto. Cuando construye la máquina con el material apropiado para la ejecución del trabajo, más modificaciones serán generalmente necesarias. 
Tal vez tenga que descartar la primera máquina y construir una enteramente diferente. Por eso las condiciones físicas concretas le han capacitado para descubrir el defecto en su razonamiento; le obligan a hacer las necesarias modificaciones en su pensamiento original para conseguir una máquina que hará el trabajo. 

En asuntos comerciales o filantrópicos, el mismo principio sirve. Si 
nuestras ideas concernientes a los diversos asuntos de la vida están 
equivocadas, serán corregidas cuando son aplicadas para el uso práctico. Por lo tanto, es absolutamente necesario que moremos en este mundo físico y aprendamos a manejar el poder del pensamiento -- un poder mantenido en la actualidad bajo control, hasta cierto punto, por nuestras condiciones materiales. 

Para ilustrar la importancia del pensamiento, mencionemos que todo lo que está en este mundo y que ha sido hecho por la mano del hombre, es pensamiento cristalizado: las sillas sobre las que nos sentamos, las casas en que vivimos, las diversas comodidades que usamos -- todas ellas fueron alguna vez un pensamiento en la mente del hombre. Si no hubiese sido por aquel pensamiento, el objeto jamás hubiera aparecido. De manera similar, los árboles, las flores, las montañas, y los mares son las ideas-formas cristalizadas  de las Fuerzas de la Naturaleza. 

En este mundo estamos impulsados a investigar y estudiar una cosa antes de conocerla. No obstante, investigadores ocultos que han sido capaces de funcionar en uno de los mundos espirituales, llamado el Mundo del Pensamiento, descubren que es diferente allá. Cuando deseamos saber algo sobre cualquier cosa en particular allá, dirigimos nuestra atención hacia él y el objeto nos habla, por decirlo así. El sonido que emite, en seguida da una comprensión luminosa de cada fase de su naturaleza. Obtenemos la comprensión de su historia pasada; la historia completa de su desenvolvimiento nos es revelada y pareciera como si hubiéramos vivido juntos, a través de todas esas experiencias, con ese objeto que estamos investigando. Toda esta información, no obstante, nos envuelve con enorme 
rapidez en un momento, de manera que no tiene ni comienzo ni fin. En el Mundo del Pensamiento todo es un gran AHORA, y el tiempo no existe. 

Por lo tanto, cuando queremos usar esta información arquetípica en nuestro Mundo Físico, tenemos que desenredarla y arreglarla en orden cronológico con comienzo y final, antes de que se haga inteligible para seres que viven en un reino donde el tiempo es un factor principal. Esta nueva adaptación es una tarea de lo más difícil, ya que todas las palabras están creadas de acuerdo con las tres dimensiones del espacio y la evanescente unidad de tiempo; así qué, mucha de esa información permanece inutilizable. 

Mucha gente se conforma con que tenemos el derecho de pensar lo que queremos, y que pensamientos malvados, si no son convertidos en acciones malvadas, no son perjudiciales. Esto está lejos de la verdad, ya que el poder de pensamientos malvados, igual que el poder de pensamientos buenos y beneficiosos, es ciertamente grande. Durante el transcurso de los siglos, por ejemplo, los malos pensamientos del hombre como el miedo y el odio, se 
cristalizaron en lo que conocemos como bacilos. Los bacilos de las 
enfermedades infecciosas son principalmente la expresión del miedo y del odio y, por consiguiente, ellos son también vencidos por la fuerza opuesta -- el valor. Si nos ponemos en contacto con una persona infectada con una enfermedad contagiosa y estamos con miedo y temblando, atraemos sin duda los microbios venenosos. Si, por otro lado, nos acercamos a dicha persona con  una actitud completamente audaz, no nos afectará la infección; muy en especial si estamos impulsados por el amor. 

En el Sermón de la Montaña, Cristo-Jesús nos dice que "el hombre que ha mirado con deseo a una mujer, en realidad ya cometió adulterio". Si nos damos cuenta que "como un hombre piensa en su corazón, así es él",  tendremos un concepto mucho más claro de la vida, que si tomamos en consideración sólo los hechos del hombre. Cada acto es el resultado de un pensamiento previo, pero no necesariamente el pensamiento de la persona cometiendo el acto. 

Si un diapasón es golpeado y otro diapasón del mismo tono está en la cercanía, el segundo va a sonar en concordancia con el primero. Del mismo modo, si concebimos un pensamiento y otra persona en nuestra cercanía ha estado pensando de la misma manera, nuestros pensamientos se funden con la naturaleza del pensamiento. 

Si formamos parte de un jurado y vemos el criminal, consideramos 
solamente el hecho; no tenemos conocimiento del pensamiento que lo impulsó. Si hemos estado en el hábito de pensar mal, pensamientos malvados en contra de alguien, esos pensamientos pueden haber atraído al criminal. Considerando el principio de que una solución saturada de sal requiere solamente un cristal para hacerla solidificar, así mismo, si un hombre tiene saturado su cerebro con pensamientos de asesinato, el pensamiento de homicidio que emite otra persona puede resultar en ser la última gota que hace rebasar la copa, destruyendo la última barrera que hubiera evitado que el asesino cometiera su acto de maldad. 

Por consiguiente, nuestros pensamientos son de una importancia mucho mayor que nuestros actos. Si siempre pensamos bien, actuaremos siempre bien. Nadie puede enviar pensamientos de amor a sus semejantes, o proyectar como ayudarlos espiritualmente, mentalmente o físicamente, sin poner esos pensamientos también en práctica. Si cultivamos tales pensamientos, pronto encontraremos que la alegría se propagará alrededor de nosotros; nos daremos cuenta que la gente nos recibirá con el mismo espíritu que emitimos nosotros. 

Así que, si vemos maldad y bajeza en la gente con que nos encontramos, haríamos bien en averiguar si no somos nosotros mismos los causantes que emanamos esa clase de acciones. El individuo que es malvado y mezquino él mismo, irradia esos sentimientos y con quienquiera que él se encuentre, le va  a parecer malo, porque sus propios pensamientos habrán causado algo con idéntico sonido para que vibre en la otra persona. 

Por otra parte, si cultivamos una actitud serena y pensamientos que están libres de codicias y que son francamente honestos y serviciales, extraemos lo mejor de las personas. Por consiguiente, tengamos presente que no es hasta que hayamos cultivado las mejores cualidades en nosotros mismos, que podemos esperar de encontrarlas en los demás. Por eso somos de lo más  responsables de nuestros pensamientos. Ciertamente somos los guardianes de nuestros hermanos, porque tal como pensamos cuando los encontramos, así aparecemos ante ellos y ellos reflejan nuestra actitud. Si queremos conseguir ayuda para cultivar mejores cualidades, busquemos la compañía de personas que ya son buenas, porque su actitud mental nos será de gran ayuda para suscitar nuestras propias cualidades más finas. 

No siempre parece fácil quitarse una idea mala de la cabeza, y la mayoría de nosotros no puede evitar encontrarse con gente o situaciones que suscitan pensamientos negativos. Pero hay una simple manera de descartar tales ideas no deseadas, sin tener que "combatirlas" en absoluto. 

Tanto la atracción como la aversión tienden a atraer un pensamiento o una idea hacia nosotros. Además la fuerza del pensamiento que emitimos para combatir pensamientos malos, los mantiene con vida y nos los trae a la mente con más frecuencia, en la misma forma como el litigar puede causar a una persona que aborrecemos a asecharnos por rencor. Por consecuente, en vez  de pelear, adoptemos la táctica de la indiferencia. Si viramos la cabeza hacia otro lado al encontrarnos con una persona que no nos agrada, pronto se cansará en seguirnos. A base de este mismo principio, si nos apartamos con indiferencia cuando pensamientos malos llegan a nuestra mente y la aplicamos a algo que es bueno y noble, descubriremos en poco tiempo que estamos libres de malos pensamientos y tenemos solamente los buenos que queremos atender. 

De esta manera vemos cuán trascendental y poderoso el pensamiento realmente es. Todas las cosas, sean para el bien o para el mal, pueden ejecutarse con él. Ciertamente el poder del pensamiento es una de las fuerzas más grandes conocidas por el hombre. Solamente cuando la humanidad llega a comprender la verdadera naturaleza y el uso apropiado de esta fuerza divina, puede liberarse de los grilletes del materialismo y continuar por el sendero ascendente hasta convertirse en un Ser Creativo  consciente de sí mismo. 



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