domingo, 26 de octubre de 2014

Versos Áureos, Pitágoras



Pitágoras 
LOS VERSOS DE ORO

Honra, en primer lugar,
 y venera a los dioses inmortales,
a cada uno de acuerdo a su rango.
Respeta luego el juramento, 
y reverencia a los héroes ilustres,
y también a los genios subterráneos:
cumplirás así lo que las leyes mandan.
Honra luego a tus padres 
y a tus parientes de sangre.
Y de los demás, hazte amigo 
del que descuella en virtud.

Cede a las palabras gentiles 
y no te opongas a los actos provechosos.
No guardes rencor 
al amigo por una falta leve.

Estas cosas hazlas 
en la medida de tus fuerzas,
pues lo posible se encuentra
 junto a lo necesario.

Compenétrate en cumplir 
estos preceptos,
pero atente a dominar
ante todo las necesidades 
de tu estómago y de tu sueño,
después los arranques 
de tus apetitos y de tu ira.

No cometas nunca 
una acción vergonzosa,
Ni con nadie, ni a solas:
Por encima de todo, 
respétate a ti mismo.

Seguidamente ejércete 
en practicar la justicia,
 en palabras y en obras,
Aprende a no comportarte 
sin razón jamás.

Y sabiendo que morir
es la ley fatal para todos,
que las riquezas,
 unas veces te plazca ganarlas
 y otras te plazca perderlas.

De los sufrimientos que caben
 a los mortales por divino designio,
la parte que a ti corresponde,
sopórtala sin indignación;
pero es legítimo que le busques remedio
 en la medida de tus fuerzas;
porque no son tantas las desgracias
 que caen sobre los hombres buenos.

Muchas son las voces,
 unas indignas, otras nobles,
 que vienen a herir el oído:
Que no te turben ni tampoco
 te vuelvas para no oírla s.
Cuando oigas una mentira,
sopórtalo con calma.

Pero lo que ahora voy a decirte
es preciso que lo cumplas siempre:
Que nadie, por sus dichos o por sus actos,
te conmueva para que hagas o digas
 nada que no sea lo mejor para ti.

Reflexiona antes de obrar 
para no cometer tonterías:
Obrar y hablar sin discernimiento
 es de pobres gentes.
Tú en cambio siempre harás
 lo que no pueda dañarte.

No entres en asuntos que ignoras,
mas aprende lo que es necesario:
tal es la norma de una vida agradable.

Tampoco descuides tu salud,
ten moderación en el comer o el beber,
y en la ejercitación del cuerpo.
Por moderación entiendo
 lo que no te haga daño.
Acostúmbrate a una vida sana sin molicie,
y guárdate de lo que pueda atraer la envidia.

No seas disipado en tus gastos
como hacen los que ignoran
 lo que es honradez,
pero no por ello 
dejes de ser generoso:
nada hay mejor 
que la mesura en todas las cosas.

Haz pues lo que no te dañe,
 y reflexiona antes de actuar.
Y no dejes que el dulce sueño
 se apodere de tus lánguidos ojos
sin antes haber repasado
 lo que has hecho en el día:
"¿En qué he fallado? ¿Qué he hecho?
 ¿Qué deber he dejado de cumplir?"
Comienza del comienzo
 y recórrelo todo,
y repróchate los errores 
y alégrente los aciertos.

Esto es lo que hay que hacer.
Estas cosas que hay 
que empeñarse en practicar,
Estas cosas hay que amar.
Por ellas ingresarás
 en la divina senda de la perfección.
¡Por quien trasmitió a nuestro 
entendimiento la Tetratkis
la fuente de la perenne naturaleza.

¡Adelante pues! 
ponte al trabajo,
no sin antes rogar
 a los dioses que lo conduzcan
 a la perfección.
Si observares estas cosas
conocerás el orden 
que reina entre los dioses inmortales
 y los hombres mortales,
en qué se separan las cosas
 y en qué se unen.

Y sabrás, como es justo
 que la naturaleza es una
 y la misma en todas partes,
para que no esperes
 lo que no hay que esperar,
ni nada quede oculto a tus ojos.

Conocerás a los hombres,
víctimas de los males 
que ellos mismos se imponen,
ciegos a los bienes 
que les rodean,
 que no oyen ni ven:
son pocos los que saben
 librarse de la desgracia.
Tal es el destino 
que estorba el espíritu
 de los mortales,
como cuentas infantiles
 ruedan de un lado a otro,
oprimidos por males innumerables:
porque sin advertirlo
 los castiga la Discordia,
su natural y triste compañera,
a la que no hay que provocar,
 sino cederle el paso
 y huir de ella.

¡Oh padre Zeus!
 ¡De cuántos males
 no librarías a los hombres
si tan sólo les hicieras
 ver a qué demonio obedecen!

Pero para ti, ten confianza,
porque de una divina raza 
están hechos los seres humanos,
y hay también la sagrada naturaleza
 que les muestra 
y les descubre todas las cosas.
De todo lo cual, 
si tomas lo que te pertenece,
observarás mis mandamientos,
que serán tu remedio,
 y librarán tu alma
 de tales males.

Abstente en los alimentos como dijimos,
sea para las purificaciones,
 sea para la liberación del alma,
juzga y reflexiona
 de todas las cosas y de cada una,
alzando alto tu mente,
 que es la mejor de tus guías.

Si descuidas tu cuerpo para volar
 hasta los libres orbes del éter,
serás un dios inmortal, incorruptible,
ya no sujeto a la muerte.



Versos atribuidos por muchos a Pitagoras, según los escritos de Manly Palmer Hall.

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