sábado, 25 de octubre de 2014

La responsabilidad y el aspirante espiritual



LA RESPONSABILIDAD Y EL ASPIRANTE ESPIRITUAL

La responsabilidad, aquella facultad que nos prepara para dar cuenta y razón, es uno de los mayores requisitos que se le exige a cualquier persona que aspire al crecimiento espiritual. El asumir responsabilidad va de la mano con la autosuficiencia, la que se requiere como un objetivo a todos los estudiantes de las Enseñanzas de la Sabiduría Occidental. 

Las responsabilidades que han de ser llevada, a cabo con éxito por el aspirante espiritual no se circunscriben a las conveniencias de su bienestar. Tienen, en vez, que ver con el bienestar de los demás. Van más allá del deber que normalmente las personas adultas del Mundo Occidental se espera asuman por el bienestar físico y mental de sus hijos y otros miembros de su familia que dependen de ellos. La mayor responsabilidad que amerita el estudiante de las Enseñanzas Rosacruces el diseminar dichas Enseñanzas, con el ejemplo, a todos con los que se relaciona. 

La responsabilidad del ejemplo es bien conocida por los educadores de niños, quienes comprenden que el niño es influenciado más por lo que ve que se hace, que por lo que se le dice haga. Este principio aplica igualmente bien a los adultos quienes en su mayoría, son más escépticos que los niños en lo relacionado a aquellos altos ideales que trascienden consideraciones y valores materiales. Muchos son los adultos que se han desilusionado con los principios de una u otra noble filosofía al ver que los que decían abrazarla, actuaban contrario a ella. Esto también es verdad en cuanto a las Enseñanzas de la Sabiduría Occidental. Es más, estas Enseñanzas representan tan altos ideales que es principalmente por el ejemplo, en vez de por la admonición, que lograrán mayor éxito desde un punto de vista práctico. 

Antes de asumir responsabilidad hacia otros, es primero esencial que estemos preparados y capacitados para asumir nuestra responsabilidad hacia nosotros misterios, en otras palabras, volvernos lo más autosuficientes posibles, tan pronto como sea posible. No podemos negar que la mayoría de nosotros, en ocasiones, debemos bregar con serios problemas personales que parece no podrían ser resueltos sin alguna clase de ayuda externa en forma material o espiritual. Tampoco podemos negar que bajo algunas circunstancias guía y consejo externo deben ser solicitados a fin de obtener alivio. Es nuestra contención, sin embargo, que no es necesario poner todos los problemas a los pies de los "profesionales" o "expertos" a fin de que sean resueltos con éxito. 

Es casi imposible lograr una auto-suficiencia completa en nuestro presente estado de evolución, pero la mayoría podríamos manejar con más éxito muchos más de nuestros propios problemas que lo que ahora hacemos. Es humano desear "re- costarse" y el hábito de salir corriendo a buscar ayuda de alguien cuando afrontamos una situación difícil, en vez de tratar de resolverla por nuestro propio esfuerzo, es muy difícil de evitar. 

FUENTES DE AYUDA

Hay disponibles varias fuentes de ayuda cuando aceptamos responsabilidad en tratar de resolver nuestros propios problemas. Con seguridad, se podría decir que la mayoría de la gente no ha hecho por utilizar estas fuentes a su mayor grado. La primera fuente es, por supuesto, la oración. Si nuestras plegarias son pensadas y expresadas sinceramente las peticiones hechas formal y ritualizadamente son una manera de orar y no siempre la más 
efectiva), la contestación invariablemente contendrá la clave a la solución del problema particular que nos ocupa. Debemos, sin embargo, estar preparados para aceptar la repuesta como una expresión de "Su voluntad", y saber discernir cuál habrá de ser la acción adecuada a tomarse. Muchos tienden a creer que sus plegarias no son contestadas, cuando en realidad lo son, únicamente que no ha sido en la forma en que se esperaba o se anticipaba. 
"Hágase Su voluntad" debe ser la base de nuestras peticiones. 
Otra fuente de ayuda es nuestra intuición; aquella facultad del Espíritu de Vida siempre en contacto con la sabiduría cósmica, que sabe qué es lo correcto hacer en toda situación. Esta envía sus mensajes al corazón, el que a la vez los pasa al cerebro a través del nervio vago; lo que resulta en "primeras impresiones" que son siempre buenas porque provienen directamente de la fuente de la sabiduría cósmica y el amor en el Mundo del Espíritu de Vida. Mientras mejor aprendamos a prestar atención a estas 
impresiones cuando se presentan, y no hacer caso a la tentación de mal e interpretarlas añadiéndoles aquellas deliberaciones egoístas contribuidas por el intelecto que tan rápidamente surgen a la superficie, más potente ayuda en el asumir responsabilidad la intuición será. 
El conocimiento, otra de las fuentes de ayuda en la asunción de responsabilidad, es en sí mismo una responsabilidad. El conocimiento de por sí no es ni bueno ni malo. Sin embargo, poseída de conocimiento, una persona puede convertirse en una fuerza impelente para el bien, o en la personificación del mal. Entonces es obvio que mientras mayor nuestro conocimiento, mayor nuestra responsabilidad en el uso que le demos. 
El más alto conocimiento a que debemos aspirar es al conocimiento de cómo usar el poder espiritual. Como ya sabemos, los Adeptos están tan llenos de este conocimiento que pueden hacer lo que parecen ser "milagros", aunque lo que en realidad hacen es trabajar con las fuerzas de la Naturaleza en formas todavía desconocidas por la mayoría de la humanidad. Algunos dirán: 
"Todavía me falta mucho para ser un Adepto así es que no tengo que preocuparme aun por la responsabilidad de ejercitar el poder espiritual." 
Esto, sin embargo, no es verdad, Todos tenemos mucho mayor poder espiritual a nuestra disposición de lo que generalmente se cree. 

RESPONSABILIDAD POR NUESTROS PENSAMIENTOS

Los pensamientos son una inmensa fuente de poder espiritual y el que estos sean puestos a la causa del bien o del mal, o el que sean inefectivos, depende por completo en el que los piensa. Pensamientos de ayuda, curación, compasión, ternura, simpatía, comprensión, optimismo, alegría, y sobre todo, pensamientos que se concentran en que la Luz envuelva a alguna persona, tienen un efecto dinámico. También rebotan a nosotros y contribuyen marcadamente a nuestro propio crecimiento anímico. Pensamientos de rencor y sentimientos de odio, ira, celos y temor sólo tienen efectos detrimentales en el objeto al que van dirigidos, e invariablemente rebotan y hacen daño a la persona que los originó. Una de las maneras más efectivas en que podemos asumir la responsabilidad de rendir un necesitado servicio a alguien, es concentrándonos en enviarle nuestros más altos sentimientos. Si los pensamientos de toda la humanidad fuesen de pronto canaliza- dos en dirección alta espiritual, la fuerza tan tremenda hacia el bien así liberada sería increíble. Así es que nuestra responsabilidad con respecto a nuestros pensamientos con relación a nosotros y a los demás, es muy grande y crece en proporción según nos ponemos más sensitivos espiritualmente. 

CAUSA Y EFECTO

No podemos evadir nuestras responsabilidades y mientras más las 
evadamos, más difícil se nos harán. Bajo la Ley de Causa y Efecto cada uno es responsable por las consecuencias de cada pensamiento que pensamos, de cada palabra que decimos, y de cada acto nuestro. A veces estas consecuencias asumen increíblemente vastas proporciones. Un acto aparentemente insignificante que parece envolver a sólo otra persona, puede tener ramificaciones que afecten a docenas y aún cientos más. De alguna manera entonces tendremos que pagar las consecuencias en la presente o 
próxima vida. 
Como todavía evolucionantes y aún muy imperfectos seres, estamos expuestos a cometer algunos errores, no importa con cuanto cuidado tratemos de cumplir con todas nuestras responsabilidades. Un error cometido honradamente, con sincera intención de ser constructivo, tendrá por supuesto, que ser corregido. El contexto de dicha enmienda seguramente no había de ser tan severa como sería el karma que acumularíamos al evadir cumplir con nuestras responsabilidades o al hacer deliberadamente aquello que sabemos está mal hecho por satisfacer nuestros anhelos de engrandecimiento personal. 
En el entusiasmo de cumplir con nuestras responsabilidades, debemos obrar de modo que no obstruyamos el progreso de aquellas personas a quienes tratamos de ayudar. Nuestra responsabilidad hacia otros no incluye el estimularles a que se recuesten sobre uno. Por el contrario, una de nuestras más grandes responsabilidades es el estimular a los demás a que aprendan a ayudarse a ellos mismos. En muchos casos, sin embargo, ayuda material, médica, educativa o de otra clase debe ser primero dada a ciertas personas que de momento no pueden valerse antes de que puedan ayudarse ellas mismas. Una vez esto se ha hecho, llegará el momento en que deberán dar sus primeros pasos solas. Eventualmente ellas también deberán aprender a valerse por si mismas y mientras más les ayudemos a hacerlo, de mayor valor habrá sido nuestra ayuda y más admirable- mente habremos llenado nuestra responsabilidad hacia ellas. 

El ejercicio y cumplimiento de la responsabilidad, entonces, son 
imperativos para los aspirantes espirituales, Estamos continuamente impuestos a las responsabilidades, desde el llevar a cabo los ejercicios matutino y vespertino, hasta el rendir ayuda material o física a alguien que la pueda necesitar, e inclusive todos los pensamientos y actos entremedios. En cierto sentido, nunca estamos libres de responsabilidades ya que nos incumbe como aspirantes ver que nuestro "tiempo de asueto" sea constructivamente, no obstante, descansada- mente utilizado. Para afrontar nuestras responsabilidades adecuadamente, debemos hacer el uso más efectivo posible de nuestro conocimiento práctico y espiritual y de nuestro poder espiritual. 

A.E.F.R.M.H. 
 Apartado Postal 335 
 17300 Blanes - Girona 
 Spain



Este libro contiene una completa delineación de las enseñanzas de la Sabiduría Occidental, hasta donde es posible hacer público en el día, La Orden Rosacruz de vez en cuando esparce sus enseñanzas ocultas para el público en forma tal, que su descripción se conforma al desarrollo intelectual de la época. Esta es la última de sus comunicaciones. 
Max Heindel, su autor, fue el agente acreditado de la Orden Rosacruz y comisionado para dar el contenido de este libro al mundo. Esta obra contiene una completa exposición de los factores que integran la creación del universo y del hombre, y todas sus afirmaciones están en armonía con las investigaciones científicas. 
La parte primera describe los mundos visibles e invisibles, el hombre y el método de la evolución, el renacimiento y la ley de Causa y Efecto. 
En la parte segunda se condensa el esquema de la evolución en general y la evolución de nuestro sistema solar y de la Tierra en particular. 
Por último, la parte tercera trata de Cristo y la misión que llevó a cabo, el desarrollo futuro del hombre y la iniciación, el ejercita- miento esotérico, y se prescribe un método seguro para adquirir el conocimiento oculto directo. 
Aquellas personas interesadas en tener una relación más directa y estrecha con estas enseñanzas, pueden escribir a la Fraternidad Rosacruz, Sede Central, solicitando más información a la dirección que aparece en la primera página de este folleto. 


Br10

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