sábado, 25 de octubre de 2014

La Verdadera Causa de la Enfermedad




La Verdadera Causa de la Enfermedad

Por absurdo e inverosímil que parezca, podemos asegurar que somos nosotros mismos los causantes de nuestros males y dolencias. Aunque el medio ambiente y los cambios de clima, los accidentes, etc. Parezcan ser las causas determinantes de la enfermedad, la verdadera causa la tenemos que buscarla dentro de nosotros mismos. 

Todas las dolencias físicas, mentales y emocionales que nos aquejan, se manifiestan primero en nuestro cuerpo mental y emocional antes de manifestarse en nuestro cuerpo físico, y provienen de nuestra forma equivocada de vivir, de pensar, de sentir, y el resultado directo de nuestros errores del pasado. Esto es por no haber atendido a la llamada interior de nuestra conciencia, que constantemente trata de sobreponerse a nuestra naturaleza inferior. 

Los Grandes Seres, que desde los mundos celestes guían el destino de la humanidad, permiten que suframos las consecuencias inevitables de nuestros errores, en un esfuerzo de obligar a nuestra naturaleza inferior a soltar los tentáculos con que se aferra a nuestros vehículos superiores. Lo aceptemos o no, todos tarde o temprano, nos veremos forzados a admitir que todos 
nuestros sufrimientos se deben a nuestros propios actos, tanto a los de esta vida como a los de nuestras vidas anteriores. 

Malos sentimientos, mala voluntad para con los demás, gratificación inmoderada de los sentidos y otras formas de egoísmo, tienden a interferir con las glándulas, nervios y órganos de nuestro cuerpo. Aunque es cierto que podemos con frecuencia aliviar nuestras dolencias por medio de dietas adecuadas, medicamentos y tratamientos varios, lo cierto es que solo podemos aspirar a una curación completa cuando desterramos todas las bajas 
inclinaciones de nuestra naturaleza inferior y vivimos la vida superior de pureza, de amor y servicio desinteresado de la humanidad. 

Es por tan importante razón, que la curación verdadera nos permite 
aprender la lección espiritual contenida en la enfermedad misma. 

Comprendemos, entonces, que debemos atribuir la causa de la 
enfermedad a nuestra propia ignorancia y locura por haber infringido las leyes Divinas, y no a una causa desconocida que, en nuestra ignorancia, atribuimos a una suerte caprichosa y despiadada. 

Esto nos permite trabajar en la más íntima armonía con los auxiliares invisibles y así poder desterrar los malos hábitos que se manifiestan en males y dolencias por no guardar armonía con el Plan Divino de la Creación. 

Descubierta y aceptada la causa interior de nuestros males y dolencias, que pueden ser: irritabilidad, gratificación desordenada de nuestros sentidos, odio, resentimiento, miedo, lascivia, o cualquier otra cosa de orden negativo y destructivo, que nos mantiene atados a nuestra naturaleza inferior, podemos entonces emprender la gloriosa tarea de nuestra liberación con 
sistemática persistencia y fe en Dios. Esto lo podemos realizar, resistiendo y combatiendo todo aquello de orden inferior.

Pero existe un método natural de mucha mayor eficiencia. En efecto, en un momento de reflexión nos demostrara que el polo opuesto de todo vicio es una virtud, en la que ese vicio debe ser transmutado. Inmediatamente comprendemos entonces lo imposible que es ser al mismo tiempo abstinente y glotón, paciente e impaciente, amoroso y desamoroso, puro e impuro, etc.; 
por consiguiente, si cultivamos cierta cualidad, el vicio quedará desterrado. 
Viviendo una vida consagrada a los altos ideales, cultivando lo bueno y lo verdadero dentro de nosotros y tratando siempre de ponernos a tono con las altas vibraciones del amor, automáticamente nos sobrepondremos y venceremos las bajas tendencias a que nos impele nuestra naturaleza inferior 
con tanta o mas seguridad que el calor se opone al frío y la luz a las tinieblas. 
Es mucho mas fácil desterrar un mal habito (vicio) construyendo el habito opuesto (virtud), que atacándolo directamente y extrayéndolo de raíz. Esto es, sin duda, lo que San Pablo quiso dar a entender cuando dijo: “No te dejes dominar por el mal, antes bien, domina el mal con el bien.” 

Es innegable que muchos de nosotros hemos adquirido malos hábitos que están fuera de control de nuestra voluntad poder desterrar. Sin embargo si sabemos que los Auxiliares invisibles trabajan con nosotros mental, emocional y espiritualmente, para restablecer la armonía en nosotros y suavizar nuestros 
dolores y que están siempre dispuestos a ayudarnos amorosamente a liberarnos de nuestros males por medio de la auto regeneración; esa poderosa ayuda, sumada a la que nosotros mismos podemos aportar, nos permitirá obtener resultados que nos seria imposible obtener por nosotros mismos. 
Siendo esto posible en el caso particular de usted, lo urgimos para que coopere con los auxiliares invisibles. 

Usted ha llegado a nosotros en busca de ayuda espiritual; pues bien, crea y acepte que ya la esta recibiendo. Tenga presente, sin embargo, que el beneficio que pueda usted obtener de tal ayuda depende en gran parte, de su voluntad, y firme deseo de cooperar con los auxiliares invisibles, para restablecer la armonía desaparecida entre su vida y la Ley Natural Divina. 

Usted no puede esperar que ninguna Entidad Divina, por amorosa que sea, quiera hacerle perder sus malos hábitos y errores por la fuerza, pues eso seria atentar contra su libre albedrío, que es un don que Dios nos ha dado. Es a usted a quien le corresponde combatir con voluntad y decisión sus errores y malos hábitos; y es como usted debe cooperar. Es una gran verdad que: “Dios 
por intermedio de sus auxiliares invisibles ayuda a los que se ayudan a si mismo. 
 Max Heindel 
Renovarse es vivir 


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