sábado, 7 de agosto de 2010

EL SECRETO, LA FUERZA Y LOS EFECTOS DEL AMOR - por RODOLFO WALDO TRINE


EL SECRETO, LA FUERZA Y
LOS EFECTOS DEL AMOR


Del libro: EN ARMONÍA CON EL INFINITO por RODOLFO WALDO TRINE


Desde el momento en que conozcamos el divino poder de Dios,
nos henchiremos de amor de tal manera, que sólo veremos el bien en
todas las cosas. Y cuando hayamos reconocido nuestra unión con Él,
veremos también que, hasta cierto punto, estamos unidos a los demás
hombres. Cuando así lo reconozcamos, no podremos dañar a persona
ni cosa alguna, pues siendo todos miembros de un mismo cuerpo,
no es posible que un miembro sufra sin que también sufra todo el
cuerpo.

Cuando reconozcamos completamente nuestra unidad con todo
cuanto existe y sepamos que toda la vida es la misma en todos los
individuos, ya no sentiremos odios. El amor reinará con absoluta soberanía.
Entonces, doquiera vayamos y estemos en contacto con el prójimo,
reconoceremos a Dios en nuestro interior. De este modo, buscaremos
el bien y lo hallaremos.

Hay un principio profundamente científico, fundado sobre la gran
verdad: “Quien a hierro mata a hierro muere”. Desde el momento en
que reconozcamos las sutiles energías de las fuerzas mentales, notaremos
fácilmente que al dejarnos poseer por cualquier sentimiento de
animadversión al prójimo, recibe éste los efectos de las diabólicas fuerzas
que de nosotros dimanan y despiertan en él los mismos pensamientos
de odio que a su vez recaen sobre quien fue primero en aborrecer.

Cuando comprendamos los efectos de la pasión en el corporal
organismo, conoceremos cuán deprimentes y corrosivos son. Lo mismo
puede decirse de toda clase de malos pensamientos o pasiones.

Hallaremos, por último, que al dejarnos dominar por sentimientos de
esta naturaleza hacia el prójimo, siempre sufriremos mucho más que
aquél contra quien lo sintamos.

Y así, cuando conozcamos que el egoísmo es raíz de todo error,
de todo pecado y crimen, y que la ignorancia es fuente de todo egoísmo,
miraremos con caridad las acciones de todos. El ignorante procura
lograr sus particulares fines a expensas de la colectividad. Por esta
razón es egoísta el ignorante. Nunca lo es el sabio, porque el sabio es
vidente y reconoce que un simple miembro recibe los mismos beneficios
que el cuerpo entero, y así no solicita exclusivamente para él lo
que al mismo tiempo puede solicitar para todo el linaje humano. Si el
egoísmo es como el fundamento de todo error, pecado y crimen; si la
ignorancia es la base de todo egoísmo, cuando veamos manifestarse
éstas o aquéllas malas cualidades, daremos prueba de alteza de ánimo
estimulando el bien en cada individuo con quien lleguemos a relacionarnos.

Algunas veces oímos decir a uno hablando de otro: “No hallo
en él ningún bien”. ¿No? -Entonces no eres vidente. Mira con profunda
atención y hallarás a Dios en toda alma humana. Pero acuérdate
de que sólo reconociendo a Dios se encuentra a Dios. Cristo hablaba
siempre con suprema verdad y reconocía a Dios en cada hombre
porque primero había reconocido a Dios en sí mismo. Comía con
publicanos y pecadores, pero abominaba de los escribas y fariseos
porque estaban tan aferrados a sus ideas y con tanto orgullo proclamaban
su magisterio, que de ello provenía su ignorancia hasta el
punto de que no habiendo hallado jamás a Dios en sí mismos, no
podían ni soñar siquiera que la verdadera vida alentase en publicanos
y pecadores.

En el grado en que mantengamos a una persona en la idea del
mal o del error, estimularemos la maldad o el error en ella. Y en el grado
a que su sensibilidad alcance y esté sujeta a las sugestiones del pensamiento
ajeno, así quedará influido. De este modo podemos ser responsables
de los malos pensamientos que mantengamos en el prójimo. De
la propia suerte podemos mantener a una persona en la idea de lo bueno,
de lo verdadero y lo justo; y entonces le sugerimos la justicia y la
verdad, teniendo nosotros benéfica influencia en su conducta. Si nuestro
corazón se desborda de amor y cuanto con nosotros esté en contacto,
inspiraremos amor, y las mismas nobles y reconfortantes influencias
de amor recaerán en nosotros procedentes de aquellos a quienes les
inspiramos tan elevados sentimientos. Hay un profundo principio científico
fundado en el precepto: “Si quieres que todos te amen empieza por
amar a todos”.

En el grado en que amemos, seremos amados. Fuerzas son los
pensamientos y cada uno engendra otros de su misma especie. Cada
uno recaerá sobre ti cargado con el efecto que le corresponde y del
cual es causa.

“Que tus ocultos pensamientos sean nobles y tomen vida en
emuladoras palabras y ejemplares acciones modeladoras de tu destino.
Así son de inescrutables los designios de Dios”.

No conozco mejor ejercicio que el de quien continuamente se mantiene
en tal disposición de ánimo, que sin cesar derrama su amor diciendo:
“Querido prójimo, yo te amo”. Y cuando conozcamos que un pensamiento
produce invariablemente sus efectos, veremos cómo de continuo
beneficia a no sólo a quien esté al alcance de su influencia, sino al
mundo entero. Los pensamientos de amor que por varios medios se
muestran, llegan a él desde todos sus ámbitos. Aun los animales tienen
más exquisita sensibilidad que muchas personas, y reciben los efectos
de nuestros pensamientos, del estado de nuestra mente y de nuestras
emociones, con mayor prontitud que ciertas gentes. Por lo tanto, doquiera
que encontremos un animal podemos beneficiarle si enfocamos
en él pensamientos de amor, cuyos efectos sentirá, ya simplemente le
festejemos, ya le llamemos con la voz; e interesante es a menudo ver
cuán prontamente nos responde y con qué presteza da muestras de
haber comprendido el cariño y amor que le manifestamos.

¡Cuán gozoso y privilegiado fuera vivir y moverse en un mundo
donde sólo encontráramos hombres perfectos!. Y sin embargo, en
mundo semejante podemos vivir porque en el grado en que veamos a
Dios en cada alma humana viviremos en semejante mundo.

Y cuando de este modo reconozcamos la imagen de Dios en cada
hombre, nos acercaremos más y más a Él. ¡Tal es nuestro privilegio!
Debemos desechar el hipócrita juicio que de otro hacemos y ejercitar
la facultad de ver más allá de la parte perecedera de nuestro ser y
vislumbrar el verdadero Yo que ha de mostrarse algún día en toda su
beatífica hermosura. Al condenar al prójimo nos condenamos a nosotros
mismos.

Este reconocimiento nos henchiría de rebosante amor, y todo
cuanto con nosotros estuviera en contacto sentiría su vivificante poder,
enviándonos a su vez los mismos amorosos sentimientos y de
este modo atraeríamos sin cesar el amor desde todos los ámbitos del
mundo. Dime cuánto amas y te diré en qué grado vives con Dios. Dime
cuánto amas y te diré hasta dónde entraste en el reino de la armonía,
porque como afirma San Pablo, “el amor es el cumplimiento de la ley”
(Romanos 13:10).

Y en cierto modo, el amor lo es todo. Es la llave de la vida y a su
influjo se mueve el universo entero. Vive en un solo pensamiento de
amor a todas las cosas y en todas las cosas encontrarás amor. Vive
en pensamientos de malicia u odio y malicia y odio caerán sobre ti.

“Porque un mal envenena y los dardos de la malicia ocasionan
heridas que no podrán sanar mientras la cólera perdure”.

Cada pensamiento que te posea será una fuerza que de ti emane
y a ti vuelva con sus naturales efectos. Esta es una ley inmutable.

Además, cada pensamiento que te domine influirá directamente en tu
cuerpo. Si amas tus emociones estarán en armonía con el orden eterno
del universo, porque “Dios es amor”. (San Juan 1:8). tendrán sobre
tu cuerpo vivificadora y saludable influencia dando gallardía a tu continente,
frescura a tu voz y atractivo a tu persona. En el grado en que
mantengas pensamientos de amor a todas las cosas, con amor te
corresponderán influyendo en tu mente y por medio de tu mente en tu
cuerpo; y así verás acrecentadas por el mundo exterior tus propias
fuerzas. Entonces las ejercitarás sin cesar en las actuaciones espiritual
y física y su influencia enriquecerá tu vida.

El odio y demás emociones de su índole son anormales, perversas
y contra la naturaleza, porque están en discordancia con el orden
eterno del universo. Si el amor es el pleno cumplimiento de la ley, lo
que al amor se oponga será directa violación de la ley; y no hay violación
de la otra forma. No hay manera de eludirlo. ¿Y cuál es el resultado
de esta violación? Cuando das acceso a pensamientos de cólera,
odio, malicia, celos envidia, y vituperio, desdén y menosprecio, te dejas
poseer de ellos, ejercen ponzoñosa influencia en tu organismo y lo
debilitan; y si continúas entregándote a tan malos pensamientos, acabarás
por deteriorarlo, exteriorizándose en forma de enfermedades.

Y entonces, a estas corrosivas influencias se añadirá el que tu
mente vaya atrayendo destructoras influencias de otras mentes; y a
medida que en ti crezcan estas nocivas fuerzas cooperarán con mayor
eficacia al deterioro de tu organismo.

Amor inspira amor; odio engendra odio. El amor y la bondad estimulan
y fortalecen el cuerpo; el odio y la malicia lo corroen y debilitan.
El amor sabe a vida sobre la vida; el odio, a muerte sobre muerte.

“¡Oh!, corazones leales, espíritus valientes y puras almas de la
verdad amantes. Dad al mundo vuestro mejor tesoro y el mundo os lo
devolverá con mayor logro; dada amor, y por amor será impelido de
vuestros corazones el latido con potente fuerza para salir airosos de
vuestros apuros angustiosos; tened fe y cientos de corazones tendrán
fe en vuestras palabras y acciones”.

Oigo decir: “¿Cómo podré portarme yo así con quien me odie, sin
haberle dado motivo para que sea mi enemigo?”. Es cierto; pero lo
más seguro es que no tengas enemigos si tu corazón y tu mente no
están poseídos de animadversión. Convences primero de que no hay
nada de naturaleza odiosa; pero si el odio os llegara del prójimo, sin
causa evidente de vuestra parte, entonces envolverá a quien sea en
pensamientos de amor y benevolencia, pues por este medio podréis
neutralizar de tal modo los efectos del odio, que ni os alcancen ni os
perjudiquen. El amor es más fuerte que el odio, el odio siempre puede
ser vencido por el amor.


***

457 - JOYAS ESPIRITUALES - 07/00 - FRATERNIDAD ROSACRUZ DEL PARAGUAY

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