sábado, 17 de julio de 2010

QUIEN SABE ESCUCHAR APRENDE - José H. Basetti

QUIEN SABE ESCUCHAR APRENDE
José H. Basetti



No hay cosa más linda que el silencio.

¡Cuánto se puede aprender, escuchando siempre a los demás!

Uno de los buenos consejos que en la Biblia se nos da, es el
siguiente: “Sea vuestro hablar: Si, Si; No, No. Porque lo que es más de
esto, de mal procede” (Mateo 5:37).

Realmente, conociendo la naturaleza humana, que según está
escrito, es engañosa más que todas las cosas, y perversa (Jeremías
17: 9), todo lo que se escucha y lee debe “filtrarse” con el mayor cuidado,
con raciocinio y discernimiento propio, para no caer en error y fanatismo.

El respetar el derecho ajeno no debe ser obligación de pocos,
sino de todos.

El respetar a los demás, y al mismo tiempo ser respetado, es
base fundamental para el buen entendimiento.

Muchas veces el hablar de más nos conduce a cometer errores
de los cuales después tenemos que arrepentirnos. Usamos fácil y descuidadamente
la palabra para criticar, herir y molestar a los demás,
creando un clima de recelo y desconfianza; predisponiendo al conflicto
y la discordia; queriendo resolver sobre asuntos que no son de nuestra
incumbencia personal; inculcando el odio o el temor; perturbando
la paz social.

El divino don de la palabra es usado muchas veces en forma
egoísta y desleal, traicionando principios que son elementales para la
recta convivencia; ocultando la verdad, o tergiversándola para cubrir
mejor las apariencias. Y siempre ambicionando “lo mejor”.

¡Qué expresión aquella la de Jesús, el Cristo, cuando alguien lo
llamó “Maestro bueno”!

Dijo Jesús: “Bueno hay sólo uno: Dios!”.

Y así, en efecto, debe ser.

A nosotros nos corroe muchas veces la vanidad. Y la vanidad ha
sido siempre muy mala consejera. Nos hace “hablar hasta por los codos”,
diciendo cosas que a los demás no les interesa, o que si les
interesa, las aprovechan siempre para mal.

El verdadero aprendizaje empieza siempre por callar, guardar silencio,
rindiéndose ante la Suprema Majestad.

No podemos pedirle a Dios que nos dé sabiduría, si no sabemos
guardar silencio; si no tenemos disposición para escuchar.


***

452 - JOYAS ESPIRITUALES - 02/00 - FRATERNIDAD ROSACRUZ DEL PARAGUAY

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