viernes, 20 de agosto de 2010

Remanso - Recopilaciones por el Hno. José Ocampos


Remanso
Recopilaciones por el Hno. José Ocampos


Ha dicho un pensador anónimo: “Amor es dar sin pensar en recibir.

Es una demostración de ternura junto con una fuerza que protege.

Es perdonar sin volver a pensar en lo que se ha perdonado; pero
sabiendo perfectamente lo que se ha perdonado, es reconocer la debilidad
humana; pero comprendiendo que tras ella late el hombre verdadero.

Es la hermosura perenne; la luz de los ojos maternos, la gloria
en el sacrificio, la garantía humilde de protección. Es la expresión de la
promesa de nuestro Padre Dios, hecha realidad. Es negarnos a ver
otra cosa que no sea bondad a nuestros semejantes. Es la gloria que
llega como algo natural y la fuerza de dar el amor divino. Es la resistencia
a la lujuria y a las codicias mundanas, convirtiéndose en expresión
positiva de lucha contra el error. AMOR, algo que nadie puede
quitarnos, lo que podemos dar constantemente enriqueciéndose cada
vez más el amor no puede darse por ofendido, ya que no puede saber
algo que por sí mismo no puede concebir. Tampoco puede dañar ni
ser dañado, porque constituye el más fiel reflejo de Dios, la bondad.

Es una fuerza eterna e indestructible”.

En el gran laboratorio de la naturaleza se trabaja sin descanso.

La linda flor que se ve gallardamente ataviada y perfumada, es un
artesano laborioso que se alimenta con agua, con sol y la fertibilidad
de la tierra.

El hombre tiene que vivir en sintonía con el plan divino y respetar
siempre la dignidad de cada uno de sus semejantes; sean pobres,
hambrientos, enfermos, desvalidos o moribundos.

Vivamos siempre como transportados en las melodiosas notas
de una música que con sus alas de oro nos llevarán junto a seres
celestiales a través del misterioso espacio.

El camino de la vida es un maravilloso camino. Está lleno de
maravillosos encantos, de hermosuras increíbles, pero hay que descubrir
estas bellezas recorriendo el camino con fe, con optimismo, con
los ojos bien abiertos.

La lámpara del cuerpo son los ojos: si los ojos son sinceros,
todo el cuerpo será luminoso (Mateo 6; 22).

Las cosas pequeñas por lo general, tienen gran importancia,
grandes significados. Por ejemplo: la chispa de Dios que tenemos cada
uno dentro, tratemos de descubrirla y darle la importancia correspondiente.

Así como la belleza de la flor depende del desarrollo de sus
raíces, la vida y realizaciones del hombre depende de la obra que
realiza en el silencio.

Hay que vencerse día a día. Hay que vencer todo aquello que
nos impide avanzar en el sendero. Hay que derribar las murallas que
levantaron el egoísmo y la injusticia, tenemos que aprender a caminar
juntos, a crear juntos sin competiciones estériles y junto a todo esto,
tenemos que aprender la solidaridad, las ganas de ayudarnos, aun sin
recibir recompensa de ningún tipo. Esta es la cruz que Cristo quiere
que llevemos juntos.

La gran canción del triunfo está dentro de nosotros, pero para
escucharla, debemos ser optimistas, tener entusiasmo, no desfallecer
nunca, no entregarnos nunca y tener siempre la convicción de que
saldremos adelante.

El sufrimiento es un cheque del cielo que alegra lo más noble de
nuestro ser. A veces como dice el salmo, aunque tenemos ojos, no
vemos. Algo que debería ser como decoración hermosa de nuestra
vista como: el sol, la luna, las flores, etc., muchas veces son indiferentes
a nosotros.

Por la mañana cuando despierte, no permita que pensamientos
negativos se apoderen de Ud. Tome las riendas de sus pensamientos
y condúzcalos por la senda del optimismo.

La tristeza, los disgustos, los resentimientos, la soledad, el nerviosismo,
no pasan de ser cuadros mentales, que uno nutre en la mente,
y con la misma mente pero con fe y optimismo, se pueden cambiar.

Hay quienes han profanado la máxima esencia de Cristo: LA
VERDAD y no solo eso, sino que utilizan la mentira y quieren hacer
creer que es la verdad.

Tenemos que pedir a Jesús que imprima su rostro en nuestra
alma así como lo imprimió en el manto de la Verónica.

Anhelemos una paz completa, profunda y constructiva. Paz en
los hogares, las calles y en todo lugar. Sobre todo una paz de espíritu,
una paz que podamos transmitir y ofrecer a los demás.

Todos somos portadores de mensajes. A veces, ellos están escondidos
en nuestro interior. Feliz quien sabe transmitir algo que pueda
ser importante para otros. Muchas veces nos alabamos a nosotros
mismos y nos levantamos disimuladamente estatuas y monumentos,
en lugar de ayudar a los demás a levantarse a un grado de vida mas
digna.

No somos buenos suficientemente porque ignoramos de cuánto
bien nos privamos al no ser buenos.

Tenemos miedo de conocernos a nosotros mismos por miedo a
que encontremos en nuestro interior algún monstruo, sin pensar que,
dentro de nosotros podemos encontrar invalorables tesoros.
Mientras más limpio de corazón sea el hombre, más sabrá consolar.

* * *

459 - JOYAS ESPIRITUALES - 09/00 - FRATERNIDAD ROSACRUZ DEL PARAGUAY

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